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Bienestar o calamidades de la mano de las creencias

Es un lugar común atribuir las supersticiones a personas con escasa formación o nivel cultural, pero la realidad es que casi nadie está a salvo de este tipo de pensamientos. Y aún más, pueden influir de muchas maneras en su salud psíquica.

Domingo 02 de Marzo de 2008

Es un lugar común atribuir las supersticiones a personas con escasa formación o nivel cultural, pero la realidad es que casi nadie está a salvo de este tipo de pensamientos. Y aún más, pueden influir de muchas maneras en su salud psíquica.

  Un chico se cae y el adulto presuroso corre a asistirlo, le pasa la mano por el lugar del cuerpo que se golpeó al tiempo que le dice: "Sana, sana, colita de rana". El niño deja de llorar y ya no siente dolor. Un hombre llega a un hotel, pide la habitación que acostumbra ocupar, el conserje le informa que está ocupada y puede surgir un pensamiento hostil: "Ojalá se muera". Al día siguiente, la habitación queda libre por la muerte de su ocupante.

  Pasar debajo de una escalera, cruzarse con un gato negro, los malos o buenos presagios del número 13, pensar en quien desde hace tiempo no tenemos noticias y cuando preguntamos nos informan que ha muerto o, en una circunstancia mucho más benévola, recibir un llamado telefónico de esa persona, son algunas de las situaciones inquietantes que generalmente entran en la categoría de las supersticiones.

  En el imaginario popular, ciertas circunstancias, objetos, palabras y pensamientos están infundidos de poderes e intencionalidades maléficos que recaerán sobre el sujeto que les otorga credibilidad. Se podría pensar que este tipo de pensamientos es típico de las personas con baja formación cultural, pero casi todas las personas están habitadas por alguna superstición. Dicho de otro modo: no existiría persona que esté libre de estar habitado por alguna creencia que le infunde un temor, aparentemente injustificado.

  La existencia de supersticiones, tanto en individuos como en sociedades requiere que tratemos de encontrar las razones y al mismo tiempo tratar de entender por qué perviven en las sociedades actuales y en personas con alta formación intelectual.

  El psicoanálisis, mediante el estudio de las obsesiones, ha descubierto que la esencia de las supersticiones es el efecto de la represión que al recaer sobre un impulso generador de un afecto cualquiera genera angustia. Cuando la represión irrumpe en la conciencia las razones que la provocaron quedan desconocidas. La persona que la padece, cuando intenta una explicación de su aparición, generalmente la asocia a situaciones, actos o palabras. En este sentido esas circunstancias o cosas pasan a considerarse "peligrosas" promoviendo estados de angustia. Cuando esa angustia coincide repetidamente con las cosas que son consideradas peligrosas, éstas adquieren el carácter de inquietantes, ominosas y crean ese estado anímico que conocemos como superstición.

  Si bien esta aproximación señala la médula de las supersticiones, no alcanza a explicarlas, pues existen estados de angustia que se ligan a objetos o animales, como es el caso de las fobias, y no por ello tienen ese carácter de siniestro. Para que podamos decir que un objeto cualquiera es "siniestro", algo debe asociarse a la angustia que éste aparentemente provoca. Lo que se agrega es, entonces, un tipo de pensamiento que en las épocas arcaicas de la humanidad regía la cultura de los grupos humanos. Pensemos por ejemplo en los tabúes, que no son otra cosa que las religiones de las primeras civilizaciones.

  En la actualidad es posible reconocerlo en el pensamiento que tienen los niños en los primeros años; por ejemplo cuando un niño se golpea le dice "mala, mala" a la mesa u objeto con el que se golpeó. Ese pensamiento es el mágico animista y es otra de las razones por las que las supersticiones y el carácter siniestro de algunas cosas se transmiten y perviven a través de las épocas y de las sucesivas generaciones.

  Es, para hacer una descripción gráfica, como si el hombre funcionara con dos pensamientos. Por una parte está el pensamiento racional, y por otra, los restos de ese pensamiento arcaico, de carácter mágico. El primero se ajusta a la lógica formal, en tanto el segundo queda adherido a las vivencias y las sensaciones que ellas promueven y que son las que le otorgan credibilidad.

  Otro factor necesario a tener en cuenta para la producción de lo ominoso es que el psiquismo funcione en un estado en el que la realidad y la fantasía no estén claramente delimitados. Es un estado en el que la omnipotencia de las ideas y de los deseos le otorgan a la realidad psíquica un valor exagerado, un peso que la hace prevalecer sobre la realidad fáctica. Estados que son habituales en los primeros años de la infancia y que el posterior desarrollo y consolidación del criterio de realidad no alcanza a eliminar totalmente.

  En síntesis las supersticiones son producciones psíquicas que se enraizan en complejos infantiles reprimidos que son reanimados por impresiones exteriores que se consolidan cuando convicciones primitivas ya superadas parecen hallar nuevas confirmaciones en la actualidad.

 

Enrique M. Novelli

Psicoanalista

Miembro de la Asociación

Psicoanalítica Argentina

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