Miércoles 21 de Diciembre de 2022
La gente ganó por goleada y la clase dirigente perdió por paliza. El fervor popular fue impresionante. La pasión de la masa que abarrotó las calles, las autopistas y las avenidas de Buenos Aires para celebrar el título en el Mundial de fútbol generó la máxima movilización popular en la historia argentina, incluyendo eventos sociales, políticos y culturales.
Todos embanderados con la celeste y blanca, todos felices y orgullosos de sus nuevos héroes deportivos.
Pero otra vez la clase gobernante toda, sin excepción, quedó en offside, fuera de juego, con una falta de previsión y organización que la muestra tal cuál es. Igual, poner el foco en la desorganización de los que mandan de traje y corbata más allá de su ineptitud, es quitarle peso a la verdadera noticia y es que el pueblo se volcó masivamente a las calles para celebrar la corona mundialista.
Y tal vez esa marea humana que tapizó Buenos Aires haya elegido copar la escena pública sin otra motivación que armar un carnaval pagano, en un país al que no le sobran las alegrías y en el que la gran mayoría, en la vida cotidiana, pierde por goleada. En este mundo de redes sociales y tecnología, igual la gente optó por ser testigo directo de tamaño acontecimiento.
La muchedumbre marcó la cancha en un hito histórico.