Personajes: la otra Woolf
Nadie que haya visto el filme "Las horas" (1998) podrá olvidar a esa irreconocible Nicole Kidman interpretando la dramática escena en la que la escritora Virginia Woolf va internándose dentro de las aguas del río Ouse con los bolsillos de su abrigo cargados de piedras.

Domingo 21 de Septiembre de 2008

Nadie que haya visto el filme "Las horas" (1998) podrá olvidar a esa irreconocible Nicole Kidman interpretando la dramática escena en la que la escritora Virginia Woolf va internándose dentro de las aguas del río Ouse con los bolsillos de su abrigo cargados de piedras. A partir de ese filme, "la Woolf" emanó un aire más popular, lo que provocó que sus libros incrementaran considerablemente las ventas, en particular, "Mrs. Dalloway".

Hasta ese momento la elaboración del "fluir de la conciencia" dentro de la literatura la había convertido en la primera mujer en emplear una técnica a la que sólo se habían atrevido escritores como Joyce o Proust. Pero eso mismo elevó "las barreras" hacia el lector común que el filme "Las horas" pareció romper.

Virginia Woolf nació en 1882 en Kensington, Inglaterra, dentro de una familia culta de literatos. Recién a los 16 años, Leslie Stephen, su padre y fundador del Dictionary of National Biography, le permitió ingresar sola a su enorme biblioteca (la diferencia en la educación en la época victoriana se hacía sentir). Sólo los varones estudiaban en Cambridge y si bien Virginia aprendía griego por las mañanas, por las tardes mantenía actividades propias de una señorita como servir el té y atender visitas.

Al morir su padre, en 1899, ella y sus hermanos se mudaron a Bloomsbury. Allí se formó el llamado Grupo de Bloomsbury, conformado por intelectuales destacados en el ámbito artístico, literario y social (en sus ideas predominaban, entre otras, el desprecio a la religión y a la moral victoriana).

Virginia Woolf fue creciendo como escritora sin abandonar su rencor por lo que creía una deficiente educación recibida comparada con la de los hombres. Se convirtió en una feminista acérrima y en una gran creativa literaria mientras soportaba épocas de constantes trastornos mentales que coincidían, generalmente, con la finalización de alguna de sus novelas.

En dos conferencias pronunciadas en Cambridge en 1928 se refirió de la siguiente manera a la raíz de las obras de ficción: "...uno se acuerda de que estas telas de araña no las hilan en el aire criaturas incorpóreas sino que son obra de seres humanos que sufren y están ligados a cosas groseramente materiales, como la salud, el dinero y las casas en que vivimos".

Pero hubo alguien que acompañó incondicionalmente sus períodos oscuros sin opacarla ni un instante, su hermana Vanessa, también integrante del grupo de Bloomsbury y de una liberalidad extrema, a tal punto que su marido Clive Bell, con quien tuvo dos hijos, debió aceptar una tercera hija, Angélica, producto de una relación amorosa con el pintor Duncan Grant. Era la mayor de los cuatro Stephen y a pesar de crecer en un mundo de literatos, se dedicó a la pintura, estudiando en la Escuela de Arte de Sir Cope y en la Royal Academy.

Ella fue quien introdujo el impresionismo en Inglaterra situando los rostros en blanco y produciendo que en su interior el rostro exteriorizara lo que llegaba a impactarlo del exterior. Muy parecido a lo que Virginia Woolf intentó en un arte diferente. Vanessa pintó paisajes, "La playa de Studland",1912; escenas cotidianas en "Interior con dos mujeres" y retratos entre el que se destacó el de su hermana (1912). Además, en el diseño de las cubiertas de los libros de Virginia recreó con tonos pasteles la misma serenidad que se desprendía de los textos.

Es considerada uno de los mayores exponentes de la pintura retratística y paisajística de Inglaterra. Sin embargo, pocos saben de su existencia más que por una mínima escena en la película "Las horas", interpretada por Miranda Richardson, en la que visita a Virginia cuando ya está próxima al final. ¿Por qué una sola fue la elegida? Las dos Stephen se podrían haber destacado unánimemente pues les sobraba talento. No hay respuestas para ciertos interrogantes. Fue Virginia Woolf la que a pesar de su locura, adoptando el apellido de su marido, Leonard Woolf, trascendió las fronteras de la notoriedad. Vanessa se podría haber convertido en "otra Woolf" pero prefirió vivir rodeada por el misterio y mantenerse a la sombra de una hermana que protegió sin celos.Seguro habrá sido la que más comprendió la desesperación de la escritora al leer aquella frase en su última carta, tan conmovedora como fatal: "No puedo luchar más".

Estela Parodi

Escritora

letras_2005@hotmail.com