Opinión

Ampliación del campo de batalla

Claves. La política argentina es un carnaval de vanidades y posicionamientos individuales. El resultado de las elecciones santafesinas servirán para posicionar y reposicionar los escenarios nacionales.

Domingo 09 de Junio de 2019

Al tiempo que Santa Fe ingresa en sus últimos días de campaña, la política nacional está en plena rosca. Los políticos, los potenciales candidatos, los dirigentes, se hablan entre sí, no interactúan con la gente. Así les va.

La etapa inicial del desmembramiento fue la desaparición de los partidos como disciplinadores de las candidaturas. Ahora se trata, incluso, de una fase peor: la del dirigente que negocia en su propio nombre, ya ni siquiera siguiendo directivas de su enclave. Y esa negociación puede ir hacia la derecha, el centro o la izquierda. Sin pruritos. Ese nuevo kingmaker (hacedor de reyes) es Sergio Massa. El fin de los márgenes y el apogeo de la labilidad, la inestabilidad del carácter político.

Curiosamente, Massa no tiene para negociar más de un diez por ciento de los votos, una nadería en términos de acceso al poder. Pero, es tal la debacle general, la falta de espesura individual de los que, supuestamente, están en condiciones de llegar al gobierno que el tigrense se cotiza como un león.

Massa negocia por sí y para sí y deja en ascuas al massismo, que no sabe bien qué trole habrá que tomar. "Es difícil entender lo que está haciendo Sergio. Veremos cómo seguimos", dijo ayer a LaCapital una referencia massista de jerarquía.

Cristina se restrega las manos comprobando que su gambito salió bien. Sin ella como cabeza de fórmula, el kirchnerismo va logrando acuerdos con los gobernadores y con Massa, una especie de ampliación del campo de batalla. No quiere ese espacio volver a convertirse en una minoría intensa, en un bosquejo de izquierda latinoamericanista. Es lo que Alberto Fernández preguntó antes de irse del gobierno K, cuando ardía el "vamos por todo". "Pregunto, para saber. ¿Ahora nos convertimos en un gobierno de izquierda? ¿No somos más un gobierno peronista?". Y se fue. Ahora, volvió.

El populismo tan voceado

El dueto Fernández-Fernández corrió todo hacia el centro. Al punto que el gobierno busca la forma más directa de aplicar algunas de las políticas "populistas" del pasado inmediato. Nadie vota al grito de "viva el ajuste". Se dieron cuenta tarde. Un Ahora 12 no se le niega a nadie.

El acople de Massa al kirchnerismo pone en jaque a María Eugenia Vidal, quizás más que al propio Macri. En la provincia de Buenos Aires no hay ballottage, se gana o se pierde hasta por un voto de diferencia. "Mire, puede suceder que perdamos la provincia y que ganemos en el ballottage la presidencial. Mucha gente se va a asustar de que el kirchnerismo vuelva a ganar todo", reveló a este diario un muy conspicuo funcionario nacional.

Macri salió en los últimos días del corralito de la desazón, leyó nuevos números que le acercó Macos Peña. Cambiemos puede ganar por una sola razón: el espanto de un porcentaje grande de la población respecto del regreso de Cristina. ¿Será candidata CFK o se viene un último gambito de ajedrez? Nadie lo sabe, aunque todos hablen de eso.

Hay encuestas para todos los gustos. En Santa Fe, apareció el primer sondeo que lo da ganador a Macri (31 por ciento a 27 por ciento) sobre los Fernández. Es de OPSM consultores, dirigida por Enrique Zuleta Puceiro. Los demás sondeos proyectan a la fórmula peronista encabezando las preferencias.

Vidal tiene un problema severo en el mayor distrito del país: la baja performance de Macri en las encuestas. Eso obligaría a un corte de boleta superior al 10 por ciento para mantener a la gobernadora en el despacho de La Plata. "Le doy la derecha en el sentido que si se desdoblaban los comicios era todo ventaja para nosotros, porque evitábamos la incidencia directa de la mala imagen que tiene el presidente. Pero debo decir que desde el entorno de Vidal nunca se tomó como objetivo mejorar la imagen de Macri en el conurbano. Los errores nunca son de un solo lado", sorprendió a LaCapital el funcionario nacional.

En Casa Rosada han tomado conciencia de que la primera vuelta está prácticamente perdida y, entonces, deben anudar acuerdos para volver a triunfar en el ballottage. "Hay que volver a hablar con todos, con los partidos provinciales, con los socialistas santafesinos, con los peronistas no kirchneristas. Es muy difícil todo, pero no imposible", mensura la fuente.

Fernández-Fernández va tomando como propio cada triunfo peronista en las provincias. Así será hoy en Entre Ríos y Tucumán. Y en Santa Fe si el domingo próximo gana Omar Perotti. Es verdad que no se pueden analizar los triunfos en las provincias como un símil de lo que va a ocurrir a nivel nacional, pero esas victorias marcan tendencia.

Y ahí se abre con mayor amplitud el zoom sobre la provincia de Buenos Aires: un triunfo de Vidal por estos días habría acicateado los ánimos macristas y cortado los triunfos espiralados de los peronistas. Como la sal corta las tormentas, dicen las abuelas del campo.

Así como un triunfo de Perotti sería festejado como un gol a Brasil por los cultores de la unidad panperonista (en Santa Fe, el Frente Renovador de Massa es aliado del PJ), una victoria de Antonio Bonfatti animaría a Roberto Lavagna para largarse por la tercera vía. De todos modos, el problema de ese espacio es el propio Lavagna, quien cometió todos los errores que un político puede cometer.

El corrimiento massista hacia el kirchnerismo le deja al centro progresista una chance que deberá asumir, pero con responsabilidad y sapiencia. Sin ponerse el helado en la frente, como ha sido hasta acá. Todo lo que pase en ese sector será mirado con detenimiento desde Cambiemos. Desde el momento del lanzamiento hasta el mismo día del ballottage.

Nada está definido. Y falta mucho como para hacerse los rulos.

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