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El diccionario de la lengua le dedica un espacio bastante amplio al concepto de novedad, para poder dar cuenta de los sentidos que se despliegan en torno a una palabra que incluye tanto el extremo positivo como el negativo.

Domingo 20 de Enero de 2008

El diccionario de la lengua le dedica un espacio bastante amplio al concepto de novedad, para poder dar cuenta de los sentidos que se despliegan en torno a una palabra que incluye tanto el extremo positivo como el negativo. El primer significado de novedad habla de cualidad de nuevo, sin aclarar que lo nuevo se ha vuelto una cualidad en sí misma al punto que todo lo que es nuevo, en principio es bueno, aunque luego pueda haber sorpresas desagradables.

  A mi madre, por ejemplo, le gustaba decir a modo de sentencia: "Escoba nueva barre bien", lo que habla de una desconfianza de lo bueno de lo nuevo; es decir que habrá que ver si lo bueno de lo nuevo seguirá siéndolo cuando ya no lo sea. Al mismo tiempo el hecho de que no haya novedades viene a informar o anunciar sobre la normalidad de algo o alguien. En ocasiones hasta puede ser una forma de saludo cuando alguien le suelta al otro: "¿Alguna novedad?" Esto a veces crea un mínimo de desconcierto en el saludado en el caso de no tener ninguna novedad que informar o contar. Si por una parte eso quiere decir que las cosas siguen su curso normal, por otra es ineludible una sensación no muy agradable al no tener a mano una buena novedad para brindarle al otro, por lo tanto incrustado en el lugar de un ser sin novedades.

  La pareja de toda la vida entre el sujeto y el objeto en casi todos los puntos del planeta (desde hace ya bastante tiempo) vive una carrera muy especial donde los objetos avanzan en una progresión geométrica, mientras que los sujetos apenan si alcanzan el mínimo de una progresión aritmética. Los diarios y revistas ya llevan años saliendo todos los días en sus dos formatos fundamentales, es decir en papel y electrónicos y los diversos discos de audio y de imágenes se renuevan fantásticamente en una combinación increíble: en mínimos espacios hay un máximo de acumulación.

  En este sentido ya se anuncia un "aparatejo" tipo mp3, en este caso para albergar libros, llamado kindle, y que puede albergar hasta 90.000, supongo que según el tamaño de los textos almacenados, razón por la cual los editores ya se están reuniendo para evaluar las posibles salidas a semejante novedad. Las novedades en los continuos progresos de las técnicas quirúrgicas son tan esperanzadoras como fantásticas, donde los ojos y las manos del cirujano conducen a un robot que opera con precisión robótica. El listado de objetos que progresan sin límite a la vista es prácticamente interminable, pero no hay ningún mapa, ni ninguna pantalla que nos permita saber en qué punto de su evolución está el objeto y en qué punto de su evolución, o acaso de su estancamiento, está el sujeto. Es decir que las creaciones del hombre aparecen como ilimitadas, muchas de las cuales representan un progreso inimaginable hace apenas algunos años.

  Por ejemplo, por estos días se publica que ya se ha podido "fabricar" un corazón para unas ratas de laboratorio a partir de las espectaculares investigaciones con células madre. Como se puede ver no se trata de un corazón mecánico que pueda reemplazar al corazón humano por determinada cantidad de horas (algo que se utiliza desde hace años) sino que comienza a lograrse la fabricación de un corazón natural que no sea hecho por la naturaleza. Todas estas observaciones y, por cierto muchas más, llevan a constatar una paradoja más que elocuente: las creaciones humanas progresan más y más rápido que el propio ser humano.

  Uno de los efectos de esta paradoja es que todos los días se pueden escuchar verdaderas resistencias a ciertos objetos y dispositivos nuevos que sin lugar a dudas revolucionan la vida cotidiana, dentro de los cuales el ejemplo más notorio y palpable son las computadoras, más Internet con todos los objetos auxiliares y no auxiliares del mundo electrónico que han cambiado al mundo. Ante la extensión y la profundización del conocimiento de nada sirven las resistencias, salvo para un envejecimiento prematuro. Con todo, en medio de tantas novedades y de la inundación de informaciones que circula y navega por múltiples sitios quizás conviene poner en relación y en cuestión dos temas cruciales: el conocimiento y la reflexión. En principio no son incompatibles ya que hasta puede ser evidente que el conocimiento y la reflexión pueden y deben ayudarse recíprocamente.

  Sin embargo en muchas ocasiones la fascinación por el saber puede resultar un obstáculo para la reflexión, lo que ya preocupaba a un filósofo griego como Heráclito hace 2.500 años. Nada tan extraño, ya que se encuentra la misma preocupación en el saber popular que identifica críticamente a los que encarnan la figura del que se las sabe todas. No es ninguna novedad la existencia de un síntoma bastante extendido: el que sabe no necesita pensar. Ningún pesimismo al respecto. Tratándose de humanos las expectativas siempre están abiertas de que aparezcan otras novedades sociales además de las técnicas. De lo contrario la humanidad involuciona hacia seres a los que les "cuelgan" objetos varios, ellos mismos colgados en un estado de reflexión cero.

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