Consejos para no caer en las trampas del amor y alejarse del hombre equivocado
Algunas mujeres se sienten atraídas por hombres que las controlan, que incumplen sus promesas y que las desprecian. ¿Cómo zafar de esa situación?

Domingo 19 de Enero de 2014

¿Cuáles son las razones que llevan a una mujer a dejarlo todo, incluso la sensación de valía, de dignidad personal en pos de que una relación funcione sin importar lo que tengan que sacrificar?

Culturalmente, las mujeres fueron condicionadas para “ponerlo todo” en una relación afectiva. El problema se presenta cuando esto implica dejarse de lado, sacrificar proyectos personales e incluso cerrarse cada vez más.

Nadie inicia una relación con tintes de maltrato emocional y/o físico (abierto o encubierto) de la nada. Hay que toparse con el “espécimen” justo, en el contexto justo, y tener la mujer una vulnerabilidad especial, casi inconsciente. Me refiero a que hay mujeres exitosas, empresarias, emprendedoras que manifiestan libertad y autonomía en lo laboral, pero en las relaciones interpersonales actúan (sin querer, sin poder verlo) como niñas desvalidas. 

Y ahí está el asunto, no lo pueden ver solas, sin ayuda, porque gana el peso de sus historias no sanadas.  Ese es su talón de Aquiles. Las vuelve vulnerables sin importar la fachada de antidependencia y eficacia que desplieguen. La forma en que se relacionan con sus parejas las hace desesperarse, angustiarse, obsesionarse o derrumbarse. Como si esa relación que no puede llegar a buen puerto, que las lastima y las pone en contacto con la soledad y el vacío existencial fuese el fin de la posibilidad de ser felices alguna vez.

Al principio, esto casi no ocurre. Todo es color de rosa. En mi experiencia, la “luna de miel” dura aproximadamente unos seis meses, aunque puede variar. Luego, de a poco, por cosas que él hace o no hace _pero que ellas esperan_ las mujeres comienzan a sentirse lastimadas, resentidas, enojadas, hasta furiosas, y reclaman, casi sin excepción, lo que es realmente justo. Sí, tenés razón: él mira a otras, ya no
está con vos como al principio, algo lo ha alejado y te preguntás qué hiciste mal o qué podés hacer para que vuelva a desearte como antes.

Escucho a diario: “pero él dice que me quiere”, “me juró amor eterno”, “me hizo conocer a su hijo, o a su familia, “si él no me amara no me hubiese presentado a su mamá o a sus amigos”. De ese callejón sin salida sólo podés escapar centrándote en vos, preguntándote: “¿Cuán cómoda estoy en esta relación en la que apuesto todo?”, diciéndote la verdad acerca de lo que ocurre, parándote sobre la realidad,
dejando atrás la fantasía, la ilusión y empezando a atribuir a los actos de él su auténtico significado. Al preguntarles para qué se quedan en una relación de la que claramente salen heridas, en la que no son consideradas ni respetadas, contestan: “Yo lo amo, lo amo con el alma” (sé honesta: con “locura”, con ansia, con una gran desesperación que a veces raya el martirio), “esta es mi última chance de ser madre, o de casarme”, “está tan difícil encontrar alguien que quiera algo serio...a todas mis amigas les pasa lo mismo, no hay hombres”.

Hay respuestas que te dejan sin salida o que son simples racionalizaciones, defensas o generalizaciones. Y más importante aún, hay preguntas que abren posibilidades y hacen que nos paremos sobre
nuestros propios pies y nos permitan cuidarnos. Lo que él tiene para ofrecer en esta relación (que ya no parece querer  darte o que de antemano aclar que no esperaras) ¿es lo que vos  necesitás?

Si tu respuesta es: “quiero caos, zozobra, intensidad, nudos, mariposas en el estómago”, no hay nada que hacer, tenés lo que deseás.

 Ahora bien, preguntate por qué te sentís mal. Si en cambio deseás confianza mutua, compromiso, tranquilidad, equilibrio, estabilidad, avanzar hacia una mayor intimidad relacional (y no estoy hablando de
“buen sexo”), si te gustaría tener alguien con quien poder desnudar tu alma no es en ese lugar donde lo vas a obtener.

Las relaciones saludables no comienzan de modo intenso. Puede que no estés acostumbrada a ellas, y lo que no se presente como un desafío te suene aburrido, pero el amor real, verdadero, es sereno, confiable, nos hace sentir paz, nos estabiliza y nos ayuda a plantar raíces.

Te propongo que busques a alguien que en verdad desee estar con vos y con quien puedan acompañarse, transitar y compartir un camino como pareja, como pares adultos. Ningún príncipe que te salve de tu helada soledad, ni un niño en problemas a quien cuidar.

¿Qué valor tiene que te diga que te ama, que sos la mujer de su vida, si en los hechos concretos se le complica estar con vos y no te tiene verdaderamente en cuenta?

Algunas señales que te pueden dar la pista de que estás siendo víctima de una relación de la que podes salir herida son: ¿en ocasiones te trata con frialdad sin motivo?, ¿te sentís algo incómoda con él?,
¿temés cometer o haber cometido un error imperdonable?, ¿mira a otras mujeres mientras está con vos sin importarle que te des cuenta?, ¿bromea sobre aspectos tuyos que puedas haber compartido con él sobre los que te sentís insegura?, ¿te cela o controla cómo te vestís con la excusa de protegerte, alegando que “todos los hombres son iguales” (él también)?, ¿habla mal de las mujeres de su pasado y te dice lo mal que se portaron con él?

Prestá atención también a su consumo de alcohol y/o a su euforia. No interpretes el hecho de que te haya prestado considerable atención y pasado muchísimo tiempo con vos como una señal de afecto since
ro y saludable. Puede que sólo esté recabando datos para manipularte. No rebeles todas tus intimidades a quien es prácticamente un extraño. ¡Alerta! Si te dice que con él se acabaron todos tus problemas suena lindo para la niña que llevás adentro, pero si aprendés a percibir como adulta, sabe a cuentos de hadas. Utilizá tu inteligencia, y date tiempo suficiente para conocer a las personas. Si al evaluar el nivel de confort que la relación ofrece sentís tranquilidad, calor óptimo, comodidad, respeto, cercanía, seguramente esa relación puede llegar a buen puerto.