Primeros pensamientos: cómo funciona el cerebro del bebé
La personalidad adulta se basa en la relación con el entorno y el vínculo con la madre. Los bebés están dotados de forma innata para pensar, función que como tantas habrá de desarrollarse en la medida de su maduración corporal, cerebral y sensorial. Cuanto más se observa a un bebé, cuanto más atención se le presta a todos los detalles pequeños de su conducta, se descubren más las capacidades de relación con su ambiente.

Domingo 10 de Agosto de 2008

Los bebés están dotados de forma innata para pensar, función que como tantas habrá de desarrollarse en la medida de su maduración corporal, cerebral y sensorial. Cuanto más se observa a un bebé, cuanto más atención se le presta a todos los detalles pequeños de su conducta, se descubren más las capacidades de relación con su ambiente. Ya es conocido el hecho de cómo se calma un bebé al nacer si es puesto en contacto con su madre. Ahora bien, ¿con qué se vinculan esos primeros "pensamientos"? ¿Existen vestigios en la vida adulta de aquello que pensábamos cuando éramos bebés?

La captación del mundo que hace un bebé no es racional, es emocional, corporal, sensorial y puede ser expresada en términos verbales por el adulto que actúa en consecuencia.

Los primeros "pensamientos" —denominados protopensamientos porque no tienen una conexión verbal— se vinculan a las experiencias de hambre, de separación, de calma, de calor, de presión, de luz, de sombra, a todas las experiencias corporales que constituyen la primera realidad del bebé, su propio cuerpo sentido como algo independiente de su mente, algo que le presenta un primer problema a resolver.

Pensar sin palabras

El bebe pide ayuda, grita, llora y gime. De hecho en su voz hay matices que una madre sensible puede aprender a descubrir. Estos primeros pensamientos no verbales luego entran en la corriente de pensamientos verbales, cuando el niño aprende a expresarse. La relación entre lo verbal y lo no verbal será más o menos conflictiva según el grado y la forma de integración de esas primeras experiencias, que forman la base de la personalidad. Si bien nadie recuerda sus primeros meses de vida, hay algo que persiste en cada uno de nosotros del bebe que fuimos.

"Cuando en los primeros contactos la madre se ausenta, retira su pecho, el bebe la imagina, la alucina. Muchas veces se ve al bebe succionar y sonreír, esto es porque está soñando a su mamá y también pensándola. Y la sueña feliz hasta que vuelve el hambre, entonces el chupeteo no alcanza, no sale leche del propio bebé, ya no es la placenta, el cordón umbilical siempre presente: hay algo que no está y se siente como dolor.

"El bebé se enoja, llora, siente que hay algo malo allí. Su captación del mundo es deficiente e interpreta la ausencia como una presencia mala", explica la psicoanalista y miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), Claudia Lucia Borensztejn.

Según la especialista a veces se observa hasta qué punto el bebé imprime esta imagen negativa sobre el pecho presente y lo rechaza cuando la madre vuelve. De ahí nace su primera concepción del mundo como bueno y malo, si lo satisface o lo frustra. "Muchas personas conservan esta concepción en la vida adulta, clasifican el mundo según si les es o no afín a sus necesidades. Es la persistencia de la mentalidad del bebé en el adulto y de su forma de pensar", sostiene.

La perfección del vínculo madre-hijo, esa captación sin palabras a través de la placenta, el cordón umbilical y el suministro constante, no se da nunca más después del nacimiento, salvo por momentos en que el abrazo del ser amado se hace presente o cuando el bebé mira a los ojos de la madre que lo amamanta, o escuchando la música que emociona, o viendo la belleza de un paisaje. "Ese sentimiento de fusión con lo que apreciamos como belleza del mundo o como obra humana, ese llamado sentimiento oceánico sólo a veces se presenta —explica Borenzstejn—. El resto es imperfección, necesaria por cierto para la mente, que se desarrolla en contacto con la realidad, que aprende a tolerar las frustraciones, los desajustes y esperas necesarias para vivir y pensar. Entonces el lenguaje se desarrolla en la ausencia: el bebé llama a su madre que no está y nombra lo que no puede alcanzar".

El pensamiento del bebé se desarrolla desde una mentalidad primitiva a una más evolucionada, de una mentalidad egoísta centrada en las propias necesidades a una mentalidad considerada hacia los otros, aunque según los expertos las cosas no son sencillas en este terreno y las explicaciones simples o causales no son aptas para entender procesos tan complejos.

El espacio del psicoanálisis se ubica precisamente en la relación entre lo verbal y no verbal de los pensamientos, intentando que este espacio se ensanche, se expanda para alojar la mayor cantidad posible de pensamientos que no pueden ser "pensados" y que se expresan de otros modos, en la conducta, en el cuerpo y en los vínculos. "Muchos de estos pensamientos que no pueden expresarse verbalmente encuentran su mejor forma en el arte, en la expresión plástica, musical o poética. Entonces la creatividad da cabida a las primeras experiencias", indica la psicoanalista.

Carolina Stegman