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Mucamas en la casa: Encuentros y desencuentros

Las autoridades nacionales aseguran que en tres años, de 50 mil empleadas anotadas pasaron a 350 mil, y Rosario incluso aumenta los guarismos.

Domingo 07 de Diciembre de 2008

Acaso fueron inmortalizadas por Jean Genet en su obra “Las criadas”; denominación claro que ya no está en uso corriente al menos por estas pampas. Es más, a partir de campañas gubernamentales y de organizaciones de trabajadores la actividad comienza a ser visible vía el “blanqueo” laboral. Así las autoridades nacionales aseguran que en tres años, de 50 mil empleadas anotadas pasaron a 350 mil, y Rosario incluso aumenta los guarismos. Según el responsable de la Asociación Rosarina de
Trabajadores Auxiliares de Casas Particulares, Francisco Frenna, la ciudad hace punta en afiliadas en el nivel de formalización de empleo.
En el 2004, en Santa Fe, había unas 6000 trabajadoras blanqueadas y la mitad aproximadamente sindicalizadas, mientras que al día de hoy la cifra trepó a 35 mil, de las cuales 18 mil están adheridas al gremio. Frenna advirtió que la mitad de esa cifra pertenece al departamento Rosario, lo que implica una crecida del 600 por ciento en cuatro años.
Pero eso no es todo. “La situación ha cambiado y para mejor, ya no estamos hablando de la servidumbre de hace 50 años. Las propias afiliadas buscan especializarse y capacitarse”, explica Frena. Prueba de ello es que el jueves pasado se realizó el primer encuentro de graduados de la entidad que otorgó diplomas a más de cien mujeres.
“Las especialidades más pedidas son de niñeras y cuidadoras especiales. La gente demanda cada vez más personas capacitadas”, explica Frenna. Esto puede palparse en el local de la entidad, donde se percibe un intenso movimiento de mujeres que van y vienen consultando por sus obligaciones y derechos.
Relaciones especiales

Es casi imposible que en una reunión de mujeres de clase media el tema no salga a luz. La mucama, la muchacha, chica o señora, es decir esa persona que convive con la familia sin pertenecer a ella, que realiza aquellas tareas hogareñas de las cuales las mujeres o señoras de la casa se desentienden, porque en general trabajan “afuera” es una cuestión presente en cualquier ámbito de conversación.
Para bien o para mal esta relación ambigua, produce amores y odios que van y vienen de acuerdo a la experiencia, aunque insoslayables. “La verdad es que estuve tres semanas sin Irene y me dí cuenta de que todo el trabajo de la mañana se lo delegué y que no sabía qué hacer”, confiesa María del centro.
Pero también admite que hay “días en que la quiero matar”, ironiza. Esta desconocida, la trabajadora, tiene a su cargo tareas
especiales que están directa o indirectamente ligadas a la intimidad de la familia. Lo que provoca sentimientos encontrados entre los convivientes del hogar: reclamos, agradecimientos y reproches, en general de ambas partes.
Es que este trabajo significa compartir la vida misma. El cuidado de los chicos, la ropa, la comida diaria, la limpieza de la casa, incluso de esos rincones inalcanzables y hasta el orden que pasa de manos y la dependencia que eso genera, en muchas ocasiones, es al revés: la familia debe consultar a la empleada para poder hallar sus cosas.
Pero no fue sólo Gennet quien hizo del tema un drama, también en Argentina esta relación dio luz a literatura específica como el emblemático libro de Fanny (Epifanía Uveda), la histórica mucama de Jorge Luis Borges, de quien dijo en varias oportunidades que era para ella “como un hijo”, e incluso disputó legalmente la herencia del escritor; hasta la película “Cama adentro”, protagonizada por Norma Aleandro y dirigida por Jorge Gaggero, y recientemente “Se nos fue María, mi vida es un caos”, de
Jessica Fainsod, entre otros. Ni qué hablar de la televisión, hábitat inagotable de historias noveladas con protagonistas de
mucamas, maltratadas, violadas y olvidadas, pero que luego logran ocupar el lugar de “gran señora” en familias ricas. Paradigma de la movilidad social en buena parte del subcontinente. La necesidad mutua hace prevalecer la relación, y si bien hay personas que perduran por años en sus empleos por lo que pasan a ser “casi de la familia”, en muchas ocasiones la decepción llega hasta instancias legales, en disputas en las que casi siempre todos pierden.
Reproches mutuos o hasta situaciones de inseguridad también se plantean en el devenir de un trabajo tan silencioso como invisible para la mayoría.. Nunca se cuantificó y calificó el trabajo de las amas de casas. Es que se lo percibe como natural,
aunque requiera de muchas horas diarias para permitir la marcha de la familia. “Además siempre se nota lo que no se hace, es lo que está presente, todo lo que hiciste, aunque te mataste para encerar o pasaste tres horas planchando nadie se da cuenta”, afirma Inés, 50 años, de la zona sur. Ese trabajo silencioso e invisible es el que se delega por un salario que no siempre está a la altura de la significación que tiene para la familia.
La tarea del ama de casa no es remunerativa, valorada, y tampoco tiene un ítem en el producto bruto interno nacional, o en otras variantes económicas. Tal vez sea otra cara para no valorizar este trabajo silencioso que en más de una oportunidad altera la paz del hogar. Desde hace más de dos siglos la figura de la sirvienta, la fámula, criada, fue creciendo y así se convirtieron en empleadas o mucamas, logrando una mayor consideración. Sin embargo aún es un trabajo que en general se hace en “negro”, por lo tanto no gozan de obra social y mucho menos de jubilaciones. Casualmente en esta realidad tanto empleadas como amas de casas comparten su destino.

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