Domingo 03 de Agosto de 2008
Vivir no es gratis, cuesta vida. Cuantas veces durante el transcurso de nuestro crecimiento pensamos en la existencia o en el fin de la existencia como una vida feliz. Idealizamos, fantaseamos, imaginamos una familia perfecta, una economía siempre creciente, una armonía invulnerable. Cuando con el transcurso del tiempo esto no sucede, uno puede sentir que todo se cae. Entonces comenzamos a pensar que aquel ideal tan ansiado, cuando no puede ser materializado, nos enfrenta a la frustración.
El primer problema que encontramos es no poder ver cuáles son los recursos con los que contamos. Idealizar es una accion natural a todos los seres humanos, sin embargo al quedarnos anclados en eso perdemos la posiblidad de realizarnos, y lo que es más grave, de disfrutar.
Desde pequeños escuchamos en reiteradas ocasiones el clásico cuento de hadas. La princesa se casa con el príncipe azul. Tal vez, la princesa no exista y el príncipe azul definitivamente tampoco.
¿Acaso alguna vez se ha escuchado tal encuentro? De ser así, sólo es una ilusión, somos hombres y mujeres. Hay una luna de miel y la verdad suele ser maravillosa, la realidad es que la miel se va y la luna queda. Cuarto menguante, cuarto creciente, luna llena, luna nueva. El amor es un botón para la muestra.
Estar enamorado pareciera ser siempre el punto ideal a llegar en una relación, en cualquier sociedad, en cualquier cultura, en cualquier época. Sin embargo, el enamoramiento aunque sea hermoso, aunque sea maravilloso, no deja de ser un estado afectivo que aún no está maduro.
El amor es una revolución, una explosión en la que uno pierde parte de sí y hasta puede llegar a dejarse a un lado. Cuando este afecto va madurando, es donde queda el amor, o no. Es donde en definitiva nos muestra la realidad y no ese ideal para con el otro.
¿Existe lo perfecto?
Entonces, ¿cuál es la vida perfecta?, ¿acaso existe? o ¿qué sería lo perfecto? Desde el momento que comienza la idea de ejecutar cada una de las vivencias que tienen que ver con nuestras fantasías, se experimenta que ésta sería la única forma de ser o sentirse realizado. Cada vez que esto no se produce terminamos sintiendo que algo faltó, que algo falta y por lo cual no podríamos sentirnos plenos.
Es aquí donde encontramos el concepto de la falta. La falta es lo que en algún punto nos marca. La concepción cultural es que no debe existir (el mayor de los imposibles), cuando lo óptimo terminaría siendo ver cómo nos relacionamos con ella.
Final feliz
¿Cómo cambiar nuestra forma de vivir? Pregunta naturalmente difícil de responder ya que el cuestionamiento nunca se acerca a vivenciar realmente cuál es nuestro deseo. Sabemos que nacemos y que morimos, ¿qué hacemos en este recorrido? No existe una ley o una receta sobre lo que tenemos que hacer ya que esto es particular e individual a cada sujeto, sólo es uno quien puede entreveer cómo moverse en ese recorrido y qué es lo que en definitiva nos puede hacer sentir bien.
En definitiva, encontrarnos con el deseo, con eso íntimo tan obstaculizado. Existe un mundo inconsciente, un mundo oculto, de conflictos, traumas, problemas y represiones que ponen una barrera para poder cristalizarlo.
¿Uno se siente bien? Esta es una pregunta que se puede responder con facilidad. Y si se pregunta ¿ por qué; se sabría responder? En definitiva, ¿qué quiere decir esto? Que realmente hay un mundo de afectos, emociones y situaciones que no podemos ver y darnos cuenta.
Tal vez lo más complicado es que no queremos hacerlo. ¿Por qué?, porque generalmente nos nos gusta confrortarnos con aquello que sabemos que nos falta.
Soledad Cimadoni - Psicóloga - soledadcimadoni@hotmail.com
Marketing del vacío
¿Por qué será tan trillada la palabra consumismo? Porque esto no habla de otra cosa más que de expresar lo inherente a una persona.
Muy claramente podemos ver cómo productos no indispensables para la necesidad humana son promovidos para que uno pueda trascender, sobresalir, distinguirse, realizarse.
Lo que hace el marketing es confrontarnos con aquello que no tenemos, hacernos sentir que hay algo al alcance de la mano (el dinero) que simula darnos lo que nos falta.
Constantemente queremos llenar el vacío con lo que el dinero puede comprar, pero que nunca lo va a llenar. Eso es consumismo, el intento repetitivo de sentir que uno puede tener eso que no está. Y se repite una y otra vez.