Domingo 28 de Enero de 2024
Esta historia comenzó así: Nicolás Biolatto estaba en Río de Janeiro, había decidido quedarse un tiempo en tierras cariocas. Allí vio la gran industria brasileña ligada a la cosmética y a los jabones premium en particular y al volver a Rosario, con la pandemia ya instalada, decidió que era buen momento para empezar a investigar la fabricación de jabones. Tras un año de desarrollo lanzó la marca Pepe Jabones, pero esa fue sólo la punta de lanza para escalar a un producto de triple impacto con mucha mayor proyección: el desarrollo de jabonerías sociales. Con el nombre Programa Espuma, ideó un proyecto que hoy busca nuevos inversores con la idea de montar una planta propia para producir en escala.
Ahora bien, ¿de qué se trata específicamente el Programa Espuma? La idea central es poder hacer un reciclaje efectivo del aceite de cocina que se usa cotidianamente en los hogares y que es muy difícil darle un buen destino final. Justamente para hacer un buen jabón se requiere grasa, en este caso aceite, más un alcalino y es a partir de allí que comienza el llamado proceso de saponificación que dará lugar al jabón. Con esa base el equipo que lidera Nicolás hace tres productos: jabón, detergente sólido y detergente líquido que se distribuyen en distintos puntos de venta de la ciudad, como dietéticas y tiendas alternativas.
“La idea de hacer jabones te diría que me viene de la memoria emotiva, yo tenía un profesor de química en la secundaria que nos prometió que haríamos jabones con grasa vacuna y soda caustica, la verdad es que tenía una ilusión bárbara. Finalmente, no pudimos hacerlo y muchos años después lo terminé haciendo sólo, no con grasa vacuna, y de forma autodidacta. Creé Pepe Jabones con un perfil totalmente productivo, alquilé un estudio, y comencé a vender el producto fragmentado y luego fueron apareciendo otras oportunidades vinculadas a las jabonería social”, detalla Nicolás en diálogo con suplemento Negocios de La Capital.
Un programa de triple impacto
Si bien la producción hoy es a baja escala, están proyectando un crecimiento a futuro. El producto lo fabrican ellos mismos en la cooperativa que formaron, donde trabajan once personas, pero también la parte central del programa es la capacitación a terceros para que conozcan el proceso de saponización y se animen a hacerlo. Esto transforma la idea de Nicolás en un proyecto de triple impacto porque logra hacer un producto sustentable, 100% biodegradable, que es rentable y que además da oportunidades a sectores vulnerables de la sociedad. ¿Cómo? Llevando las capacitaciones a las escuelas del interior del país enseñando el proceso para que luego cada comunidad pueda desarrollar su propio producto. Para este punto, han conseguido aliados estratégicos como el caso de Agricultores Federados Argentinos (AFA) que son hoy su sponsor principal.
En lo que respecta a la capacidad productiva, Nicolás detalla que sólo el año pasado procesaron más de dos toneladas entre jabón sólido y líquido. Para conocer las proporciones, aclara que de un litro de aceite usado pueden obtener, tras procesarlo, seis litros de jabón líquido. “Nos vinieron a buscar de empresas grandes para ver si podíamos darles una respuesta a su excedente de aceite, pero nosotros hoy operativamente no podemos tomar tantos litros”, explica el titular de Proyecto Espuma. Entre las empresas que los convocaron están Toyota Argentina -incluso viajaron a la planta de Campana a visitarlos- y Aeropuertos Argentina. Nicolás agrega que “para fabricar más volumen y poder responder a esta demanda necesitamos una nave y un montaje completo de producción que nos permita tener más productividad para poder ser testeados por la Anmat, porque ellos sólo certifican si hay escala. Hoy nosotros, para comercializar el producto, tenemos la certificación que da la Universidad Nacional de Rosario que prueba su biodegradabilidad y aptitudes”.
Un emprendedor vinculado al arte
Nicolás nació en Las Petacas y su recorrido tiene distintas aristas. Estudió arquitectura a la vez que bailaba danza clásica y logró que lo becaran en el Teatro Colón. Su primer emprendimiento fue hacer vestuarios y escenografías tras formarse en el propio teatro y llegó a trabajar durante cuatro temporadas en la realización del vestuario de danza clásica del programa “Bailando por un sueño” de Marcelo Tinelli. Tras años en vivir en Buenos Aires, llegó a Rosario y comenzó un nuevo recorrido por el arte, incluso con obras propias, por lo cual cuando comenzó con la jabonería también se animó a hacer una muestra en el Museo Macro con obras hechas de jabón bajo el programa Espuma. Con aquella materia prima se hicieron en aquel momento un busto de Manuel Belgrano, una pieza de la fuente de la plaza Buratovich y molduras de parte de la fuente de los Españoles en el Rosedal.