Opinión

A los viejos, garrote

Domingo 14 de Enero de 2018

El invento que armamos con cuatro ruedas a rulemanes fueron rapiñadas aquí y allá más un cajón de madera gruesa que nos regaló el verdulero. Corría a todo trapo por el costado de la calle pavimentada y yo iba adentro y me sacudía a uno y otro lado agarrado como un gato sacando las uñas. Cuando el pasaje era de tierra los chicos jugábamos a la pelota, casi siempre de trapo o de goma rojiza con rayas blancas. Las de cuero eran cosa de ricos y el dueño tenía siempre un millón de amigos. Pero como eran medio dictadores, preferíamos cazar mariposas en el campito. Con el pavimento el barrio cambió y todos mejoramos nuestra situación de callejeros. Nuestro orgullo, el gran patín, era más bien un carro poco agraciado que marchaba empujado por nosotros al trote. Y ahora parecía que volaba sobre el asfalto flamante. Una sensación de la que disfrutaban los más grandes corriendo con sus motos. Y los envidiábamos. Envidiábamos el viento en la cara y el pelo largo hecho un revoltijo. Che, Pocho, decile al Rubén que no corra tan rápido que si me rompo otro diente mis viejos me matan. Está bien abuelo ya llegamos, me dice una rubia vestida de blanco. ¿Y los chicos? ¿La dejaron empujando a usted? La rubia sonríe y me dice que me tranquilice. Pero me reta. ¿Cómo se le ocurre, a su edad, venir a protestar por la jubilación si ya sabe que apalean a todo lo que se mueve sin miramientos o para qué piensa que compraron afuera tanquetas antitumulto y dos millones de balas de goma? Qué vergüenza, le digo. Golpear a chicos. Los que hacen algo así van de la mano del Diablo. El carro se frenó de pronto. Insisto en que me van a hacer caer. O a lo mejor ya me caí. Qué confusión. Mientras resuenan sirenas escucho que alguien da la orden de bajarme con cuidado porque tengo conmoción y deliro. Yo sentía la cabeza húmeda. Es sangre. Qué despelote va a armar mi vieja. Y seguro que a los chicos los fajan y los mandan a dormir sin comer. No lo veo porque estoy acostado y atado pero un tipo al que llaman dicen doctor grita que hay que ir hasta el tercer piso para hacerme estudios con urgencia. El carro va muy ligero y levanto el brazo, me lo bajan y siguen con que no me preocupe, que después me van a acostar para que haga reposo. Sonamos. Seguro que yo también me quedo sin postre. Les dije. Les dije que no fuéramos tan rápido. Si serán ...

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