Domingo 25 de Febrero de 2024
En el 2020, en plena pandemia, Magalí Rascovan y Matías Carubia analizaron su presente y su futuro. Ella kinesióloga, él profesor de educación física, no podían ejercer su trabajo y en las largas horas de encierro, empezaron a pensar formas de generarse ingresos. Magalí, fanática de la pastelería, enfocó las ideas para ese lado. Juntos empezaron a analizar qué productos aún no estaban explotados al máximo en la ciudad y, después de investigar bastante, concluyeron que no había un emprendimiento de alfajores rosarinos de calidad y fueron por eso.
“El alfajor es una golosina clásica argentina, pero nunca se innovó demasiado. Siempre se lo trabajó en el típico formato de tapa, relleno, tapa. Nuestra intención fue abrir el abanico de sabores y mostrarlo en diversas formas para que se convierta en un verdadero postre”, explica Magalí que está a unos días de convertirse en pastelera profesional. A la hora de extender los horizontes de la golosina, la pareja trasladó los mejores sabores a un formato de alfajor, como el gusto lemon pie que hoy es uno de los productos insignia de su marca, Alfajorería Rosario. En la actualidad cuentan con más de 25 sabores de alfajores gourmet, entre los cuales están los más populares y exclusivos como son el patagónico -con ganache de chocolate y frutos rojos-, el de sambayón y los rellenos de golosinas.
Humor, ironía y estrategias
Alfajorería Rosario en Instagram cuenta con más de 65 mil seguidores y gran cantidad de contenido educativo y humorístico sobre la marca y las peripecias de emprender. Allí ironizan sobre lo difícil que es fotografiar comida, pero también comparten secretos de la pastelería y otros tips para hacer alfajores propios. Este último punto se volvió un eje importante en su contenido que los llevó a pensar otra unidad de negocio como es la comercialización de los recetarios de la marca. Hoy venden 3 tipos de recetarios distintos a un precio de $30.000 y ya tienen más de 80 vendidos. Los recetarios son extensos y detallados para que cualquiera pueda hacer alfajores en su casa. Por otra parte, los emprendedores ofrecen un seguimiento post venta para asesorar a estos pasteleros amateurs: “También tenemos una comunidad cerrada con las personas que compraron los recetarios donde se intercambian dudas y sumamos información”, explica Matías.
El vínculo con su comunidad en redes es uno de sus tesoros más preciados, por eso Matías está en constante capacitación para comprender mejor los algoritmos y pensar en contenido que llegue bien a nuevos públicos. Ambos se ríen al decir que, como en todo emprendimiento, cada uno cumple varios roles pero que disfrutan el desafío. Para mantener todo sobre ruedas tienen bien definidas las tareas y realizan reuniones mensuales creativas, para pensar en nuevos sabores con el fin de “convertir todo lo que se pueda en un alfajor”. Si bien el proyecto no para de crecer, Magalí y Matías todavía sostienen sus profesiones y consideran al proyecto como un emprendimiento paralelo. Aun así, buscan expandirse y están en proceso de crear un nuevo espacio para aumentar la producción.
Lo que hay que saber
Por el momento Alfajorería Rosario solo vende al consumidor final a través de su cuenta de Instagram y WhatsApp haciendo el pedido con 48 horas de anticipación: “La gente nos compra mucho para regalar o en ocasiones puntuales como día de los enamorados o día de la madre”, comenta Matías. La pareja no descarta comercializar a bares, pero reconoce que es un producto que tiene un costo productivo alto y es una inversión que no muchos negocios eligen hacer. Por ahora solo un bar de la zona centro compra su producto premium.
Las opciones de compra son en cajas, de 6 o de 12, o por unidad, explica Magalí que “un alfajor comercial pesa 50 gramos, mientras los nuestros son más compactos y más pesados por el relleno”. En lo que respecta a los precios, la caja de surtido premium de 6 de 40 gramos sale $5500. A su vez ofrecen un tamaño más grande que también se consigue por caja o por dos unidades al precio de $3600.