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Papás en el nacimiento

El nacimiento de un hijo es un momento vital y que el padre esté presente no es un capricho, sino que una experiencia enriquecedora y humana, que por su intensidad...

Domingo 20 de Julio de 2008

El nacimiento de un hijo es un momento vital y que el padre esté presente no es un capricho, sino que una experiencia enriquecedora y humana, que por su intensidad, fortalece como ninguna otra el vínculo entre padre e hijo y cohesiona a la familia. Así es reconocido en las maternidades, por eso, la presencia del padre en el nacimiento se fomenta y con excelentes resultados.

Hoy casi todos los hospitales lo permiten si no existen complicaciones graves de salud de la madre o el niño. "Las políticas de salud deberían llevarnos a que la experiencia del nacimiento fuera lo más humana posible, en que la madre y el padre tengan una mayor participación para que su hijo nazca en un ambiente familiar y afectivo", afirman los expertos.

El nacimiento es el primer contacto directo que el hombre tiene con su hijo. Aunque participe activamente en el embarazo de su mujer y asista a todos los controles prenatales y ecografías, él no siente al niño moverse en el vientre, no experimenta los cambios físicos y anímicos que tiene la mujer durante el embarazo, ni sufre las contracciones. Por eso el nacimiento de la criatura es su primera vivencia real de paternidad.

Al ser testigo del nacimiento de su hijo y tener un contacto temprano con él, el padre fortalece su lazo afectivo con el pequeño y se siente aún más comprometido en su cuidado, crianza y protección. "Cuando los papás no tenían la posibilidad de entrar a un parto, la maternidad era una cosa exclusiva de la mujer. El hombre la venía a dejar y luego volvía a conocer al niño, pero se perdía esa experiencia vital en que tienen que estar todos los protagonistas. El padre, al sentirse parte de esta maternidad, ve de forma distinta el compromiso que tiene con ese hijo. Seguramente va ayudar en la casa a los cuidados del niño y va a apoyar a la mamá en todo sentido".

A pesar de las buenas intenciones del padre por acompañar a su mujer y darle la bienvenida al mundo a su hijo, es inevitable que se sienta nervioso y algunos, hasta aterrorizados de presenciar el parto. Es lógico que el padre cuestione sus propias capacidades. Pero en realidad debe saber que no hay nada traumático en un parto (los que se desmayan o quedan pálidos son la excepción a la regla).

Generalmente el hombre se pone un delantal y mascarilla esterilizados, se lava manos y brazos y se sienta junto a la madre, acompañándola y ayudándola a concentrarse en la respiración, mientras el equipo médico la asiste hasta que les entregan el hijo a ambos.

Algunos doctores piden colaboración al padre para que tome un papel más activo, por ejemplo, cortando el cordón umbilical del niño. Este tipo de intervenciones siempre son acordadas de antemano y sólo se hacen si el padre lo desea. No se trata de que él atienda el parto, es más, a la madre se le coloca una sábana por delante y así, el papá no necesita ver directamente todo el proceso si no se siente preparado para hacerlo.

Lo mismo ocurre en una cesárea. Aunque para los padres es muy impactante ver la incisión y más aún cuando los médicos sacan al bebé del vientre materno, prima el deseo de conocer al hijo y estar al lado de la madre en ese momento tan importante. Puesto que se trata de una cirugía, es poco probable que el padre pueda intervenir.

A pesar de todo, y cualquiera sea el tipo de parto, algunos padres sienten esta experiencia como ajena, misteriosa y en algunos casos violenta. Por eso prefieren quedarse fuera. Lo importante es que no se fuercen a entrar si no se sienten seguros.

Para las mamás también es muy grato y son ellas las que primero preguntan si su pareja puede entrar al parto. Ello les da seguridad y confianza en ese momento tan importante. Nadie mejor que el padre de su hijo puede ayudarla a traerlo al mundo.

La madre resulta muy favorecida cuando el futuro papá la acompaña durante el trabajo de preparto y en el parto mismo, haciéndole masajes para relajarse o ayudándola a adoptar posiciones cómodas para sobrellevar las contracciones. Sin embargo, algunas mujeres se sienten muy irritables en el proceso y prefieren que ni siquiera las toquen. En estos casos basta con que el padre esté presente ya que eso de todos modos reconforta y anima a la madre.

En otras situaciones, la madre puede preferir que el padre no esté presente, ya que sienten pudor ante la idea de que su compañero vea su cuerpo expuesto sin tapujos. Por eso la decisión de si el padre va a entrar o no a la sala de parto debe ser conversada en pareja tomando en cuenta los deseos de cada uno y sin olvidar que el nacimiento de un niño es un momento lleno de emociones, tanto para el hombre como para la mujer y que el compartirlo puede ser una instancia enriquecedora que afiance la relación familiar.

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