El exPuma repasa su trayectoria, el complejo retiro en 2020 y su presente como empresario gastronómico en Rosario al frente de Via Vieja. Un mano a mano imperdible con María Laura Neffen en "Hombres y mujeres de negocios"
19:21 hs - Miércoles 13 de Mayo de 2026
El paso del deporte de alto rendimiento a la vida civil suele ser un terreno pantanoso para muchos atletas de elite. Para Leo Senatore, el exoctavo de los Pumas que se retiró en 2020 en su club (Gimnasia y Esgrima de Rosario), el proceso sigue siendo una búsqueda constante. "Todavía me estoy encontrando fuera de eso (el rugby), han pasado momentos buenos donde dejas de sentir el rigor de los entrenamientos y momentos malos en cuanto a extrañar o no saber para dónde ir en lo laboral", confiesa el rosarino. Senatore describe ese "día después" como un golpe a la identidad, comparándolo con la situación de un médico al que, a los 45 años, le dicen que ya no puede ejercer su profesión.
La pasión por el rugby no fue un flechazo inmediato, sino un legado familiar que comenzó en el parque Independencia. Hijo de un jugador y una hockista del club, Senatore recuerda que de niño lloraba porque no le gustaba el deporte y prefería quedarse "agarrando la florcita" al costado de la cancha. Sin embargo, el fallecimiento de sus padres cuando era pequeño marcó un quiebre en su relación con el club, que pasó a ser su lugar de contención. "Tengo un recuerdo muy importante de cuando mis compañeros (yo tendría 12 años) pasaban con el colectivo por mi casa para ir a entrenar a Pueblo Esther y me levantaban", relata sobre el apoyo recibido por su entorno, al que define como una familia de "muchos papás".
Llegar a la selección nacional no fue un objetivo trazado desde el inicio, sino el resultado de metas cortas y una disciplina férrea. El exoctavo debutó en un mundial en 2011, tras una emotiva lista dada en Buenos Aires donde sintió "piel de gallina" al escuchar su nombre. Para Senatore, el secreto del éxito en el deporte profesional no tiene misterios ocultos: "Dormir bien, entrenar más que el resto, comer perfecto, cuidarse de no tomar alcohol. Si hacés todo lo que está dentro de tu control, probablemente estés mucho más cerca de cumplirlo". Esa misma filosofía de "reiteración de esfuerzos" es la que intenta aplicar hoy en sus negocios, donde reconoce que se levanta y se cae constantemente.
Via Vieja y el desafío de emprender en gastronomía
Su faceta como empresario gastronómico se consolidó con el proyecto Via Vieja, una propuesta que nació con la intención de revitalizar un sector del Mercado del Patio. Senatore propuso a la Municipalidad transformar un antiguo galpón de trenes (donde funcionaba el taller de reparaciones de la estación de trenes Fisherton) en un polo gastronómico que ayudara a "descomprimir Pichincha". El exjugador destaca que, a diferencia de la alta rotación habitual en el rubro, en Via Vieja mantienen un equipo de trabajo estable desde la apertura. "Hoy le estamos apuntando al precio, a tratar de tener la mejor calidad dentro de lo que se puede para que la gente elija dónde gastar su plata", explica sobre el contexto económico actual.
Maradona, Ricardo Fort y la vida después de los estadios
Más allá de los negocios y los tacles, Senatore atesora anécdotas que cruzan el deporte con la cultura popular argentina, como su encuentro con Diego Maradona en el Mundial 2015 o una noche de salida con Ricardo Fort en Mar del Plata. Sobre el astro del fútbol, destaca su generosidad al visitar el vestuario tras un partido contra Tonga: "Dijo que Argentina es un país de fútbol, pero que hoy estamos todos con ustedes por lo que contagian". Hoy, lejos de las luces de los estadios internacionales, Leo prioriza su salud y el tiempo con su familia (su esposa y sus tres hijos), aunque admite que su impulsividad lo lleva a seguir apostando por nuevos proyectos en Rosario.
Una de las vivencias más pintorescas de su carrera ocurrió en Mar del Plata, cuando conoció a Ricardo Fort. El empresario invitó al equipo (que en ese momento vestía la ropa de la selección) a su camarín y luego a una salida nocturna que Senatore recuerda con asombro: "Nos llevó al boliche Ink en sus Rolls-Royce descapotables, fue una noche muy divertida donde él terminó saliendo al escenario con la camiseta de los Pumas puesta". La anécdota incluye una travesura de juventud, ya que ante la seguridad del lugar, los jugadores (que aún no eran figuras consagradas) se hicieron pasar por nombres históricos como Felipe Contepomi para sortear los controles, bajo la mirada generosa de un Fort que "estaba impecable, tallado y muy bien peinado".