Estímulos: primeras caricias
Los últimos avances confirman que una comunicación fluida con el niño que va a nacer ayuda a construir un vínculo antes que nazca. La idea es incentivar las experiencias sensoriales del feto, promoviendo el desarrollo órgánico y psíquico.

Domingo 21 de Septiembre de 2008

Los últimos avances confirman que una comunicación fluida con el niño que va a nacer ayuda a construir un vínculo antes que nazca. La idea es incentivar las experiencias sensoriales del feto, promoviendo el desarrollo órgánico y psíquico. Esta hipótesis es sostenida en estudios neuroembrionales según los cuales el sistema nervioso en formación se ve muy favorecido ante una estimulación apropiada, ganando un desarrollo rico y precoz. También se confirmaron los efectos positivos en las áreas física y psicológica, y una rica interacción entre padres e hijos.

El sentido del tacto se desarrolla primero. La primera señal de sensibilidad aparece cerca de la séptima semana de vida, en la zona que rodea la boca. En el transcurso de las dos semanas sucesivas, la zona sensible a las estimulaciones táctiles se va extendiendo progresivamente al resto del rostro, a la palma de las manos y al tórax.

En el transcurso de la 11ª semana de gestación, la planta de los pies y el aparato genital muestran una gran sensibilidad (en el adulto estas áreas sensibles presentan una mayor cantidad de receptores sensoriales). Cuando el feto cumple las 12 semanas dicha sensibilidad se extiende a toda la superficie del cuerpo.

Alrededor de los 5 meses de gestación, toda la epidermis y la mucosa reaccionan plenamente a las estimulaciones táctiles. El tacto del feto madura y se desarrolla en el transcurso de todo el embarazo, permitiéndole recibir información relativa a todo aquello que lo rodea. Los minúsculos receptores cutáneos de los cuales está provisto le permiten distinguir la temperatura, el dolor, la presión, las vibraciones y la estructura. Estos son de notable ayuda para la percepción de su pequeño mundo privado de luz.

Aunque la madre no los percibe, los movimientos fetales comienzan a verificarse en torno al segundo mes de embarazo. Su frecuencia de movimientos van acordes a la maduración estructural y funcional del sistema nervioso del feto.

El objetivo es estimular el tacto y ayudarlo a explorar su pequeño universo. Es de esta forma que el feto adquiere los primeros elementos de conocimiento. A través de la ecografía se ha visto que cuando los músculos del pie exploran algo, reaccionan doblando los dedos y alzando las rodillas.

Alrededor del quinto mes, período comienza a mover las piernas y los brazos con más fuerza. Sus dedos son más ágiles y se mueven libremente; puede tocarse una mano con la otra; acercarla al rostro; agarrarse el cordón umbilical; explorar sus pies y sus rodillas.

No es raro ver al futuro bebé chuparse el dedo gordo durante un examen ecográfico. Se estima que el segundo trimestre es capaz de moverse hasta trescientas veces en un día. Gracias a estas evoluciones motoras, su capacidad de percepción táctil crece progresivamente y de esta forma descubre su universo acuático desarrollando fuerza y coordinación.

En el transcurso del sexto mes, está más sensible a las estimulaciones externas y se mueve con la luz, el sonido o las presiones sobre el abdomen. Su percepción es tan aguda que si la embarazada se acuesta sobre la cama en una posición que a él no le gusta, comenzará a moverse para hacerla cambiar.

Poner la atención sobre estas pequeñas pero tan certeras señales permite conocer al bebé antes de "verlo". Comunicarse con él le dará la seguridad de llegar a este nuevo mundo siendo respetado y escuchado.

Después de nacer

Al momento de nacer el bebé tiene el sentido del tacto perfectamente desarrollado. Su sensibildad se concentra sobre la estimulación cutánea y sobre todo con la boca que establece el primer contacto con el mundo externo, en particular modo con la madre. Despúes de nacer, el contacto epidérmico entre la madre y el hijo conforta al recién nacido y lo introduce en un mundo cálido y seguro, en el nuevo mundo.

 

Estudios recientes afirman que las caricias favorecen al crecimiento físico, psicomotor y afectivo, como también la maduración inmunológica del niño:

El neonato experimenta un desarrollo mental mayor y su sistema nervioso madura con más rapidez.

Al pequeño se le transmite un sentimiento de confianza en el mundo.

Mediante las caricias se vivencian sensaciones de amor y placer.

La piel de la mamá le dará las "baterías" que lo ayudarán a estimular el propio sistema inmunológico.

Los bebés prematuros tienen un mayor aumento de peso y una mayor actividad motora.

La mamá aprende a descifrar las necesidades de su hijo, porque le entrega un momento de atención exclusiva.

Al niño se lo incentiva a tener mayor seguridad en sí mismo y a desarrollar su autonomía.

Lloran menos los niños que experimentan un contacto físico mayor.

                                                                                                                                                                                                   María Paula Lo Celso

Educadora en masaje infantil

paulalocelso@hotmail.com