Opinión

Apoyo al gobierno y desahogo callejero

Los peronistas venían tachando los días en el almanaque para encontrarse finalmente con su día y salir a la cancha.

Sábado 17 de Octubre de 2020

Limitados por la pandemia y por el discurso presidencial que privilegia la política sanitaria, los peronistas venían tachando los días en el almanaque para encontrarse finalmente con su día y salir a la cancha.

A lo largo de estos meses, en los días feriados, han visto y soportado cómo les ganaba la calle una porción de la sociedad que se referencia en el expresidente Mauricio Macri y también en otros sectores de discursos “terraplanistas” y violentos. El hecho representa toda una novedad: el republicanismo cambia su modalidad institucionalista por la disputa en los escenarios públicos, por la puja callejera, que hasta hace poco menospreciaban porque así se expresan los piqueteros y los peronistas.

Y los peronistas se expresaron. Necesitaban volver a las fuentes y meter las patas allí. Se trató, también, de una competencia luego de varias mojadas de orejas.

De todas las variadas praxis peronistas, la de la movilización es su expresión más genuina. No está sólo en su acontecimiento fundacional del 17 de octubre de 1945, sino en toda su secuencia histórica.

De hecho, el Frente de Todos, que ahora gobierna, nació y se nutrió, en el mandato de Macri, de muchas movilizaciones en la que confluyeron organizaciones sociales, políticas y sindicales que se venían mirando con recelo, pero que el modelo que instauró Cambiemos los puso en una misma vereda.

La fórmula Fernández-Fernández se gestó una templada mañana de mayo de 2019 en las oficinas del Instituto Patria, pero fue el corolario y la síntesis de un proceso que se venía acumulando en la calle y que ahí encontró su cauce electoral.

La movilización en tiempos de esta “nueva normalidad” también supuso un desafío interno para el gobierno. Esta vez, Alberto Fernández no la desalentó apelando a criterios sanitaristas. Y todo el apoyo a su gobierno de expresó en las calles, con una caravana que en Rosario movilizó no solo a los gremios convocantes (con el moyanismo a la cabeza) sino que se extendió a otras organizaciones y líneas internas del peronismo.

Desde hace tiempo, cuando el antiperonismo ganó la calle, un sector importante de la dirigencia, empujado en buena medida por su base, reclamaba una expresión más explícita y real que la fría virtualidad del Zoom.

Suena exagerado decir que se trata de una muestra de apoyo masiva para refundar al gobierno. Las complicaciones que asoman en el terreno económico y sanitario son muchas, y de resoluciones inciertas. Pero Alberto Fernández, y los peronistas en general, necesitaban un desahogo, un baño popular y callejero.

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