Análisis político

A pedir de Macri

Claves. Revalidado por los votos, el presidente quiere avanzar en reformas que necesariamente deberán pasar por el Congreso. Sugestivos encuentros de radicales santafesinos. El dilema de Lifschitz.

Jueves 02 de Noviembre de 2017

La victoria nacional de Cambiemos y el desértico escenario de la oposición han creado el clima necesario para que Mauricio Macri pueda empezar a mostrar algunas de sus cartas de gobierno, algo que no sucedió hasta aquí por una razón de contexto: mal que mal, la oposición callejera puso algunos límites.

El signo de los tiempos es el cambio de época. A diferencia de los otros gobiernos no peronistas, Macri no elige para conducir ministerios a delegados de, pone al frente a los dueños, a los jefes. Así pasa ahora con el presidente de la Sociedad Rural, Luis Etchevehere, quien revistará como ministro de Agroindustria.

No es Etchevehere el primero ni el único. El primero fue Ezequiel Ramos Mexía, quien tuvo dos períodos como ministro del agro: uno entre el 21 de marzo de 1901 hasta el 18 de julio de ese mismo año bajo la presidencia de Julio Argentino Roca; el segundo, desde el 12 de marzo de 1906 al 4 de noviembre de 1907, con José Figueroa Alcorta como jefe del Estado. Parecidos y semejantes.

Nadie podría sentirse defraudado ni sorprendido por las acciones que emprende Macri. Su campo de acción fue anunciado antes, durante y después de haber asumido. En todo caso, la que podría estar en problemas es la UCR, aliada de del macrismo en Cambiemos. Raúl Alfonsín, el eterno pater familiae del radicalismo tuvo un enemigo permanente durante sus años de mandato: la Sociedad Rural. Cambiaron los correligionarios. Y cómo cambiaron.

Costumbres argentinas

Con la pomposidad de la que le permite hacer uso el triunfo indiscutible a lo largo y ancho del país, el presidente se ha declarado en estado de reforma permanente. Ante la mirada gris e insípida de Miguel Pichetto, el gobierno anunció un decálogo de los grandes males argentinos. Con algunas verdades incontrastables, Cambiemos se propone modificar con "consensos básicos" una larguísima historia de costumbres argentinas en las que han navegado como socios los sindicalistas, los empresarios y la política.

"Cada uno debe ceder un poco para garantizar 20 años de crecimiento", les dijo el presidente de la Nación a los representantes corporativos. Es muy probable que nadie ceda nada, como tantas veces sucedió en la realidad tras esas estentóreas convocatorias a "la mesa del diálogo" o, al "pacto social". Hermosas palabritas que quedan en la papelera del sistema tras la formación de una o veinte "comisiones".

Macri tiene la oportunidad histórica de ponerle su sello a un proceso de reformas. No se referencia ni en el peronismo, ni en el radicalismo. No tiene dependencia política respecto de los sindicatos. Eso sí, todo el mundillo lo observa como un intérprete de los empresarios. Habrá que esperar para saber si el mandatario nacional sobrevuela su condición de hombre de negocios a la hora de intentar labrar "consensos básicos, sustentabilidad pública, inversiones, seguridad jurídica, competencia empresaria, equidad social y salida de la pobreza", como prometió en el icónico Centro Cultural Kirchner.

Todas y cada una de las propuestas deberá pasar por el filtro del Congreso de la Nación, donde la oposición sigue teniendo predominio. Un informe del Centro de Estudios para la Nueva Mayoría revela que en el caso del Senado, el interbloque oficialista llegará a los 24 senadores propios, más Carlos Reutemann. En tanto, el peronismo de Pichetto (un jefe sin votos populares) quedó con 22 bancas. El kirchnerismo de Cristina tendrá 9, mientras que otros partidos provinciales tendrán 17.

En la Cámara de Diputados, Cambiemos pasará de 86 a 107 banca. Con 66 escaños, el kirchnerismo será el segundo bloque. El peronismo tendrá 34 y el massismo 21, pero sin Massa. En síntesis, el gobierno nacional no tendrá ni soñando quórum propio. Pero ganó las elecciones y le creció la espalda

Al margen de los números, la disputa política de posicionamiento frente al "reformismo permanente" que anunció Macri tendrá un Newell's-Central entre Cristina y Pichetto. El senador rionegrino deberá guardar las formas a la hora de intentar votar cualquier cosa que proponga el gobierno, porque la ex presidenta podría a pasar a representar la voz de los sectores populares, "víctimas" de algunas reformas. Para el gobierno nacional es un negocio formidable que se mantenga la interna peronista.

Bullicio santafesino

El abrasador triunfo de Cambiemos también podrá producir movimientos de cintura en la relación con el gobierno santafesino. "Van a pasar cosas adentro del oficialismo. A (Miguel) Lifschitz no le queda otra que llevarse bien con Macri, pero las tensiones serán constantes", dice un una calificada fuente legislativa.

Ejemplo empírico: el presidente de la Nación le pidió personalmente al gobernador que Santa Fe adhiera a la reforma de las ART, pero en las últimas horas la CGT regional Santa Fe le envió una carta en la que le solicita que de ningún modo le otorgue el visto bueno a la ley 27.348 "que desde el punto de vista jurídico, vulnera derechos de los trabajadores santafesinos".

Pese a la reciente finalización de la temporada electoral, el bullicio político santafesino va in crescendo. A propósito: ¿qué estarán buscando radicales del NEO y del MAR, que se han reunido en secreto durante las últimas horas?

Los socialistas miran de reojo esos movimientos, sobre todo tras el desplante de los radicales amigos en una cena convocada por el gobernador. Lifschitz mencionó a los postres dos temas: reforma de la Constitución y ampliación del Frente Progresista. No había demasiado ánimo en el sector de Antonio Bonfatti para ir a fondo con el temario.

Se pone atractiva para el análisis la política santafesina. En el tránsito hacia el definitorio 2019, habrá que alquilar balcones. O balconcitos.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario