Opinión

2021, el año de las urnas

Claves. Como un invitado incómodo en medio de la pandemia, el turno electoral definirá muchas cosas en la política provincial y nacional. ¿Perotti redoblará la apuesta o buscará consensos?

Domingo 03 de Enero de 2021

Entre rebrote de contagios por el Covid, crisis económica y temporada estival inédita, la política empieza a enhebrar el 2021, año electoral trascendente para oficialismo y oposición.

 En Santa Fe, el gobierno nacional ha puesto sus ojos en las últimas horas, revisando encuestas, proyección de imágenes y consultas a figuras de primera línea. Saben que las cosas no marchan bien.

  Habrá que esperar las apariciones públicas de Omar Perotti para saber si la estrategia es la pelea interna y contra el Frente Progresista, como ha sido hasta ahora, o si el gobernador se decide a consensuar con la oposición las políticas y leyes hacia adelante. Por lo pronto, será obligación del rafaelino sentarse en la mesa con los referentes de los otros espacios para acordar las listas.

¿Declaración de bienes?

Perotti intenta verbalmente trazar una línea entre los “buenos y los malos” y, en ese sentido, fuentes peronistas dijeron a La Capital que evalúa convocar a sesiones extraordinarias en febrero para tratar un proyecto que hará ruido: declaración jurada de bienes de senadores y diputados provinciales. En el mientras tanto, Perotti se mueve sin que le importe demasiado la vacancia en el Ministerio de Gobierno, aunque la decisión de designar un ministro en la cartera política debería ser inminente.

  En este verano sui generis la oposición santafesina deberá comenzar a intentar encontrar un plan de juego que no la deje afuera de antemano. Los radicales progresistas se están moviendo para ampliar la coalición y han sido explícitos en la materia con el video que sacaron a la luz Maximiliano Pullaro y Felipe Michlig.

  La idea de adelantar un frente que acerque a sectores de Juntos por el Cambio no encuentra ni encontrará eco en un sector del socialismo que irá a internas próximamente. Allí quedará delimitada la realidad profunda del PS, que tiene en Miguel Lifschitz a su única carta de triunfo pensando en el 2023. Lifschitz sabe que quedarse en la retórica progresista sin convocar a una expresión más abarcativa de la realidad relegará al espacio a un tercer lugar.

  “Hay una grieta en todo, así es como entra la luz”, escribió el genial Leonard Cohen. En Argentina, no hay luz posible en la grieta de peronistas y anti peronistas. Para el Frente de Todos y Juntos por el Cambio es un cheque con fondos que ambos cobran en ventanilla, aunque el país se desangre.

  Los aprontes en Juntos por el Cambio indican que lejos están de buscar un camino diferente al de la confrontación directa con el macrismo. “Macri está pensando en otra candidatura presidencial y sabe que para eso no tiene que crecer demasiado la figura de (Horacio) Rodríguez Larreta”, apuntó un dirigente rosarino.

  En ese sentido, Cristina vuelve a hacer una aliada táctica del ex presidente con sus embates a Rodríguez Larreta. Por algo le dijo hace un tiempo a Alberto Fernández: “Avivate, Rodríguez Larreta y Macri son lo mismo”. Después, el presidente le podó la coparticipación al jefe de Gobierno.

  La posibilidad de que Macri siga siendo el líder del espacio anti peronista le quita chances a la oposición de hacerse competitiva. Ningún progresista querrá sentarse ni a tomar un café con el ex presidente. Una de las primeras reglas no escritas de la real politik es que un gobierno también debe elegir a sus enemigos.

  Lo hizo Néstor Kirchner desde que Macri estuvo al frente de la Jefatura de Gobierno. Lo hizo Cristina cuando fue presidenta. Lo querrá hacer, se supone, Alberto Fernández.

 Ganar las elecciones intermedias habilitará a Fernández a pensar en su reelección. Se sabe, en Argentina nadie piensa en las próximas generaciones (algo que todos los políticos repiten como un latiguillo) sino en las próximas elecciones. Apenas pasen los comicios de mitad de mandato, todo el formato de la clase política empezara a tirar líneas respecto del 2023.

  La gran duda es qué haría Cristina en ese tránsito hacia el recambio o el mantenimiento en lo más alto del poder. ¿Apostará la vicepresidenta al mismo formato que sacó de la galera con Fernández de presidente y ella como vice? Si esa fue una decisión de transición, jugará el 2023 con Axel Kicillof y/o su hijo Máximo.

  La ex mandataria comenzó la temporada de testeos. El debut fue el acto en el estadio de la Plata, evento que tuvo como excusa la celebración del aniversario del triunfo de Kicillof. Ante esa eventualidad, ¿se le plantarán los gobernadores?

  Para ir tanteando esa instancia no hay que perder de vista la confección de las listas para las elecciones legislativas de 2021. Será el primer indicio concreto respecto del futuro del albertismo, hoy un nonato. Cristina tiene intereses políticos en Santa Fe y hará todo lo posible para que una referencia suya encabece la dupla de candidatos a senador. También espera la lista a diputado nacional.

  Lo insólito de todo esto es que se tendrá que ir formateando entre una nueva ola de Covid, caída estrepitosa de la economía y mala onda general de la sociedad con la política.

  Las elecciones del 2021 serán como un badén más en un camino difícil de transitar.

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