Opinión

A 7 días del censo electoral

A siete días de las primarias, ni el macrismo ni el peronismo saben qué va a pasar.

Domingo 04 de Agosto de 2019

A siete días de las primarias, ni el macrismo ni el peronismo saben qué va a pasar.

Se definen pocas cosas inmediatas en el censo electoral, pero habrá un escenario que puede clarificar el futuro: la cercanía con un triunfo en primera vuelta, en octubre, de Mauricio Macri-Miguel Pichetto o de Alberto Fernández-Cristina Kirchner.

En este momento histórico en el que ingresa el país hay un territorio de deuda que es inédito, al menos en el ejercicio comparativos. Simplificado: históricamente la mayoría castiga los malos gobiernos que hiere su bolsillo y premia a las buenas gestiones. Eso, hoy, está en duda en la Argentina.

Pese a la recesión encadenada, la caída del salario y la inflación, el oficialismo ha achicado la brecha con la oposición en los sondeos. Del promedio de todas las encuestas publicadas, se establece que hay una diferencia entre dos y cinco puntos, a favor de la fórmula del Frente de Todos. Con una salvedad: las empresas más consultadas y con mayor prestigio decidieron preservar sus números y no darlos a conocer.

Esa rareza se agrega a otra en esta campaña, tal vez la peor en términos cualitativos, desde 1983. Los dos personajes de los extremos, los que han tensionado al país en vez de darle certezas, los representantes estelares de "la grieta" han hecho mutis por el foro en el tramo final de la campaña. Macri ha preferido cederle protagonismo a María Eugenia Vidal, y Cristina Kirchner estuvo de gira literaria. Qué país extraño.

Alberto Fernández no pudo cumplir en un todo el objetivo para el que fue ungido por Cristina. Se pasó el tiempo de la campaña peleando con periodistas o utilizando cierto tono lejano a "la búsqueda de consensos". Como si estuviera más enfocado en dar supuestas señales de autoridad que de seducir a los estratos moderados de la clase media.

Los mejores momentos de Fernández estuvieron vinculados a los encuentros de campaña con los gobernadores. Los mandatarios provinciales serán claves de cara al ballottage. Para ellos, también serán cruciales los resultados de las primarias del domingo próximo. Cuanto más cerca esté el Frente de Todos de alcanzar la victoria en octubre, mayor será la participación de los gobernadores. Estarán orejeando las cartas ,como hábiles jugadores de truco.

A priori, y con los riesgos que implica hacer una aseveración sin que haya material empírico para sostenerlo, todo parece indicar que el censo electoral del domingo próximo empalmará con una primera vuelta símil ballottage.

Falta saber cuánto cosechará Roberto Lavagna para corroborar la mutación de la primera vuelta en segunda vuelta.

Si el candidato de Consenso Federal no supera el 10 por ciento nacional, no les quedará otra a los que respaldan su postulación —tal el caso de los socialistas santafesinos— que apostar por lo bajo a un extendido corte de boleta para hacer ingresar a Enirque Estévez al Parlamento. Por lo pronto, Eduardo Di Pollina creó su propio grupo interno (Bases) y no votará a Lavagna.

Por afuera de la expectativa por saber quién ganará en el poroteo, los argentinos están soportando la peor campaña que se recuerde en términos cualitativos. A nadie se le cae una idea, nadie tiene un tigre de papel.

"El panorama que nosotros no vemos ni de lejos es el de abril. No le digo que estamos eufóricos, pero creo que vamos a transitar las Paso con chances de ganar en octubre. Y si no es octubre, en noviembre", dicen desde adentro del gobierno nacional.

Por lo pronto, han decidido mantener los actos de cierre de baja escala. Pese a que algunos dejaban trascender la idea de un cierre en Rosario, en el gimnasio cubierto de Newell's, decidieron realizarlo en un espacio mucho más pequeño, como el club del Banco Nación.

En paralelo, el Frente de Todos apuesta a llenar el ámbito del Monumento a la Bandera. Quieren recordar allí —salvando los matices— la convocatoria de Raúl Alfonsín e Italo Luder, en 1983. "Ya nadie vota por las convocatorias de los actos, no le importan a nadie", despeja un diputado nacional macrista.

El presidente de la Nación prefiere no salir de sus zonas de confort y previsibilidad. Por caso, ayer en la Sociedad Rural se dio un baño de campo y prometió mejorar, aún más, el vínculo. No anduvo con chiquitas, el presidente: evaluó un 2020 sin retenciones. No es una revelación para nadie que, de esos sectores, proviene el apoyo más fuerte a Macri.

Al tiempo que la campaña transita su soporífero derrotero de frases hechas, errores no forzados y nula capacidad de sorpresa, la realidad santafesina va por el camino de la transición. El gobernador electo está preocupado por el rebrote de inseguridad, sobre todo en Rosario. Desde lo público, ya le pidió a Miguel Lifschitz que extreme las medidas y, hacia adentro del peronismo, comentó el miércoles que la situación "es grave".

Por lo demás, el debate transita por la herencia. Creen los negociadores peronistas que la Casa Gris no bajará el nivel de gasto y que intentará trasladar la sombra del ajuste. "La idea es instalar que el Frente Progresista se irá sin modificar sus decisiones, y que el peronismo propiciará un ajuste", reveló a LaCapital un diputado del PJ que estuvo en la reunión.

Hasta octubre, por lo menos, la realidad estará atravesada por la cuestión electoral. No será lo mismo para Perotti asumir la Gobernación en paralelo con la reelección de Macri que tener en Casa Rosada a Fernández-Cristina.

En las últimas horas, crecieron las especulaciones sobre una nueva resolución de la Corte Suprema, ordenando al Estado nacional que cumpla con la deuda que mantiene con Santa Fe. La cifra podría trepar a los ochenta mil millones. La mayoría peronista en la Corte cuenta, también, con un peronista santafesino: Horacio Rosatti.

Así como Lifschitz asumió con un fallo del máximo tribunal a su favor, Perotti espera tener la misma bendición.

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