Opinión

Ayer murió Luciano

Jueves 01 de Octubre de 2020

Ayer murió Luciano.

Hoy murió Quino. Todos saben quién es Quino.

A mí me devastaron las dos muertes. A mí, totalmente autorreferencial, cosa que detesto. Tal vez menos la muerte de Quino. Porque Quino, Joaquín Salvador, tuvo una vida intensa y nos llenó de intensidad y de preguntas desde sus dibujos, personajes, viñetas, mirada del mundo.

Creo que a él le hubiese entristecido también esta muerte joven.

A Luciano, en cambio, no lo conocía ni yo ni el mundo pero lo vi muerto. En realidad no lo vi. Vi una sábana blanca con manchas rojas tapando un cuerpo tirado sobre una calle de tierra.

Lo habían asesinado una hora antes. Tenía 19 años.

“El hombre estuvo desde las 16 hasta las 20 viendo a su hijo tapado con una sábana en medio de la calle esperando que la burocracia de la muerte autorizara que lo llevaran al Instituto Médico Legal”, escribe el periodista en la nota refiriéndose al padre, con quien tuvo una breve charla. Y comparto. Esa era la imagen y la sensación. Un muerto en el centro rosarino tiene más “cuidados”. Una valla mejor, unos cuantos policías, más curiosos que ayer en Empalme Graneros, el barrio. Porque es común, más común. Es casi diario. Es el vecino al que casi no conocen porque nadie se mete. Nadie dice. Nadie cuenta demasiado. No quieren. No pueden.

Fue curioso también que estando un móvil policial cerca del cuerpo pasara una chica en bicicleta y preguntara si se podía. Una mujer, otra, la mujer policía le dijo “no, no pases. Ahí hay un muerto”. La chica se dio vuelta y estaba casi pisando la sábana. Se le transformó la cara. Pidió disculpas y dio la vuelta. La mujer policía repitió el diálogo y hasta hizo un gesto con la cara de la chica en bici. Los que estaban con ella se rieron. No me gustó pero no la culpo. Ni siquiera me hago una idea de cuántos muertos habrá visto ni cuántas horas trabaja. Nosotros y nosotras mismas, los que nos dedicamos a registrar estas noticias cuando se puede y después de varios años de oficio, ponemos la mente en blanco. Como la sábana. Con esas manchas que después, en algún momento, salen en el insomnio.

Luciano es parte de una cifra que hasta la publicación de la nota decía 153.

153 homicidios en Rosario en el año hasta este fin de septiembre.

Podrían ser más. Recuerdo cuando años atrás un colega de otro medio me dijo: “¿No sabías que al menos por un mes no puede haber muertos en Rosario?”. Se refería a lo que publicaban o dejaban de publicar los medios en los que trabajábamos y en otros. Y era una respuesta a una inquietud. Habíamos cubierto juntos un par de “muertos” que nunca se publicaron.

Eso no es gratis.

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