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Sexismo en el discurso: "El lenguaje discrimina a la mujer"

Mariana Alonso, especialista en temas de género, analiza el rol femenino actual. Sugiere una pronta democratización de las tareas domésticas y también prestar más atención al discurso desde donde se discrimina a la mujer.  

Domingo 20 de Enero de 2008

Las mujeres ya no son las de antes. Su ámbito dejó de ser sólo el hogar y cada vez ganan más espacios. Un gran cambio que dejó mal parados a los hombres. Y que también impactó en ellas porque ahora no sólo se hacen cargo del trabajo puertas afuera sino que las labores de la casa y el cuidado de los hijos siguen siendo en gran parte una obligación femenina. Ante esta realidad, la ex coordinadora del área de la Mujer de la Secretaría de Promoción Social del municipio, Mariana Alonso, sugiere una pronta democratización de las tareas domésticas y también prestar más atención al discurso desde donde se discrimina a la mujer.

  Alonso, licenciada en ciencia política, que acaba de asumir como concejala por el Partido Socialista, dialogó con Mujer acerca de problemáticas de género y en torno a la reciente publicación del libro "Sexismo en el lenguaje". Los artículos que integran esta publicación analizan cómo desde el lenguaje, los medios de comunicación y el tratamiento publicitario se representa a la mujer, y cómo muchas veces de manera sutil, casi imperceptible pero no menos peligrosa, se la discrimina. Algunos de esos artículos fueron seleccionados a través de un concurso.

  —¿Por su protagonismo en los espacios públicos, las mujeres pagan un costo?

  —Las mujeres ganaron terreno en el trabajo pero el hombre hasta ahora no se corresponsabilizó de las labores domésticas. Y eso trajo un costo para el sexo femenino porque al repartirse entre el mundo laboral y la casa, muchas veces termina agotada o se enferma. Esto ocurre porque los roles no pasaron a ser intercambiables y sigue habiendo una brecha entre los géneros. Para evitarlo, las tareas del hogar deben ser sostenidas de a dos.

  —¿Cuál es tu visión acerca del progreso hacia la igualdad entre hombres y mujeres?

  —Se han producido avances pero todavía hay muchas deudas por saldar. Habría que profundizar el acceso de las mujeres a los derechos sexuales y reproductivos, además podría haber más participación femenina en los sectores gremiales y en los puestos ejecutivos de las empresas. Un paso es el hecho de que hemos accesido a la representación política como es el caso de la presidenta del país Cristina Fernández de Kirchner y la presidenta chilena Michelle Bachelet. Había cargos que parecían masculinizados y hoy son también una oportunidad para las mujeres.

  —¿El liderazgo femenino tiene sus características?

  —El liderazgo femenino es democrático, inclusivo, horizontal, dialogante y tolerante, parámetros que nunca han sido asimilados al éxito, la eficiencia, la productividad y lo económico. Sin embargo, estas características son acordes a los tiempos que vivimos, abiertos al cambio y a lo inmediato. Mientras que el paradigma masculino es, en general, de tipo autoritario, antidemocrático, jerarquizante, verticalista y cerrado al diálogo.

  —¿Qué papel juega el lenguaje en la identidad de los géneros?

  —El lenguaje no es neutro, ni tampoco plural, democrático, abarcativo e inclusivo. Justamente el título del libro que publicamos "Sexismo en el lenguaje" refleja que no es así. Para revertir la historia y garantizar una mayor igualdad entre hombres y mujeres se debe tener en cuenta la lengua. Desde lo discursivo las mujeres hemos sido discriminadas y excluidas de los derechos. Nuestra voz ha sido silenciada. Por eso es importante a través del lenguaje indentificar la pluralidad del ser humano, de género.

  —¿El lenguaje da cuenta de la discriminación hacia la mujer?

  —El lenguaje es un elemento más de una construcción cultural que promueve igualdad o discrimina. Históricamente ocultó el protagonismo de la mujer en la historia y en la sociedad. Cuando nos referimos a lo universal se habla siempre en masculino, creyendo que de esa manera se incluye a la mujer. Mientras que distintas investigaciones marcan que muchas veces lo mencionado desde lo masculino hace referencia a una jerarquía de poder.

  —¿Dónde se ve reflejado?

  —El lenguaje sexista hace referencia a connotaciones negativas hacia lo femenino. Cuando se dice "hombre público" se connota honorabilidad, hombre de bien, mientras que cuando se dice "mujer pública" se asocia con prostituta. Además, las actividades que han sido ligadas a lo masculino, como el trabajo productivo, tienen una jerarquía mayor a las netamente femeninas. Por otra parte, con la palabra se silencian las identidades no heterosexuales.

  —¿Cómo se promueve un lenguaje más igualitario?

  —Estando alertas, accediendo a términos no sexistas. Por ejemplo, decir niño pero también niña o simplemente "la infancia". Usar un vocabulario más democrático y abarcativo. El lenguaje acompaña un pensamiento histórico que refuerza la falta de visibilidad de la mujer en la sociedad. Designando a hombres y mujeres en igualdad de jerarquías y status se cuestiona ese orden social establecido.

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