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Las emociones que enferman el cuerpo

Doctor, me siento mal, me duele mucho la panza. No estoy bien del estómago. Estoy por rendir un examen en la facultad, le dice un paciente a su médico. El profesional responde: desde cuándo tiene la molestia, dónde está localizado el dolor.

Sábado 15 de Marzo de 2008

Doctor, me siento mal, me duele mucho la panza. No estoy bien del estómago. Estoy por rendir un examen en la facultad, le dice un paciente a su médico. El profesional responde: desde cuándo tiene la molestia, dónde está localizado el dolor. El joven paciente responde: me duele, no sé, justo estoy por rendir. Y el médico dice: le voy a dar una medicación que le va a aliviar el síntoma.

La situación refleja cómo cuántas veces los profesionales de la medicina pasan por alto las emociones en la escucha de sus pacientes. En este caso el médico nunca preguntó al joven qué estudia, cuándo es el examen, ni asoció que la dolencia podía tener relación con los nervios que producen las pruebas.

La psiconeuroinmunoendocrinología es un enfoque distinto de la medicina que brinda espacio a las emociones, concibe al paciente en su integridad y no se centra en los síntomas sino en el origen de las enfermedades. La novedosa disciplina, que busca expandirse en la ciudad, propone un cambio rotundo. En la ciudad una referente en la materia es la doctora Gloria Alcira Pizzuto, especialista en clínica médica y médica de familia, quien dialogó con La Capital acerca de las emociones que nos frenan, paralizan y enferman.

"Todas las enfermedades tienen una raíz psicosomática: nacen en lo emocional pero después pueden quedarse sectorizadas en el cerebro y provocar una patología mental, o pueden desbordar el cerebro y plasmarse en el cuerpo desembocando en fatiga cónica, diabetes o hipertensión arterial", opinó Pizzuto.

La psiconeuroinmunoendocrinología (Pnie) estudia las relaciones entre los cuatro sistemas del organismo (psicológico, neurológico, inmune y endócrino). "No entiende a la medicina desde la interdisciplina, que separa las distintas parte del organismo, sino desde la transdisciplina, es decir, atraviesa los distintos sistemas", explicó. De acuerdo a este enfoque para mantener la salud hay que tener tanto el cerebro en buen funcionamiento como los sistemas inmune y endócrino.

 

Angustia y miedo

 

Para la médica hay emociones que nos frenan, paralizan y enferman. Estas son la angustia, el miedo, la ira, el dolor y la hostilidad. "De acuerdo a lo que sentimos podemos adquirir determinadas enfermedades y no otras", dijo. Por ejemplo, las personas ansiosas son más propensas a sufrir ataques de pánico que los llevan a sentir angustia permanentemente, no poder salir a la calle y hasta no poder hablar en público; un paciente con depresión y en especial si es varón tiene más chances de hacer un infarto agudo de miocardio o de padecer cáncer de páncreas; y quien tiene distrés (estrés crónico) es más probable que sufra de un infarto de miocardio, hipertensión arterial, alteraciones en las grasas, diabetes y sindrome metabólico.

"Cuando el estrés se hace crónico en el tiempo aparece el distrés que puede traer aparejado también trastornos de ansiedad, pánico, fobia, depresión, trastorno bipolar y esquizofrenia", dijo, y añadió: "El estrés permite transformar lo negativo en positivo (resiliencia), pero cuando se entra en el distrés la persona no encuentra la salida".

La psiconeuroinmunoendocrinología utiliza como recurso diagnóstico los estudios bioquímicos de neurotransmisores, neurohormonas y marcadores inmunológicos. Mediante esto se puede descifrar la relación entre las emociones y el sistema nervioso central. "Sabemos que el distrés produce sustancias como el cortisol y la prolactina, mientras que la angustia, el pánico y la fobia: cortisol, adrenalina y noradrenalina", ejemplificó la profesional, quien preside la Asociación de Medicina Familiar y General de Rosario.

Ejemplo de ello es el caso de una señora que tenía mucho miedo y estrés porque debía hacerse una cirugía y empezó a liberar cortisol, adrenalina y noradrenalina. Esto le generó un aumento de la presión a nivel de las arterias y las venas. "Si la señora se operaba en esta condición es probable que haya terminado desarrollando complicaciones. Por eso se recomienda previo a una intervención quirúrgica tener la mente tranquila", aconsejó.

Como médica de familia, Pizzuto destina mucho tiempo a cada paciente. Ante una consulta realiza dos entrevistas de una hora u hora y media. En la primera, pregunta al paciente acerca de sus recuerdos desde la niñez hasta la actualidad, y le pide que haga hincapié en las crisis de su vida. De acuerdo a ese primer encuentro la médica define qué tipo de estudio bioquímico pedir. En la segunda entrevista con los resultados del estudio define el tratamiento médico a seguir. Su trabajo es en conjunto con bioquímicos, psicólogos y psiquiatras.

"Los tratamientos dependen de la toxicidad cerebral (que se descubre a partir de la lectura del examen de los neurotransmisores) realizada por las crisis vitales que el paciente ha padecido a lo largo de su vida. Los cerebros no son todos iguales y no se comportan de la misma manera porque dependen de la vida de cada uno. Otro factor a tener en cuenta es que el cerebro de la mujer y el hombre son diferentes", explicó la profesional.

Una vez establecido el estado emocional, agregó, no sólo es necesaria la medicación sino también el tratamiento psicoterapeútico. Las terapéuticas de enfermedades convencionales como hipotiroidismo, diabetes e hipertensión arterial, no varían. La diferencia es que se establece el estado emocional de la patología que se quiere investigar con la neurotransmisión.

Muchas veces las enfermedades se disparan cuando las personas pasan por momentos difíciles. La médica da fe de que eso es así de acuerdo a su experiencia en el consultorio. "Cuando diagnostico hipotiroidismo pregunto al paciente qué le pasó en los dos últimos años. Me suelen contestar, falleció un ser querido o me separé", ejemplificó.

Las patologías y síntomas dicen mucho de las personas, y no siempre es casual el momento de su aparición. El cuerpo brinda señales cuando se enferma y de la escucha depende la curación. Según Pizzuto, "el cuerpo avisa cuando hay problemas latentes y reclama atención". 

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