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Marcas que duelen

El duelo es un proceso, una vivencia de pérdida, es el momento en que se debe asumir una nueva realidad. Una de sus características fundamentales es el dolor, la angustia y hasta la sensación de que va a hacer eterno.

Domingo 05 de Octubre de 2008

El duelo es un proceso, una vivencia de pérdida, es el momento en que se debe asumir una nueva realidad. Una de sus características fundamentales es el dolor, la angustia y hasta la sensación de que va a hacer eterno. No hay una definición precisa del duelo, ya que tiene distintas significaciones según la situación a la que uno se refiera. La sociedad aborda el tema de la muerte a través de ritos, ceremoniales culturales y religiosas que confluye en la singularidad de cada sujeto, es decir cómo repercute a partir de su propia historia.

Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, define al duelo como "la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un ideal, etcétera". La sabiduría de Freud hace que finalice su definición con " etcétera", lo cual nos permite darnos cuenta que no sólo se refiere a la muerte de un ser querido, sino a la desaparición o pérdida de algo que puede ser de mucho valor, como por ejemplo el origen, una casa, un trabajo, una parte del cuerpo, "etcétera". Jacques Lacan, reconocido psicoanalista francés, expresó que el duelo produce un "agujero en lo real", algo allí no está más.

El término duelo se origina en dos raíces latinas: dolos, dolor, y duellum, desafío. Podemos decir que el duelo es una gran aflicción, una pena, pero también tiene que ver con un desafío para el sujeto. ¿Desafío? Sí, constituye una apuesta a la estructura subjetiva para poder reponerse del golpe de la pérdida; es un momento en el que el sujeto revisa su relación con la pérdida que lo fundó como tal, y de esta manera poder recomponer el agujero que la pérdida dejó. No lo podemos considerar un estado patológico, sino como un proceso necesario e indispensable: sino se hace el duelo algo "raro" está sucediendo.

A pesar de ser una reacción normal, no debemos pasar por alto la necesidad de un "trabajo" para el duelo y de un tiempo para su elaboración. Con "trabajo" queremos decir que requiere un gasto de tiempo y energía para el aparato psíquico, realizándose de forma paulatina, pasando por cada uno de los recuerdos, momentos y vivencias donde se espera que pasado cierto tiempo se superará. Además de ese intenso dolor psíquico, en muchos casos es afectado el cuerpo. Y esto no es poco, ya que no se trata sólo de una contractura, cansancio o un dolor de cabeza. Además, el "bajón" anímico posibilita la aparición de alguna enfermedad psicosomática.

Sin embargo, no siempre se cumple este proceso. No es sencillo, ya que en algunos sujetos en lugar del duelo se observa una extraña indiferencia, una falta de sensibilidad, o un estado maníaco llamativo. Lo que encontramos en común es la pérdida. Un sujeto puede perder diferentes objetos, pero no todos los "hundirán" en el duelo. Sólo lo hará por aquellos que tienen un privilegio narcisista. La elección de amor, decía Freud, es siempre narcisística (está involucrado el narcisismo en la pérdida del objeto).

A lo largo de la vida pasamos por diferentes momentos, por lo tanto siempre habrá algún tipo de perdida. Hay pérdidas que son necesarias (como los distintos cambios en la maduración, o sea crecer) y pérdidas que son del orden de lo contingente (situaciones azarosas o inesperadas en un momento particular). El duelo nos confronta con lo inevitable de la ausencia.

Cada vez que perdemos algo sentimos mucho dolor; lo que hacemos es rememorar inconscientemente aquellas pérdidas psíquicamente significativas de la infancia que han dejado sus marcas silenciosas. ¿Cómo es un proceso normal de duelo? No se podría estandarizar el tiempo del duelo y se debe ser respetuoso en el modo singular de cada persona. Acá vale preguntarse si es necesario recurrir a un profesional ante este estado. Seguramente en muchos casos sería importante; en otros tal vez no es tan necesario, pero lo que vale rescatar es el valor que un sujeto pueda dar al hecho de transcurrir dicho momento con un acompañamiento profesional. Conviene que el duelo pueda cumplir una función habilitadora para el deseo y para que haya un reconocimiento, una aceptación. Es decir, la adaptación a una realidad que es innegable y que lo que esperamos es poder vivir con ella en armonía con nuestras posibilidades.

Soledad Cimadoni

Psicóloga

soledadcimadoni@hotmail.com

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