Opinión

Armando el rompecabezas

Claves. Los pocos primeros días de la transición nacional resultaron más productivos que los meses que lleva Santa Fe tras los comicios provinciales.Falta de acuerdos y más sobreactuación que otra cosa.

Domingo 03 de Noviembre de 2019

La transición santafesina deja la sensación de no haber comenzado nunca.

Desde el mismo momento en que terminaron las elecciones, la histeria fue el común denominador. Reuniones, el minué del presupuesto y el futuro de la cláusula gatillo. Y muchas habladurías. Al final, como siempre en todos estos últimos años, la reaparición de un tema que sólo le preocupa a la clase política: la reforma constitucional.

Omar Perotti no quiere dar a conocer su gabinete en la creencia de que anticipar los nombres será funcional a compartir responsabilidades con el gobierno saliente. De hecho, pidió que las reuniones con Miguel Lifschitz no fueran anticipadas a la prensa y que no haya testimonios gráficos.

En las últimas horas, fue durísimo contra el gobernador. Lo acusó de no tener voluntad de mantener la transición, entre otras cuestiones. A la par que Perotti abonó con sus declaraciones la decisión de avanzar en la reforma constitucional, el gobernador decidió el envío del presupuesto a la Legislatura. "Queremos una transición sana y sin chicanas", vuelcan desde Gobernación.

Peleas en la cumbre

Perotti tiene un objetivo de máxima: que Lifschitz salga limado de su gestión. A la par del poroteo por la reforma, la intención del peronismo es que el actual mandatario no sea elegido presidente de Diputados. Por eso se habló de un acuerdo entre peronistas y radicales del Grupo Universidad para intercambiar apoyos a la reforma y al futuro ocupante de la Poltrona.

Otra curiosidad. El que abrió la canilla para la posibilidad de una reforma constitucional fue el radical Mario Barletta. Este diario lo anticipó antes de que el ex candidato a gobernador publicara un artículo de opinión en varios medios. Sin embargo, José Corral, partícipe del mismo grupo político que Barletta, está en contra de la posibilidad de la reforma. Al derecho o al revés, la única importancia de modificar la Carta Magna recae en la reelección del gobernador. La no reelección es una de las pocas cosas buenas que tiene Santa Fe.

El que tiene la llave en Diputados es Cambiemos. Allí, el presidente del PRO, Federico Angelini, quiere exponer a Pablo Javkin, Emilio Jaton, Perotti y los senadores peronistas como aportantes a la declaración de la necesidad de la reforma. De algo puede estar seguro el lector: sólo la clase política local está interesada en eso.

Hace algunos meses fue el Frente Progresista el que pujó por la declaración de la necesidad de la reforma, sin bajarse de la reelección. El peronismo decía que no le interesaba a nadie, que la urgencia estaba en la economía. Hoy, todo es al revés.

La transición real en Santa Fe no comenzó nunca. Transición en serio es cuando los equipos de gobierno entrante y saliente se reúnen, abren archivos, cruzan números, acuerdan declaraciones y le dejan un mensaje de paz a la sociedad. Nada de eso sucedió en Santa Fe. Se pasaron seis meses jugando al gato y al ratón.

Afortunadamente, a nivel nacional Mauricio Macri y Alberto Fernández se vieron las caras, desayunaron, tuvieron instantáneas del momento y llevaron algo de paz a los sufridos corazones argentinos.

Ojalá Macri y Fernández dejen de lado esa tentadora idea de los gobernantes (en funciones y/o electos) de apostar al irresponsable "cuanto peor, mejor". O que al costo lo pague el que viene. O para el que viene, el que se va. Ese encuentro del día después de las elecciones generó algo de tranquilidad y comenzó a instalar como un hecho cierto la Presidencia que viene.

La llamada telefónica de Donald Trump a Fernández es la pulimentada primera bendición de los países centrales al jefe del Estado que asumirá el 10 de diciembre. Dio por tierra con todas esas opiniones berretas de buena parte de la prensa nacional respecto a alianzas del líder del Frente de Todos con gobiernos y gobernantes expulsados del mundo real.

El resultado del escrutinio final tiene un gran texto y muchos subtextos. Lo principal es la ratificación de que la sociedad argentina expulsó del poder al macrismo por su ineficiencia a la hora de gestionar, pero no le dio un cheque en blanco al peronismo. Tampoco habrá hegemonía como en las épocas de gran mayoría cristinista. Fernández deberá construir su gobierno, su imagen y su mayoría interna en el peronismo. No le será fácil.

En el oficialismo empieza a crujir la superestructura como una puerta en medio de la humedad más escandalosa. El 40 por ciento de los votos le permite a Macri intentar llevar adelante la jefatura de la oposición, pero ya no habrá el mismo dispositivo que convertía, por ejemplo, a Marcos Peña en palabra santa. Muchos actuales funcionarios lo hacen saber en las conversaciones con periodistas.

Fernández acusó a Peña de fomentar fake news y de acicatear a sus trolls para difundir una presunta enfermedad. Gravísimo. Lo que viene en materia política e institucional debería producir un salto hacia adelante. Es urgente terminar con ese tipo de operaciones, como las que el presidente electo le endilga al actual jefe de Gabinete.

Antes de partir hacia México el presidente electo estuvo revisando los resultados en las provincias donde perdió, fundamentalmente Santa Fe, Córdoba y Mendoza. La que no estaba en los cálculos fue Santa Fe, dicen cerca de Fernández, quien buscará transversalizar los apoyos en la provincia.

No habrá luna de miel para nadie, pero esa es otra historia. A escribirse pronto.

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