La oportunidad de estudiar de grande
"Siempre tuve ganas de aprender". Esta es la primera afirmación de María Teresa Vives antes de contar su historia de alumna. Es que como otras mujeres —por suerte cada vez más— se animó a proyectar de grande la alternativa de estudiar.

Domingo 02 de Marzo de 2008

"Siempre tuve ganas de aprender". Esta es la primera afirmación de María Teresa Vives antes de contar su historia de alumna. Es que como otras mujeres —por suerte cada vez más— se animó a proyectar de grande la alternativa de estudiar. Emprendió la Escuela Media para Adultos (Eempas), se recibió y no se quedó allí: terminó en 1993 sus estudios de museóloga en la Escuela de Museología Municipal. Actualmente es una profesional que guía los recorridos de delegaciones de alumnos y de turistas en el Monumento a la Bandera.

  "Vivía en un pueblo donde cursé hasta el 6º grado, como era en ese entonces la primaria. Allí no tuve oportunidades de seguir el secundario y cuando se dio la ocasión ya estaba casada", recuerda de su vida en Chañar Ladeado. Más tarde se mudó a Rosario: "Cuando llegué tenía 46 años y decidí que quería hacer algo distinto que las tareas de la casa y que necesitaba tener un título para trabajar o seguir estudiando".

  Así fue como, según cuenta, tomó un día una carpeta, una birome y se inscribió en la Eempa de Italia al 1200. "Todavía agradezco a Dios haberme quedado".

. La expresión de María Teresa no es casual y confiesa sobre los temores propios de retomar los libros luego de tantos años. Los profesores, los amigos y verse con otras mujeres en su misma situación resultaron el impulso que le faltaba.

  "Los más grandes éramos los menos, eran más los que rondaban los 30 ó 35 años, pero todos estábamos con ganas de estudiar. Yo sentía la satisfacción de hacer algo postergado en mi vida", recuerda.

 

Palabra de profesor

 

La única vez que María Teresa cambia su voz pausada, tranquila y muy coloquial es cuando recuerda el momento en que recibió su título de secundario completo: "Tuve una alegría inmensa. En ese instante viví la emoción de que mis hijos me vieran con el diploma en la mano", recuerda.

. Esa misma emoción es la que el profesor Mario Mántica rescata de cada grupo que egresa de la Eempa en la que enseña. "Estas escuelas cubren las necesidades de quienes no pudieron terminar su secundario", dice el docente que lleva 30 años en el magisterio y que trabaja dictando clases de química en la Eempa Nº 1.256 Doctor Julio Maiztegui, de Catamarca y Sarmiento. Esta escuela desarrolla por estos días una campaña pública invitando a inscribirse en sus aulas con estas palabras: "Estudiar nos hace adultos, nos hace perder el miedo y la vergüenza de serlo". Son muchas las razones por las que quienes se acercan a las Eempas no han terminado sus estudios. "Para las mujeres retomarlos es una reivindicación muy grande", advierte el profesor y señala que "terminar el secundario no significa sólo conseguir un certificado para el mercado laboral sino también la posibilidad de seguir cualquier estudio superior universitario o no universitario".

  "La dinámica de las Eempas que son gratuitas sólo requieren tener los 18 años cumplidos y la escuela primaria completa, cuentan con un horario y programas ajustados a las necesidades de los adultos. Eso no quiere decir que estén exentas de calidad, por el contrario los docentes son profesionales destacados por su trabajo con adultos", expresa orgulloso Mántica.

  Santa Fe tiene en su haber educativo ser la primera provincia en contar con estas escuelas. Actualmente, unos 20 mil jóvenes y adultos se animan como María Teresa a saldar una deuda con sus aprendizajes y a tener nuevos proyectos.