Domingo 06 de Agosto de 2023
Tiempo: ese poderoso bien que muchos alcanzaron en el 2020. La pandemia, hecho atroz, fue también un periodo donde a muchas personas se les abrió la posibilidad de tener tiempo para pensar, proyectar e imaginar un nuevo rumbo. Este fue el caso de Micaela Estrada, una emprendedora que venía de trabajar desde hacía años en indumentaria con talles XL y, en plena pandemia con temor a que mermara la venta, decidió dedicarse a la fabricación de banquetas, pie de cama, alfombras y tapices, todos trenzados a mano por ella misma. Imaginó que en pandemia en el rubro del diseño de interiores habría más mercado porque muchos estaban mejorando los espacios donde pasaban todas sus horas.
En diálogo con Negocios, Micaela recuerda que en ese tiempo empezó un camino de investigación en todos los productos vinculados al diseño de interiores. Se mudó a una casa en las montañas cordobesas y fue allí donde se quedaba horas buscando inspiración en Pinterest, la red más fuerte para los emprendedores ligados a la decoración. Así fue que pensó que no había mucha oferta en Argentina de este tipo de producto artesanal, con el valor agregado de lograr una banqueta o pie de cama que estuviera en línea con las tendencias en diseño. En ese momento comenzó a hacer cursos de trenzado con diferentes tramas en Domestika, una plataforma de cursos online nacida en España y que es tendencia entre los emprendedores. Le fue muy bien desde el principio, bajo la marca Cosze lleva dos años y medio en este rubro y hoy está al límite de su capacidad, por lo cual debe imaginar cómo crecer.
“Fueron épocas donde todas las noches me quedaba buscando ideas hasta que un día me animé y empecé a producir. Conseguí un carpintero que pudiese hacer mis diseños y luego armaba y desarmaba la trama varias veces hasta que logré lo que quería y empecé a subir fotos en el Instagram de mi marca”, cuenta. Hoy la demanda llega de todo el país, la venta más fuerte que recuerda fue para un hotel de Villa La Angostura que le pidieron 24 pies de cama en la previa de su inauguración. Asegura que el estilo de sus muebles es bien rústico, lo cual genera mucho interés en esa zona, mientras que por redes o por Mercado Libre vende también mucho en los countries de Rosario, en Buenos Aires y en el norte del país. Otro de los pedidos específicos que recuerda es uno que hizo hace poco, 14 banquetas para un club de pesca de estilo más boutique.
El público al que se dirige es un segmento premium porque el costo de los muebles oscila entre $40 y $63 mil por unidad. “En general el que compra es un cliente que valora el trabajo a mano, artesanal y que además quiere un mueble con buena madera”, agrega Micaela. En una primera etapa fue haciendo pruebas con distintas maderas, hasta que se definió por el petiribí que tiene un tono claro y cálido con una veta agradable sin tantos nudos oscuros y que además puede usarse tanto para interiores o exteriores.
Entre el centro rosarino y las montañas cordobesas.
Micaela vive en el centro rosarino desde hace casi diez años, pero nació en la ciudad de Río Cuarto donde forjó su inquietud por estar siempre buscando generar nuevos desafíos. De chica seguía de cerca a su hermana mayor que era la que más cosía en la casa. “Yo veía los vestidos que ella se hacía y me quedaba hasta las cinco de la mañana haciendo prendas, probando combinaciones de telas, cosiendo todo a mano”, recuerda. Hoy busca seguir en esa línea, no quiere hacer banquetas en serie, sino que también acepta nuevos desafíos de la mano de sus clientes. Ellos son los que pueden elegir los colores de los tramados, que se hacen en cordón de polipropileno que es lavable, y también sigue investigando nuevas tramas para que tengan opciones. Hay quienes incluso piden los muebles a medida y ha hecho algunas restauraciones a pedido. Lo cierto es que el futuro lo tiene claro: “Mi cabeza no para nunca tengo ganas de hacer muchas cosas, lo próximo que se vienen son sillas de este mismo estilo, pero también me gustan los tejidos y los almohadones para incorporar”. En Rosario ya empezó a ver espacios para montar un taller propio a puertas cerradas con gente que la ayude, porque la idea es seguir tramando ideas.