Opinión

Argentina, el país que nunca arranca

Claves. Se vienen nuevas restricciones, que dejarán en evidencia el error de no haber adherido a lo que decidió el presidente hace 15 días.

Jueves 29 de Abril de 2021

Es inútil formularse el interrogante que planteaba una publicidad televisiva de bujías. ¿Arranca o no arrancha? Argentina no arranca nunca.

  La política compromete en vez de ayudar, y se observa acá, ahora, lo que se escribió hace una semana: ¿por qué los gobernadores no adhirieron a las restricciones que ordenó el presidente, que hubieran servido para que hoy todo este un poco mejor? Ni los gobernadores ni los intendentes, salvo honrosas excepciones, quisieron hacer lo que deberían haber hecho: extremar las precauciones.

  Hoy, el país entero, ve cómo crece el dramatismo de quedarse sin camas de terapia intensiva y cómo proliferan los casos de covid. Como siempre, con el diario del lunes ya escrito, los gobernantes deciden ajustar un poco más o un poco menos.

A los gritos

Todo ese griterío histérico de un sector de la oposición (con Patricia Bullrich a cargo del altavoz) sabe que las decisiones de este gobierno tibio y sin liderazgo fueron un paseíto de niños al lado de los de países que la centroderecha reivindica como “modelos republicanos”.

  Pero, es verdad, lo que inclina la balanza en todos los Estados es la capacidad de un presidente, de un gobierno, de convencer a la mayoría. Y este gobierno de Alberto Fernández ni siquiera convence a todos los propios. Para unos peca por defecto y para otros peca por exceso. Pobre Fernández.

  En ese contexto político de superficie, la Casa Rosada tiene un gran handicap: la oposición. El blindaje mediático insuperable del que dispone nacionalmente Horacio Rodríguez Larreta no le sirve para convencer a todos los propios. “A veces Horacio cree que va a ganar con dos encuestas de Isonomía”, le dijo a La Capital un dirigente macrista.

  Mauricio Macri observa cómo lo zamarrean los peronistas a Larreta y se pregunta: “Andá a saber en qué están pensando los cráneos de Uspallata”, por la calle en la que está enquistada la Jefatura de Gobierno porteña.

  Al fin de cuentas, hoy la ciudad de Buenos Aires es mucho más parte del problema que de la solución del covid, al igual que provincia de Buenos Aires, con un gobernador que a veces parece salido de una ironía de Arthur Schopenhauer. Fernández-Larreta-Kicillof. Ese trío ha consumido energías y necesita una urgente recuperación. No siempre se resuelven las cosas con marketing o LaNación+.

  Argentina tiene problemas serios respecto de la implementación de las restricciones, de la aplicación de reprimendas ante la violación de esas limitaciones, de distribución y stock de vacunas. Nada se hace bien, diría uno. Nunca arranca, diría otro.

Los lemas vienen marchando

Toda la saga de la peste ha complicado a la política en todos lados. Hablar hoy de elecciones se parece para algunos a un sacrilegio, pero todo es política y, por las buenas o por las malas, las elecciones deben hacerse este año. Ya hay una decisión casi tomada en la intimidad del poder: el sistema de neolemas para definir candidaturas y resultados finales.

 Los santafesinos, a diferencia de la mayor parte del país, no tendrán una dificultad de comprensión extra si se va hacia un sistema que, pese a los objetores, permite hacer en un solo día los dos actores electorales: paso y generales.

  En algunas provincias la implementación de una ley de lemas beneficiaría a la oposición, por ejemplo en Santa Fe si se avanza hacia la extensión de los frentes no peronistas. Sin embargo, hay en la memoria de socialistas y radicales un estilete amargo: siempre fueron derrotados por el peronismo con ese sistema.

  Todo dependerá de lo inmediato. Con el invierno llegarán picos de la enfermedad y la política tiene sus tiempos para organizar los calendarios, las roscas y las propuestas. Todas las encuestas que se hicieron en la ciudad de Rosario muestran que la mayoría de los rosarinos está a favor de la postergación de las elecciones.

El precio de las cosas

El desastre económico que dejó Macri en la relación de los precios y las cosas, hoy se ha visto aumentado por el presidente Fernández, a quien, incluso, se le ha puesto un apodo vinculado a eso. La clase media no ha tenido respiro con algo que hasta el final del gobierno de Néstor Kirchner había perdido gravedad: la inflación.

  El peronismo no podrá ganar elecciones si sigue en aumento el precio de las cosas. Argentina, además de no arrancar nunca es un océano de pobres. Nada indica que ese escenario desproporcionado y brutal vaya a cambiar.

  Pero, como contraespejo, es en ese sector donde hubo menos rechazos al desastre económico. Y tal vez sea lo único bueno que hizo el gobierno de Fernández. ¿Por qué? Porque la multiplicidad de planes sociales permitió que no haya estallidos sociales. Tal vez cruzar los dedos es lo único que se pueda hacer.

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