Opinión

Barajar y dar de nuevo

Claves. El gobierno nacional debe reinventarse y recuperar el "perfume a nuevo". Ahora, el desafío es la economía. En la UCR nacional apuran a los correligionarios santafesinos. ¿Intervención en camino?

Jueves 24 de Mayo de 2018

El gobierno nacional tiene que barajar y dar de nuevo. Pese a que todos los números sobre la gestión dan negativo, Mauricio Macri tiene una bala de plata a disposición: la muy mala intención de voto de los opositores.

Hay dos cuestiones a apuntar: para los comicios de 2019 falta aún bastante, y lo que hoy es negro mañana puede ser blanco. O amarillo. Las turbulencias que estuvieron a punto de hundir el barco de Cambiemos deberán dejar de estar en lo inmediato (para lo mediato no hay tiempo) en la conciencia de la gente. El costo de la corrida cambiaria, los rumores sobre el futuro financiero y la inflación galopante encendieron las alarmas.

Y ni hablar de lo que generan en la sociedad tres palabras que han sido más parte del problema que de las soluciones históricas: Fondo Monetario Internacional (FMI). De ahora en más, el gobierno tiene que escalar en la búsqueda de soluciones, además de tener la obligación de escalar en las encuestas.

Pero Macri tiene una estrella personal en su vida política que muchos quisieran envidiarle. El presidente tiene hoy una imagen positiva de gestión del 41 por ciento, según Opinaia, y del 37,8, según Ricardo Rouvier. A la vez, cayeron todos los índices de expectativa económica que sostenían la promesa de Cambiemos, aun cuando la mayoría de la sociedad decía que la economía estaba mal.

Pero, cuando se mide intención de voto, y con muy poco, el jefe del Estado está por encima del resto de sus posibles competidores. Y para que se tenga dimensión de lo mucho que tendrá que trabajar la oposición: Cristina Kirchner es la que marcha segunda en intención de voto, detrás de Macri. Ninguno de los dos sin arañar, siquiera, el 40 por ciento de los votos. El dirigente peronista peor merituado en la encuesta de Opinaia, es el consensualista Miguel Pichetto, quien recoge 78 por ciento de imagen negativa.

Este escenario desperfilado donde casi todos tienen mayor visualización negativa que positiva (Salvo María Eugenia Vidal, quien cayó bastante en los sondeos pero se mantiene arriba en el diferencial), le hace tener esperanza a Macri de poder imponerse en los comicios del año próximo. Eso sí, con la caída de las últimas semanas deberá hacer todo muy bien y muy rápido para poder ganar en primera vuelta. El ballottage puede ser el final de Cambiamos. Salvo que los opositores sigan sin mover el amperímetro, como ahora.

"Quieren hacer creer que se viene un escenario igual a aquel de 2003, cuando Aníbal Ibarra le ganó a Macri juntando el voto del peronismo, el progresismo y la izquierda clasista. Nada de eso se mantiene hoy. La foto que se sacaron en la sede del socialismo (en realidad una fundación, el Cemupro) parecía el tren fantasma", dijo a LaCapital, ayer, una espada legislativa del macrismo.

El regreso de Emilio Monzó a la primera línea es la mejor noticia para quienes apuestan a la recuperación del oficialismo. Pícaro, el presidente de la Cámara de Diputados se bancó que sea Marcos Peña el vocero de su retiro pero, inmediatamente después, vendió muy bien esa salida. El resultado de la secuencia fue la reincorporación de Monzó y el regreso del misterioso Ernesto Sanz al ala política.

Ahora, esos protagonistas, reivindicados como los campeones nacionales de la política tendrán la obligación de sacar la chata de la ciénaga y calmar el apetito que empieza a aparecer en algunos diputados y senadores de la oposición, que creen que hay 2019.

El escenario antimacrista presenta un escenario inédito. No hay liderazgo en el peronismo, y la centroizquierda carece de una estructura mínima para golpear al vértice del poder. Además, nadie está seguro de que en un escenario de diversificación de la oposición (peronismo por un lado y progresismo por el otro), Cambiemos no pueda ganar en primera vuelta.

Las necesidades políticas del peronismo quieren hacer atraer al socialismo santafesino a un ejercicio de consenso, previo a un frente electoral. Las necesidades políticas de Miguel Lifschitz y de buena parte del socialismo hacen que desde ese vector digan: "Sí quieren consenso nacional, consensúen con nosotros la reforma constitucional". En otras palabras, que levanten la mano al menos cinco diputados provinciales del PJ para aprobar la necesidad de la reforma. En política, la generosidad siempre es a cambio de algo.

Mientras Macri intenta consolidar el espíritu oficialista a nivel nacional, los radicales han tomado el camino de pujar por una mayor presencia en Cambiemos de Santa Fe. El desembarco de Alfredo Cornejo y Mario Negri tuvo un extra: la charla entre el presidente de la UCR y Jorge Boasso, para que el ex concejal no se corra del redil radical-macrista. Algunas voces, incluso, hablaron hasta de una posible intervención al partido en la provincia de Santa Fe.

Hasta hace un mes, José Corral, Mario Barletta y Julián Galdeano lucían convencidos del traspaso masivo de radicales, que hoy están en el Frente Progresista. A partir de la caída del gobierno y del estado de la economía, los intendentes y presidentes de comuna radicales prefieren tomarse todo su tiempo para decidir.

"El PRO nos ofrece subir a una balsa que no se sabe cuánto ni cómo resistirá. El barco del Frente Progresista está como el Titanic antes de hundirse, pero con orquesta y copas de champán en la cubierta", era la descripción, entre jocosa y cínica, que hacía un legislador provincial de la UCR hace un año, antes de las elecciones legislativas, cuando todo estaba en ciernes. Hoy, podría repetir el análisis, pero sin orquesta y copas de champán.

A veces, cuando cae el sol, Miguel Lifschitz mira el almanaque del 2019. Hoy, nadie podría asegurar sin riesgo a equivocarse que las elecciones en Santa Fe —desdobladas de las nacionales— serán mucho antes que las presidenciales. Hoy, mañana nunca se sabe.

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