Opinión

A nadie le sobra nada

Claves. En Santa Fe regresó el escenario electoral de tres tercios. El Frente Progresista, el peronismo o Cambiemos harán la diferencia por los nombres propios. La caída de las marcas.

Domingo 04 de Noviembre de 2018

A poquísimo menos de un año de las elecciones presidenciales, el futuro electoral del gobierno y de la oposición es una incógnita. A seis meses de las primarias santafesinas, lo propio sucede con el gobierno y la oposición provincial. ¿Quién tiene el blanco del camino en el ojo, marcado?, se pregunta Andrés Calamaro, desde una de esas canciones redondas.

Lo único que se sabe con pulimentada lógica es que ha regresado a la política santafesina el escenario de tres tercios que acompañó las elecciones de 2015 y 2017. Nadie tiene manteca para tirar al techo, como se estimaba tras la victoria de Cambiemos el año pasado, con un candidato que casi nadie conocía. O a pesar de un candidato que nadie conocía. Eso ya fue. El macrismo podrá ganar la Gobernación, pero para eso necesitará de un buen nombre y un buen apellido.

Es tal el desbarajuste económico y la caída del gobierno nacional en las encuestas que no hubo forma ni tiempo disponible para ocuparse de lo que viene, que no es otra cosa que la posibilidad que tiene el oficialismo de no quedar de brazos cruzados ante el futuro político-electoral del país. ¿Para qué querría seguir siendo presidente Macri después del 2019 con un país al borde del derrumbe, teniendo que pagar la deuda (autogenerada) y con una oposición mucho más confiada que la penosa realidad que la atraviesa hoy?

El poder y la reelección

Néstor Kirchner siempre decía que "el poder es caja, obra pública y una reelección". Pues bien, si el jefe del Estado es reelecto no habrá otros cuatros años. Por eso, mientras el macrismo hacía pata ancha, prometiendo "brotes verdes", "lluvia de inversiones" y cosas por el estilo, hasta se mensuraba la posibilidad de que el 2019 fuese candidato Marcos Peña, entonces imbatible y omnipotente. No va a poder ser.

Hoy, no sólo que Macri no tiene un delfín a mano para que lo suceda, sino que recrudecen las cataratas mediáticas aupando la posibilidad de que María Eugenia Vidal sea la futura aspirante a la Presidencia. Ni hace falta escribir que Macri y Vidal, hoy, no se llevan bien.

La caída de Macri en las encuestas sigue siendo notoria, mucho más de lo que esperaban a su alrededor. Es de esperar que, en algún momento, esa hemorragia cederá y el presidente establecerá un piso desde donde empezar a mejorar. Hoy, su imagen negativa en Rosario es de casi el 70 por ciento. A favor suyo debe decirse que, a diferencia de otros políticos y gobernantes, su porcentaje de imagen es casi similar a su intención de voto. También hay que ser intelectualmente honesto y aclarar que Rosario es el peor lugar, desde siempre, para el presidente.

Curiosamente, pese a que Rosario le muestra la espalda al macrismo, fuera de la gran ciudad mejoran los números. Claro que no sirven para empardar. Pero para las elecciones nacionales falta bastante. Nada está dicho.

El peronismo santafesino ha descubierto que puede ganar las elecciones, que parte de un piso-techo de 500 mil votos que cosechó Agustín Rossi el 22 de octubre de 2017. Eso sí, necesita de todos. No puede decirle que no a nadie. Hasta Omar Perotti admitió la posibilidad de que sea positiva la llegada a las primarias de María Bielsa y sus adherentes extra-peronistas. No es una novedad que la ex vicegobernadora es partidaria de incorporar a Ciudad Futura, Nuevo Encuentro, Carlos del Frade. Habrá que esperar para saber si esa conformación se cristalizará desde adentro del PJ. Permítase el beneficio de la duda.

"Es bueno contenerlos a todos", sorprendió Perotti a LaCapital, cuando se le preguntó si estaba de acuerdo en que Bielsa acerque esa composición ideológica no peronista. La necesidad tiene cara de hereje. Todos unidos triunfaremos, dicen los peronistas santafesinos.

Esa cita histórica del peronismo no alcanza a algunos dirigentes nacionales que prefieren un nuevo triunfo de Macri a una victoria de Cristina. Por ese andarivel transitan Miguel Pichetto, José Urtubey y Juan Schiaretti. Sería muy elogiable que los kirchneristas santafesinos pongan las dos mejillas en la primaria del PJ si Pichetto-Urtubey-Schiaretti condenan a CFK a jugar por afuera.

Es toda una novedad en los anaqueles de la política el sostenimiento verbal de una opción de triunfo (la del Peronismo Federal) cuando, en la práctica, ninguno de sus referentes mueve el amperímetro ni tiene votos. Es más, el único que llega al 10 por ciento de los votos, con mucho esfuerzo, es Sergio Massa. Pichetto jamás ganó una elección.

También debe señalarse que el kirchnerismo tiene un techo que le impide soñar con volver a Balcarce 50. Y repite día a día, sin solución de continuidad, como decían los relatores de fútbol, errores de principiante, suicidios políticos en cadena. El último fue protagonizado por Máximo Kirchner, quien no tuvo mejor idea que ponerse a criticar a los votantes de la ciudad de Buenos Aires.

La única chance que tiene el peronismo de derrotar a Macri es evitar la dispersión. Salvo que la crisis económica sea aun peor que ahora. Esto es Argentina, y nunca hay que descartar aquí las peores opciones.

Entre esas locomotoras, intenta posicionarse una opción progresista. ¿Cómo debería interactuar para no repetir experiencias módicas anteriores que no lo convirtieron en alternativa? Es la pregunta que todos los días se hace Miguel Lifschitz, quien, por ahora, se encargó de reunir a Ricardo Alfonsín, Margarita Stolbizer, entre otros íconos del antimacrismo.

Es lo que hay en todo el arco político, al menos por ahora. Y hasta que aparezca algo novedoso.

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