Viernes 22 de Octubre de 2021
Carta abierta al colega Gonzalo Bonadeo:
Hoy leí una nota sobre testimonios tuyos acerca de deportistas paralímpicos. También los comentarios de las personas sobre las cuales hablás.
He seguido las transmisiones de muchos Juegos Olímpicos y me ha costado encontrar coberturas completas de Juegos Paralímpicos. He leído noticias meses anteriores a cada Juego sobre deportistas olímpicos. No así de sus pares paralímpicos.
También leí la Convención Internacional de Derechos de Personas con Discapacidad, que en nuestro país tiene jerarquía constitucional según ley 27.044 (disponible en Internet). Por si no la conocés, te cuento Gonzalo que en esa Convención, fruto de una larga pelea de colectivos de personas con discapacidad que un día dijeron basta de violaciones a nuestros derechos, se reconoce que “ la discapacidad es un concepto que evoluciona y que resulta de la interacción entre las personas con deficiencias y las barreras debidas a la actitud y al entorno que evitan su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con las demás”; también “que la discriminación contra cualquier persona por razón de su discapacidad constituye una vulneración de la dignidad y el valor inherentes del ser humano”.
>> Leer más: Se filtró un duro audio de Bonadeo que encendió la bronca de atletas
Me gustaría decirte, Gonzalo, que tu decir es discriminatorio. Un decir discriminatorio que bien podría ser pasible de denuncia.
También te cuento que son muchas las organizaciones sociales que trabajan constantemente para visibilizar esas barreras discapacitantes, que además de físicas son actitudinales y comunicacionales, ofreciendo cursos, talleres, capacitaciones, muchas de ellas gratuitas. Y que su lema es: “Nada sobre nosotros y nosotras sin nosotros y nosotras”.
Sé que tenés una gran trayectoria como periodista deportivo; que sos respetado y contratado; que mucha gente confía en tus criterios periodísticos. También sé que no es sencilla la tarea de salirse de las visiones capacitistas con las que crecimos. Que hay que tener disponibles los sentidos para dejar soberbias de lado y reconocer al otro, a la otra, desde su propia existencia. Quizás la foto que te dedicó Dani Giménez tenga que ver con esto.
También te cuento, por si no tenés ganas de googlear, que la Convención establece que “las personas con discapacidad deben tener la oportunidad de participar activamente en los procesos de adopción de las decisiones sobre políticas y programas, incluidos los que les afectan directamente”, y esto es algo que no suele suceder en la realidad. Quizás por eso creíste que el show terminaba en el cierre de los Juegos Olímpicos. Porque realmente no ha habido políticas públicas sostenidas en el tiempo que equiparen oportunidades. Porque también se trata de esto. Y de sponsors, y de marcas, y de becas, de recursos, de partir desde lugares tan distantes.
>> Leer más: Los atletas paralímpicos, con bronca y dolor
Creo que sos un portavoz de tantas otras voces que lamentablemente siguen viendo a una campeona con parálisis cerebral como una "chiquita"; o una competencia mundial como como algo que no debiera ser competitivo; o millones de ejemplos más que no son solo decires de un “bocón” sino pensamientos y construcciones estereotipadas que se reproducen diariamente.
Los Juegos Paralímpicos de Roma, en el año 1960, fueron los primeros Juegos Internacionales para personas con discapacidad que se desarrollaron en las mismas instalaciones y sedes que los Juegos Olímpicos, por lo que el Comité Organizador tuvo que efectuar varios acondicionamientos técnicos para la accesibilidad de los deportistas. Ajustes razonables, arquitectónicos, de accesibilidad. Ajustes que hay que hacer también desde la comunicación y la información. Ajustes necesarios cuando algo está desajustado, o “normalizado” hegemónicamente.
Sigue siendo desigual el acompañamiento en la preparación de deportistas con discapacidad; siguen siendo desiguales los recursos que se invierten; y sigue siendo desigual el tratamiento en los medios, y en sus periodistas, de los juegos pero también de la vida de cada deportista.
Historias de superación, titulan. Historias conmovedoras. Historias que siguen colocando a la persona con discapacidad como héroe o heroína al superar adversidades. Historias que se cuentan desde la subestimación.
Ya es momento, Gonzalo, de entender y aceptar, aunque tal vez te cueste, que ni Yanina Martínez, ni Brian Impellizzeri, ni Daniela Giménez, ni tantas otras personas con nombre y apellido, necesitan tu conmiseración. Son grandes deportistas con pasión por lo que hacen. Necesitan apoyo, como yo, como vos, como todxs. Quizás más, porque como dije antes, parten con desventaja, y no por sus discapacidades sino por las invisibilidades.
Seguramente reflexionarás, pedirás disculpas, te informarás, empezarás a alentar. Que así sea. Porque París 2024 está cerca.