Domingo 24 de Febrero de 2008
La disciplina del Tai Chi Chuan con sus distintos tipos de movimientos suaves y la atención puesta en la buena respiración ha ido ganando espacio desde China hacia el mundo como la típica actividad que puede ser practicada a cualquier edad y en cualquier momento. Parques, playas, plazas, gimnasios e institutos son los lugares donde se pueden encontrar personas que buscan la armonía desde los distintos planos: físico, mental y espiritual. Algunos se acercan a la disciplina desde su perfil marcial, otros desde el plano terapéutico y preventivo para la salud, y los restantes pueden aproximarse por la belleza de sus movimientos que se asemejan a una danza. En el Tai Chi podemos encontrar un poco de todo eso y más.
Lo interesante es la experiencia que uno puede hallar en su práctica, que tiene como característica la de poseer una dinámica que puede ser adaptada a los cambios climáticos del año.
Hay un modo diferente de hacer Tai Chi Chuan en verano, otoño, invierno y primavera porque su práctica busca encontrar la unidad y armonía con las cuatro estaciones. De cada contexto climático el cuerpo puede sacar beneficios adaptándose de la mejor manera posible y encontrando el modo justo que oscile entre el equilibrio del medio y lo que ocurre en nuestro interior.
Aprender a respirar
La secuencia de movimientos en esta actividad lleva a un proceso de toma de conciencia y entrega hacia una receptividad mayor de todas las energías que nos rodean, produciendo una apertura hacia una unidad de lo interior con lo exterior y viceversa.
Aprender a respirar de otra manera, a moverse de otro modo y relajarse, son otras de las cosas que ofrece esta disciplina oriental desde variados caminos y posibilidades para optimizar la salud física y estimular crecimientos espirituales que otorguen una dimensión mayor y una visión más amplia de las cosas.
La búsqueda se basa en potenciar todas las energías activando procesos, ritmos y fluidez necesarios para alcanzar una mejor relación y armonía con todas las energías que la naturaleza y el universo regalan.
La práctica puede ser desarrollada individualmente o de manera grupal. Desde las dos experiencias se pueden buscar o permitir distintas sensaciones que apuntarán siempre a tener como eje principal la armonía y a familiarizarnos con el crecimiento potencial y creativo.
Hay que tener en cuenta que la numerosa variedad de ejercicios y formas que componen el entrenamiento generan en toda persona que le dedique un tiempo adecuado a la práctica, un equilibrio y una armonía que son de vital importancia para lograr la desaceleración óptima del proceso de envejecimiento.
La esencia del Tai Chi es revitalizar un organismo en todas sus dimensiones y desarrollar un verdadero frente de protección y prevención ante ciertas enfermedades y lesiones del cuerpo. Las cualidades del entrenamiento pueden variar según las distintas temperaturas que ofrecen los días.
Los días muy calurosos se pueden acentuar las flexibilizaciones y posturas de meditación junto a formas bien lentas y fluidas.
En días primaverales pueden realizarse ejercicios más dinámicos; formas variadas a distintos ritmos y automasaje.
En los días otoñales se destaca la atención a la respiración y el buen funcionamiento de los pulmones.
En los días fríos del amenazante invierno se debe acentuar un buen trabajo de articulaciones y tendones junto a formas más dinámicas y exigentes.
También se debe tener en cuenta la variación y la diferencia entre una práctica durante la mañana, con la de la tarde o de la noche porque las tres trabajan sobre energías diferentes de la naturaleza. El entrenamiento matutino sirve para despertar energías vitales y estimular fuerzas.
El de la tarde debe cumplir con la tarea de reducir tensiones y energías negativas producida por estrés. La práctica nocturna debe apuntar a la suavidad, la relajación y a un enfoque más profundo de armonía espiritual que lleve a un buen descanso y liberación de preocupaciones.
Desde la visión occidental cuando uno realiza una actividad física o cuando se inicia en las primeras clases de Tai Chi Chuan lo hace desde una visión fragmentada del cuerpo. Se piensa en la columna, las rodillas, los bíceps, las pantorrillas o los tobillos como si fueran cosas separadas e independientes.
La verdadera práctica del Tai Chi Chuan lleva a ver el movimiento del cuerpo como una unidad, sentimos que todo está integrado e interconectado para que de ese modo aparezca una sensación de fluídez que recorra todo el cuerpo . Esto transmite una sensación de bienestar, donde movimiento y unidad puede llevarnos a una comprensión y toma de conciencia más amplia y abierta.
Daniel Capello
Instructor de Tai Chi Chuan
danicapello@yahoo.com.ar