Opinión

Algo más sobre el poder

En "El Poder: un afrodisíaco para la insignificancia" abordé la importancia psicológica de la sensación de poder. Quisiera agregar otras reflexiones.

Sábado 28 de Julio de 2018

En "El Poder: un afrodisíaco para la insignificancia" abordé la importancia psicológica de la sensación de poder. Quisiera agregar otras reflexiones.

• A veces lo creado por el poder es más poderoso que su creador. Cuando los animales del planeta fueron subidos a las estrellas formando constelaciones con sus nombres, éstas comenzaron a tener poder sobre sus creadores rigiendo sus vidas. La consulta al horóscopo parece confirmarlo. Lo mismo podemos decir hoy de la energía nuclear y de la tecnología. Frankenstein mata a su creador. Una vieja historia.

• La omnipotencia de la muerte, como mostración de poder. Con la muerte del otro, el poder de "ese otro" desaparece. Salvo que se crea en la re-encarnación, en aparecidos, en venganzas desde un mas allá, o que se sufra de remordimientos. Salvo estas opciones, la muerte es efectiva para quitar poder. "Muerto el perro, se acabo la rabia", se dice.

• La decapitación como ataque a la identidad y como muestra de poder. La decapitación quizás es (junto con la hoguera) el mayor gesto de poder. Con el paso de los siglos se estudió la importancia del rostro en el desarrollo humano. Pero siglos atrás, en guerras por el poder, el rostro y la cabeza como sedes de la identidad, ya se conocían. Por eso había que separarlas del cuerpo viviente. Queda una cabeza colgada de un brazo (como Teseo y la Medusa), confirmando la caída inevitable de un ser poderoso.

• El poder se muestra. "La mujer del César no solo debe ser honrada, sino además parecerlo", dijo Julio César. Hoy se simplificó: "Además de ser hay que parecer". El poder una vez recibido o conseguido, debe mostrarse, comprobarse. Ningún gobernante, pasado o presente y seguramente futuro, se priva de mostrar el poder de que dispone. Es una cuasi-enfermedad. Otros prefieren trabajar "tras bambalinas". No muestran su poder. No quieren ser identificados, prefieren invisibilizarse. Su modus operandi y su disfrute son muy diferentes.

• El poder de los ritos. Los rituales con su magia, los sacrificios y los rezos y cánticos a los dioses; eran intentos de minimizar su poder, de amansarlos. Y si por efectos de la interpretación realizada, éstos daban resultado, el poder pasaba parcialmente a manos humanas. Esto tuvo efectos múltiples con el paso de los milenios. ¿Cómo no reconocer esta forma de poder?

El poder puede convertirse en ritual en las relaciones humanas (acoso, bullying, etc.); un acto repetido, mágico para quien lo ejecuta para lograr siempre el mismo resultado: la minimización del otro y la maximización de quien ejecuta el ritual. Apoderarse de los símbolos de los otros, reconfigurarlos, resignificarlos en provecho propio es también una forma de poder; y ha dado grandes resultados.

• Naturalizar como forma de poder. Convertir a la propia necesidad en "natural", universalizarla, es un acto de poder. A través de la sugestión, de la presión psicológica, de la mentira o de la insistencia; para finalmente poder con naturalidad e invisibilidad. Convencer a los otros de que hagan todo para cubrir mi necesidad mientras creen que lo hacen por sus propias necesidades, es una forma muy sutil de poder.

• El poder de la carne. ¿Era necesario encarnar al Dios de los judíos? Dejar de ser idólatra es todo un trabajo. Y dejar de serlo en el campo de las creencias religiosas, toda otra decisión. El ser humano necesita "ver para creer", y el Dios de los judíos es invisible. Seduce mucho más y resulta más fácil manejarse con un Dios encarnado, con una imagen que pueda adorarse que con una ley interiorizada. Respetar una ley es más difícil. Adorar imágenes, se produce espontáneamente, sin proponérselo. Hay una gran fuente de poder en convertirse en administrador, vocero o representante de esta necesidad humana de "ver para creer".

• Poder y estupidez, un par logrado. Por momentos parece, sólo parece, que la historia es la historia de la creencia en que los equivocados, siempre son los otros y por eso hay que exterminarlos. El eje no pasa por la posibilidad de equivocarse (errare humanum est), sino por esta distribución bipolar. Y también, por el qué se hace cuando se estaría del lado correcto. Y esto es repetido, más aún cuando el lado correcto se acompaña de poder. De ahí que haya sido siempre, un par logrado.

•¿El verdadero poder? ¿Será el verdadero poder, el poder para vencer a la muerte? ¿Hay poder más poderoso que poder con la muerte? El poder de matar y destruir es tan burdo, corriente y cotidiano que no puede competir con él; es insignificante más allá de sus efectos devastadores.

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