Matías Aguirre está junto a su mujer, Margarita Silva, al frente de uno de los Sablé París que más circulación tiene, el de Jujuy y Corrientes. La historia detrás de esta pareja que trabaja a todo pulmón.
11:18 hs - Lunes 06 de Abril de 2026
“Tener este local fue nuestro sueño”, dice Margarita Silva junto Matías Aguirre en diálogo con Negocios de La Capital. La apuesta fue fuerte, porque se quedaron con la franquicia del Sablé Paris de la esquina de Jujuy y Corrientes en el 2020. Es decir, en el corazón de la pandemia y con todas las restricciones activas. “En aquel momento eran dos mesitas, no podíamos poner nada más”, recuerda Margarita sobre el local que está ubicado en la planta baja del edificio Guernica.
Tras sostenerse ese primer año, ellos sabían que iban a lograr su meta: consolidarse y crecer. Venían con know how en el sector gastronómico, por un lado, Margarita es cocinera y ya tenía larga experiencia en bares y restaurantes de la ciudad, mientras que Matías es pastelero y en su currículum tiene algunos hitos. Por ejemplo, trabajó durante 12 años en el hotel Pullman del City Center y le tocó parte de la pastelería del casamiento de Lionel Messi con Antonela Roccuzzo. Si bien reserva algunos detalles de esa grata experiencia sí recuerda algo muy particular: “La pastelería del casamiento fue muy importante y se hizo completa en el hotel a excepción de la torta. Además, hicimos la bombonería para los huéspedes, era una cortesía que se colocaba en cada habitación. Recuerdo que tenía una base de chocolate con dos corazones rellenos, para lo cual preparamos 30 kilos de dulce de leche casero”.
Apostar por Sablé Paris
Matías siempre tuvo vinculación con los hermanos Cristian y Guillermo Bressan, oriundos de Corral de Bustos y dueños de Sablé Paris. Una marca con más de una decena de franquicias en la región centro del país que tiene producción propia de medialunas que incluso exportan gracias a su unidad de comercio exterior de ultracongelados.
El local que hoy operan Margarita y Matías previamente era manejado por los hermanos Bressan más un grupo de socios, pero en la pandemia decidieron que era importante que el management estuviera en manos locales. Así cuando buscaron un franquiciado se lo sugirieron a Matías, puesto que él ya trabajaba para ellos en la confección de tortas para sus locales. Actualmente, ese vínculo sigue creciendo puesto que no sólo tienen la franquicia, sino que desde Jujuy y Corrientes salen los productos secos de pastelería, como pasta frola o conitos, para el resto de los Sablé que hay en Rosario.
Un bar atendido por sus dueños
Si bien en esta franquicia trabajan unos 13 empleados, lo cierto es que Margarita, a quienes todos llaman Tina, y Matías trabajan junto a su hija, María Milagros. Es decir, este bar es una pyme 100% familiar atendida por ellos mismos. Eso es parte del éxito, porque les dan a sus clientes una atención muy personalizada, algo clave en un momento de baja del consumo.
En esa esquina se agrupan clientes muy diversos, por ejemplo, dentro del local hay un mesón que aprovechan algunos grupos de amigos que desayunan allí. También hay quienes toman un café con las tradicionales medialunas de Sablé Paris mientras trabajan, además les llegan muchas personas que van al Distrito Centro o al Sanatorio Británico y tienen también grupos fijos que se acercan los fines de semana. Tina y Matías cuentan que hay un grupo de deportistas que salen a correr los sábados o domingos muy temprano y luego van por el abocado toast al bar. “Como son muchos, suelen ubicare juntos en la parte de afuera”, explican. Por otra parte, tienen mucha relación con la gente del barrio, por ejemplo, hay una señora de 103 años que todos los domingos va a desayunar allí.
De esta forma, esa calidez de la atención personalizada es la que les da buenos frutos. Explica Tina que, si bien sienten la baja del consumo en el volumen de pedidos, la clientela está firme. “Quizás el que se tomaba cinco cafés en un día ahora toma tres”, ejemplifica. Otra apuesta para incentivar a los clientes es tener precios competitivos sin realizar grandes subas en la carta. Y otro punto central es la fidelización: “Algo importante para nosotros, y que recién lo pudimos llevar a cabo a los cuatro años de la apertura, es hacer nuestro evento anual donde invitamos a los principales clientes y los agasajamos. Se hace en octubre y llegamos a tener 120 personas”, describe.
Con todo, estos dos emprendedores junto a su hija han logrado transformar a esa esquina en un clásico de la ciudad. Y la apuesta hacia adelante es seguir ideando propuestas para que los rosarinos sigan eligiéndolos.