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Cuando el cuerpo habla por nosotros

La consulta con un psicólogo resulta necesaria para poder aliviar los síntomas

Domingo 29 de Junio de 2008

Es común que al consultorio del psicólogo se acerque un paciente diciendo que lo mandó el médico. Evidentemente esa persona recurrió a un profesional por alguna enfermedad, pero ¿qué importancia le da a lo que le está sucediendo?. Considerar al tratamiento psicológico de la misma forma que a la opinión del médico es determinante para que el sujeto se pregunte por lo que le sucede. Como dice el psicoanálisis "no podemos saber si hay o no una demanda por parte del paciente o si sólo se trata de querer sacarse un problema de encima".

Precisamente, éste es el motor de un fenómeno psicosomático o de un síntoma que repercute en el cuerpo (conversión). Bajo esta situación podemos ver la dificultad en la que una persona se resiste a relacionar ese síntoma con algunos hechos de su vida: como no quiso hablar de eso se encargó el cuerpo. Aquí nos encontramos ante el punto de inflexión en la evolución del tratamiento: si la persona quiere o no preguntarse. Tal vez esto sea el gran obstáculo para avanzar.

La definición del término psicosomático ha sido, y puede ser que aún lo sea, fuente de confusión. Entre las múltiples elaboraciones de teorías y escuelas encontramos como denominador común la relación entre la aparición del fenómeno corporal y lo emocional.

El fenómeno psicosomático tiene un sentido más restringido: se trata de trastornos orgánicos cuya causalidad o evolución no responden a la lógica de las enfermedades orgánicas y tienen relación con los factores psíquicos, (trastornos que no encuadran dentro del campo de los síntomas neuróticos).

Por psicosomático podríamos llegar a entender una variedad de definiciones. Psico se refiere a la mente; somático (soma) al cuerpo. Por consiguiente, esto refiere a una conjunción entre la mente y el cuerpo. Por un lado, tenemos procesos psicosomáticos cotidianos y, por otro, lo que se refiere a una enfermedad.

Hay posturas teóricas que remiten a toda enfermedad como psicosomática, es decir que cualquier enfermedad tiene su origen o su determinación en el psiquismo. En un sentido particular se podría hablar que dichas enfermedades son una acción dirigida en forma directa por parte de la mente hacia algún sector del cuerpo. Entre las enfermedades que se pueden relacionar con las psicosomáticas encontramos las de la piel (psoriasis, brotes, ronchas, alergias, alopecia); las respiratorias, como el asma; las de origen digestivo (úlcera, gastritis); hipertensión y otras.

Podemos diferenciar el fenómeno psicosomático del síntoma conversivo. En el primero, a partir de la intervención de la psiquis, se produce una enfermedad real. Hay una lesión anatómica real, que existe en lo biológico. En el síntoma conversivo la dolencia es registrada en la mente sin que exista un registro en el cuerpo de tal padecimiento, es decir, un dolor de cabeza, una parálisis, una atrofia, dolor de algún órgano, que sería sólo la sensación del dolor sin que haya una enfermedad física que la motive. En estos casos se debería nombrar también a la hipocondría y aunque el tema es muy complejo, vale decir que existe una fijación en la idea de una enfermedad o algo extraño en relación a lo físico, producto también de la mente.

Intensa relación

Lo más relevante es que en todas las situaciones lo psicológico interviene en el padecer físico, pero sólo en las psicosomáticas hay una perturbación biológica donde es menester que un profesional médico pueda seguir trabajando porque hay una enfermedad real, y simultáneamente con el psicólogo, comenzar un tratamiento porque es aquí donde algo no funciona, no se ve, no se habla y se detona en el cuerpo. Si en este caso la consulta sólo se queda con el médico lo que produce tal enfermedad, volverá a actuar de la misma manera o en forma similar.

En los síntomas conversivos es común ver cómo un paciente recurre a médicos sin encontrar respuesta, orientación ni cura. Es que el médico no puede ver qué sucede en la mente, ya que el origen de la enfermedad reside allí.

"Mens sana in corpore sano" es una expresión en latín que ya desde la antigüedad mostraba el intento de una visión integral sobre la salud. Cuándo la mente habla y no se la escucha, ¿qué se siente? Cuando el cuerpo habla y no se lo escucha sucede lo mismo.

 

Soledad Cimadoni

Psicoanalista

soledadcimadoni@hotmail.com

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