Propuesta indecente
Muchos deben recordar aquella película de los años 90 que llevaba precisamente ese título, "Propuesta indecente", protagonizada por un Robert Redford, bastante maduro, encantador y súper millonario, junto a una joven pareja de enamorados, aunque quebrados económicamente, que encarnaban Demi Moore con su esplendor top y el rubio Woody Harrelson haciendo de arquitecto y marido.

Domingo 28 de Septiembre de 2008

Muchos deben recordar aquella película de los años 90 que llevaba precisamente ese título, "Propuesta indecente", protagonizada por un Robert Redford, bastante maduro, encantador y súper millonario, junto a una joven pareja de enamorados, aunque quebrados económicamente, que encarnaban Demi Moore con su esplendor top y el rubio Woody Harrelson haciendo de arquitecto y marido.

La pareja con amor y sin dinero apuesta al azar en Las Vegas para salir de la quiebra económica, y obviamente pierde. Es el momento en que Robert Redford ofrece un millón de dólares por una noche con la bella dama. Adrian Line es un director taquillero y afecto a los dilemas morales y es donde quedan presos los esposos a partir de la propuesta salvadora e inmoral al mismo tiempo: en tanto el azar no fue propicio ahora intentan saber, imaginar y hasta adivinar, en caso de aceptar el millón tentador, cual será el costo moral y psicológico, es decir cuáles serán los efectos posibles a causa de semejante decisión.

La película es bastante representativa de la frivolidad de los noventa, un mundo que fue diseñado en sus trazos más gruesos por la pareja política más desastrosa, esperpéntica y dañina de aquellos tiempos que encarnaban Margaret Thacher y Ronald Reagan. La primera década del tercer milenio continúa agravando ese giro que toman las cosas donde lo material aplasta a lo espiritual. Un mundo lleno de expresiones absurdas y, ciertas a la vez, de las cuales los ejemplos son más que abundantes. Por tomar una, sobre todo en los escritos y en los medios económicos, se habla en ocasiones de industria financiera o ingeniería financiera.

Las industrias son una fuente de producción y de creación fundamentales para la sociedad. En cambio, es sabido que la llamada industria financiera lo único que fabrica con tenacidad y sin contradicciones son pobres. El mencionado giro nos lleva en estos días desde la propuesta indecente en la ficción, a la subasta que acontece en la realidad de un modo más que inesperado, aunque muy a menudo digamos y se nos diga que ya nada puede sorprendernos.

Sin embargo, una sorpresa saltó a la prensa, no precisamente positiva, pero que tampoco merece el calificativo de negativa. Se trata de la estupidez con cotización en euros y con subasta en dólares; en Italia "una ex-gran hermano cotiza su virginidad en 1 millón de euros y espera propuestas"; y en EE.UU. "una ex - estudiante provoca el debate al subastar su virginidad en Internet". Las explicaciones que realizan públicamente ambas señoritas son de un tenor bastante diferente.

En el caso de la italiana, dice tener todo fríamente calculado: "Quiero ver si alguien desembolsa esa suma para tenerme, si no me gusta (el presunto "abonante") tomaré un vaso de vino". Todo sea para cumplir sus sueños, se aclara, entre los cuales está tomar un curso de interpretación. Bien se podría pensar que de encontrar el masculino que abone tendrá su primer "trabajo práctico" antes del ansiado curso cuando realice su trabajo sexual "interpretando" la entrega de su virginidad.

En cambio, la estudiante norteamericana de 22 años, que usa el seudónimo de Natalie Dylan (será acaso por Bob Dylan o más remotamente por el notable poeta escocés Dylan Thomas), ensaya una explicación con iguales proporciones de realismo y de cinismo cuando muy suelta de cuerpo explica su posición: "Vivimos en una sociedad capitalista ¿por qué no debería poder capitalizar mi virginidad?" La información continúa diciendo que la joven ha obtenido una licenciatura en un estudio sobre mujeres, al que le quiere agregar un segundo título universitario sobre matrimonio y terapia familiar.