El papel que la Iglesia ha jugado en el desarrollo de la vitivinicultura a lo
largo de la historia es indiscutible. La importancia que supo conseguir no se debía sólo al hecho
de que el vino formara parte de la liturgia, sino a que su producción era una fuente de riqueza que
determinaba el poder religioso y su influencia en la población. Esta relación aparece descripta en
toda su magnitud en el "Libro y registro de la bodega del Monasterio de Guadalupe", de 1521, que es
considerado por la enóloga y escritora Isabel Mijares el tratado más antiguo de viticultura.
Conservado en la Biblioteca Nacional de España, la obra de fray Juan Luis de
Siruela está escrita en tela, y en 40 capítulos desarrolla con precisión la producción,
conservación y administración de los vinos.
El libro explica cómo se deben plantar las distintas clases de uvas, menciona
19, explica la forma correcta de elaborar vinos olorosos y dulces a partir de vinos blancos y
tintos, y da cuenta de las normas para evitar el calor de las bodegas y el envejecimiento de los
caldos.
También habla de la importancia del vino para la misa, la comida de los monjes y
el sustento de los pobres, y del valor que tenía como base para medicamentos. Y hasta llega a
especificar cómo debe gastarse el vino según el destino para el que se use, ya sea en el convento,
la sacristía, el hospital o el hospedaje que regenteaban los monjes. O según los diferentes
oficios, el tratado aclara la cantidad que debía suministrarse a los caseros, los amos, los
casados, los clérigos, los capataces, los carniceros, los estudiantes, los obreros y los
sepultureros. Eso sí, las mujeres estaban imposibilitadas de acceder a los placeres del vino, ya
que según rezaba el texto "no se entiende que todos puedan beber vino" (pensar que ahora las
bodegas invierten sumas considerables en acciones de marketing dedicadas a nosotras, y se desviven
por encontrar la fórmula para seducirnos, las cosas cambian). Además, dedica un capítulo entero a
explicar cómo debe darse el vino a los alemanes y a los franceses.
Algo que quiero acotar, como nota de color dirían en el noticiero, es que fue
ahí en Guadalupe donde se plantaron los primeros tomates y pimientos llegados de América, y donde
se molió el primer pimentón. Allí se los presentaron a los reyes, aunque en un primer momento
fueron considerados como curiosidades botánicas y no como alimentos, debieron esperar un tiempo
para ser tenidos en cuenta como tales.
Dinero y poder
Vuelvo a lo nuestro. En esa época, Guadalupe estaba apoyada por la orden
Jerónima, la monarquía y la nobleza, lo que implicaba dinero y poder. Las 2.000 hectáreas de que
disponían daban trabajo a muchos jornaleros. Durante todo el año había 50 personas fijas al mando
de los frailes, y luego en la época de la vendimia solían sumarse otras 600. La magnitud de la
empresa lo demuestra el hecho de que en 1499 había 400 recipientes para almacenar vinos entre
cubas, tinajas, cueros y otros. Fue entonces cuando nació el dicho "mejor que conde o duque es ser
fraile en Guadalupe".
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