Basura
Entre nosotros el término basura suele representar un insulto sin retorno. No es de extrañar, porque la basura es esencialmente basura cuando se trata de algo que no tiene reconversión posible. En este sentido un humano basura es alguien irrecuperable, capaz sólo de lo peor, un ser sin otro, en suma sin un otro que lo limite.

Domingo 05 de Octubre de 2008

Entre nosotros el término basura suele representar un insulto sin retorno. No es de extrañar, porque la basura es esencialmente basura cuando se trata de algo que no tiene reconversión posible. En este sentido un humano basura es alguien irrecuperable, capaz sólo de lo peor, un ser sin otro, en suma sin un otro que lo limite. Algo así como la falta de una instancia en su propio aparato psíquico que resulte un freno en su accionar. Sabedoras de esta particularidad universal de los humanos, las sociedades instauran límites, barreras y sanciones que apenas si logran alcanzar algunos grados de lo que se ha dado en llamar desde hace años calidad de vida.

La expresión calidad de vida aplicada a nivel individual hace que cada uno circule con su particular balance en cuanto a las pérdidas y las ganancias. En cambio a nivel más general, la tan mentada calidad de vida sufre en forma perceptible un deterioro que las crisis suelen agravar. Es el caso de la crisis actual del mercado financiero de los EE. UU. (parte de Europa, y España en especial) que tumbó a varios gigantes de las finanzas, los llamados bancos de inversión que se dedicaron a la timba financiera con préstamos hipotecarios de alto riesgo y altas ganancias.

Un casino financiero con directores y presidentes ejecutivos que en algunos casos ganaban más de un 1 millón de dólares mensuales para llevar a sus empresas a la bancarrota. Un tremendo culebrón que ya lleva un año de rescates y salvatajes a cargo del gobierno de los EE.UU. con el peor presidente de su historia al final de su mandato. La mayor crisis del sistema capitalista fue en el famoso crack de 1929 con un desastre bursátil en la bolsa de Nueva York y otras.

Con ángulos distintos, diferentes analistas económicos comparan la crisis actual en los centros del mundo con aquella tan famosa de 1929 que causó no pocos desastres individuales y generales. En la actual, todavía están por verse los efectos en este rincón del mundo, aunque en los centros del planeta algunos bancos (aún sin pérdidas) ya comenzaron con la receta de siempre: echar gente a la calle por si acaso. Un detalle que tal vez no sea tan menor es que esta crisis tiene una especie de jerga propia: hipotecas subprime que es el nombre técnico de aquellas de alto riesgo. Más popularmente conocidas como hipotecas basura ya que se trata de préstamos a gente con dudosa capacidad de pago.

Durante bastante tiempo el engendro funcionó y se generó una burbuja inmobiliaria con grandes ventas, y obviamente grandes ganancias. Como se sabe el destino más probable de una burbuja es explotar y no fue necesario una excepción que confirme la regla. La regla se cumplió a raja tabla y las financieras, siempre tan rapiñas, en este caso se quedaron con la devolución de las propiedades de los propietarios que dejaron de pagar y por lo tanto también dejaron de ser propietarios. Todo en el mismo acto. A las propiedades devueltas la jerga de la crisis le puso un nombre elocuente: activos tóxicos. Es decir propiedades devaluadas que destartalaron los balances de estos bancos rapiñeros. Nada más dramático que activos tóxicos metidos en el riñón de las finanzas, que de pronto encuentran el remedio y el destino menos esperado: aseguradoras, bancos y financieras son estatizadas por el gobierno más liberal del mundo, o bien que dicho gobierno se haga cargo de sus pérdidas. Todo esto seguramente habrá producido más de un movimiento en la tumba de Marx en su cementerio londinense.

Manuel Rivas recordaba y recreaba el sábado en el diario El País de Madrid, al otro Marx, el de los hermanos Marx. A propósito de la famosa crisis de 1929 Rivas hacía referencia a uno de los chistes más ácidos y más famosos de los notables humoristas americanos. Zeppo decía: "Papá ha llegado el hombre de la basura", y Groucho contestaba: "Dile que hoy no queremos".

Como se trata de una crisis en las alturas es muy posible que la inmensa mayoría de la humanidad la siga con indiferencia, o que simplemente la indiferencia ni siquiera la siga, más allá de los títulos en los medios. Las voces de los economistas que hace décadas vienen haciendo un culto del mercado, predicando siempre con el catecismo norteamericano en la mano, es notable que hoy practican el culto del silencio. En su lugar surgen otras voces que sugieren y desean que esta notable crisis derive en el remanido sentido que tienen las crisis para los chinos: que representan una oportunidad. Hay que reubicar a la basura. La basura no está en las hipotecas, ni mucho menos en la gente que está detrás de ellas que para las altas finanzas son consideradas (mejor desconsideradas) como basura. A la gente le acercaron propiedades de las que tuvieron que huir. La basura está en las finanzas y en las basuras que militan en la codicia.