Mujeres en la calle: Adelita Avila Echenique, una aristócrata poco convencional

Fue una de las damas que bordó la primera bandera del Monumento y participó de protestas de mujeres costureras. Un pasaje de Aldea le rinde homenaje

Sábado 06 de Abril de 2024

María Adela Avila Echenique "trascendió los estrechos límites que la época le asignaba" a las mujeres. Con ese argumento, integrantes de la Junta de Historia de Rosario pidieron hace unos diez años que uno de los pasajes de Aldea lleve el nombre de esta cordobesa, nacida en 1904, que llegó a vivir a Rosario a los pocos años y que supo hacerse escuchar tanto en salones sociales como en asambleas obreras.

Para el historiador Miguel Carrillo Bascary, si hubiera que definir la personalidad de Adelita Avila Echenique en una sola palabra, sin duda sería "multifacética". El investigador de varios capítulos de la historia local fue uno de los que propuso al Concejo Municipal considerar el nombre de la mujer para denominar a la calle de barrio Aldea que cruza avenida Génova a la altura del 9100.

El adjetivo se entiende mejor cuando se repasan las instituciones y actividades que tuvieron a Adelita como protagonista: integró el secretariado Económico Social de la Acción Católica Argentina, la Sociedad de Beneficencia de Rosario, colaboró con Jorge Marc en la formación del Museo Histórico de Rosario y fue vicepresidenta de la Comisión de Damas que bordó la enseña empleada en la ceremonia de inauguración del Monumento Nacional a la Bandera.

Y, al mismo tiempo, trabajó por la dignidad de la mujer, promoviendo la agremiación de costureras y pantaloneras, que a principios del siglo pasado eran explotadas mediante un sistema de trabajo a destajo y participó de las luchas para lograr mejorar las condiciones de trabajo de los "estibadores de bolsas", el escalón más explotado de la escala laboral del puerto de Rosario.

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En palabras de Carrillo Bascary, "actuó tanto en los salones y en los mitines políticos y fue testigo calificado de la transformación de Rosario en aquellos dorados años en que se la señalaba como granero del mundo" y fue capaz de conciliar "realidades tan opuestas como la de ser una dama distinguida con una amplia actividad social y una dirigente de las luchas obreras, promotora de la toma de conciencia sobre el protagonismo que debía asumir la mujer en tiempos donde la sociedad estaba sumamente estructurada".

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Adelita, como la llamaban familiares y amigos, nació en Córdoba en la primavera de 1904. Llegó a una familia de apellidos que fueron parte del proceso de organización nacional, pero en las sierras cordobesas era más conocida por ser la sobrina nieta del cura gaucho José Gabriel Brochero, paradigma de la evangelización de las localidades de Traslasierra.

Cuando todavía era una niña pequeña, su padre, Carlos María Avila, fue designado primer fiscal de la Cámara Federal de Apelaciones de Rosario, lo que obligó el traslado de toda la familia a la ciudad que por aquel entonces no llegaba a los 200 mil habitantes, pero iniciaba un camino de frenético crecimiento movilizado por su puerto y su tendido ferroviario.

Mientras todo eso iba pasando, Adelita se hacía adolescente y acompañaba a su padre tanto a encuentros sociales y culturales como en tareas de asistencia social. Entonces, señala Carrillo Bascary, "pudo apreciar las afligentes condiciones de vida del proletariado rosarino en aquellas primeras décadas del siglo pasado, pues junto a su padre, distinguido magistrado de gran sensibilidad social, solía recorrer las ranchadas de la barranca fluvial, los asentamientos de los portuarios y ferrocarrileros y los conventillos".

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La vida de las pantaloneras

Adelita se casó a los 22 años y tuvo cuatro hijos. Su pareja, un funcionario de carrera judicial, fue destituido en 1949 en medio del conflicto desatado por los procedimientos legislativos mediante los cuales se aprobó la reforma de la constitución durante el primer gobierno peronista. Entonces, Adelita sacó adelante su hogar dedicándose a coser y lavar para las familias de sus amigas.

Ella ya conocía la rudeza de un oficio que desde comienzos del siglo pasado había tenido a las mujeres como protagonistas destacadas y había participado de numerosas asambleas para promover la agremiación de las llamadas "pantaloneras".

La consolidación del modelo agroexportador en la ciudad, empujó la inserción laboral de las mujeres entre lo que se consideraban "sus tareas": quehaceres domésticos, modistas, sirvientas, costureras, cocineras, planchadoras o lavanderas; según las registra el censo de 1910. Lo que demostró el relevamiento de aquellos primeros años del siglo XX, más de la mitad de las mujeres trabajaban y recibían un pago por eso, pero lo hacían en el espacio doméstico. A la fábrica, el salario y el espacio público accedían sólo los varones.

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"La plaza López era un lugar a donde llegaban los fabricantes textiles y distribuían el trabajo a las costureras, también llamadas pantaloneras. Era una forma de trabajo a destajo ya que no se consideraba el tiempo que llevaba confeccionar cada prenda, sino que se pagaba por la cantidad de prendas que podía producir cada mujer. Además existían intermediarios que cobraban por asignar cupos de trabajo a las mujeres", ilustra Carrillo Bascary.

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En ese ambiente, áspero, Adelita intervino para acompañar la agremiación de las costureras, reclamar precios justos por su trabajo y un cupo de prendas igual para todas las trabajadoras. "En épocas donde el protagonismo de la mujer en el mundo del trabajo y de las luchas sociales era insignificante destacó por su capacidad y compromiso. Incesante difusora de la dignidad de la mujer bregó incansablemente para promover la agremiación de aquellas a las que se llamaba "obreras de la aguja" y de las "pantaloneras", que eran explotadas inmisericordemente, y también se brindó en las luchas por lograr mejorar las condiciones de trabajo de los "estibadores de bolsas", el escalón más explotado de la escala laboral del puerto de Rosario", completa el historiador.

Adelita falleció en Rosario, el 1º de septiembre de 1988. La propuesta del nombre de Adelita para denominar una calle de la ciudad llegó en 2012, como parte de una apuesta de la Junta de Historia de Rosario para reivindicar a personalidades rosarinas generalmente olvidadas, "personajes minúsculos pero significativos a nivel social", dice Carrillo Bascary. Entre otras, Petrona Avalos, la primera rosarina, la historiadora Patricia Pasquali, Simón Wiesenthal, el llamado cazador de nazis o Alejandro Gruning Rosas, uno de los mentores de la reforma universitaria.

Esta nota forma parte del trabajo multimedia "Ahora que si nos ven", que busca recuperar una a una, las intensas y multifacéticas vidas de las mujeres rosarinas que son parte de la ciudad en el nombre de sus calles.