La piel es el órgano que nos pone en contacto con el mundo exterior. Cumple
funciones de protección, excreción, respiratoria, regulación de la temperatura corporal y
percepción sensorial. De allí que su estructura sea maravillosamente sutil y compleja.
La piel debe mantenerse limpia y sana para cumplir con todas sus funciones. Los
cambios de temperatura a la que está expuesta en el invierno (ambientes calefaccionados o frío) la
deshidratan, irritan e inflaman, tornándola quebradiza y sin vitalidad.
Una buena alimentación, tomar mucha agua, un tesito anti-estrés (de flores de
pasionaria, lavanda, hojas de melisa, o flores de tilo) y observar cuidadosamente cualquier cambio
en su aspecto, ayudan a mejorar la salud de la piel.
A continuación algunos consejos para preparar la piel para la llegada de las
estaciones cálidas.
Para el cuerpo: lavarse con jabón de caléndula. Utilizar esponjas que permitan
eliminar impurezas y reactivar la circulación sanguínea. Puede ser con cítricos o romero para las
zonas más grasas y con lavanda y avena para las pieles más sensibles. De ser posible después,
hidratar con agua termal y luego con una crema corporal vitaminada, antioxidante y nutritiva.
Para la cara después de una crema o gel de limpieza se aconseja colocar un
tónico herbal.
Hidratar y nutrir con cremas con vitamina E, aceite de jojoba o mosqueta
(antiedad).
Para hacer en casa
Agua de caléndula: calentar hasta primer hervor 25g de flores de caléndula con 1
litro de agua. Tapar y dejar enfriar, guardar en la heladera hasta su utilización. Usar para
limpiar el rostro y como descongestivo cutáneo.
Alimentos antioxidantes
Para tener una piel joven necesitamos de los antioxidantes para poder luchar
contra los radicales libres, unos residuos que favorecen el envejecimiento.
Algunos alimentos ricos en vitaminas y antioxidantes son:
- Vitamina C: cítricos, kiwi, frutillas, tomates y vegetales frescos.
- Vitamina E: frutos secos, aceite de oliva y huevos.
- Betacarotenos: frutas y verduras de color amarillo y naranja.
- Cobre: frutos secos, productos de soja y legumbres.
- Flavonoides: cebolla, ajo, té, cerveza, vino y espinacas.
- Selenio: levadura de cerveza, germen de trigo y cereales integrales.