Jueves 30 de Noviembre de 2023
Nefario es uno de los adjetivos más oscuros con que se puede calificar a una persona. Pero también es el nombre con el que se presenta uno de los dos protagonistas de “Nefarious” y que dice ser un demonio. La película tiene sólo dos personajes protagónicos, ese hombre que es condenado a ser ejecutado por sus crímenes, y un psiquiatra que deberá evaluarlo y determinar si está mentalmente apto para recibir su sentencia a muerte. En última instancia, se trata de un médico, un científico y ateo, que deberá determinar si el condenado está realmente poseído por un demonio o está fingiendo para no ser ejecutado.
Ese primer contrapunto entre un ateo y esa persona que afirma que es un ser sobrenatural, es uno de los motores del film al poner frente a frente -literalmente es un diálogo de más de una hora y media entre dos personas grabado con planos cortos- a la razón y a la ciencia y lo incomprobable. Y esa confrontación es el segundo tema que da impulso al film cuando el psiquiatra le pide al supuesto demonio que le demuestre que efectivamente lo es al ofrecerse a ser poseído.
El guión va sumando tópicos culturales que hacen que la película se transforme poco a poco en un paneo sobre la culpa y lo sagrado, el bien y el mal, la configuración de lo que se considera justo e injusto y la manera en la que las sociedades se construyen en torno a esas ideas entre muchos otros conceptos complementarios que delimitan la civilización de la barbarie con lo cual “Nefarious” también se presenta como una larga discusión teológica y filosófica sobre la naturaleza humana.
¿Y si el debate en torno al bien y el mal hubiese comenzado aún antes que existiera el universo? La idea no es nueva, pero sí resulta atractiva para ponerla en pantalla. Y para eso los guionistas, conscientes de que su protagonista es una entidad ancestral, apelan a referencias bíblicas. El foco de la hipótesis es que el hombre creado a semejanza de Dios es pasible de corrupción y lo intentan demostrar con citas bíblicas y menciones del Evangelio de Mateo, el Evangelio de Marcos, un pasaje del Libro de Daniel y citas de “Macbeth”. También, curiosamente, el guión apela a una cita del ocultista inglés Aleister Crowley, la misma que usa el protagonista de la película “El asesino” para justificar su impunidad: “Hacé tu voluntad: será toda la ley”.
El guión también menciona temas relevantes para la actualidad como la tolerancia, el racismo y la igualdad de género, en una escena que parece forzada, tanto como la referencia a la televisión, el cine, los medios y las redes como herramientas para insensibilizar a la sociedad, todo dicho con la arrogancia de quien supone que ejerce el poder (¿por qué todos los psicópatas del cine se empecinan en llamar insistentemente a sus adversarios por su nombre de pila y todas sus derivaciones?), con un tono intimidante demasiado parecido al que usó originalmente Anthony Hopkins en “El silencio de los inocentes”.