Domingo 21 de Septiembre de 2008
El término angustia proviene del latín: angustia, angostura, dificultad. Hay quienes sostienen que el origen del término se refiere a la angostura que se siente en el pecho. El diccionario de la Real Academia Española la describe como aflicción, congoja, ansiedad. Tambien, como un temor opresivo sin causa precisa, dolor o sufrimiento.
La angustia es un afecto tan antiguo como la humanidad. Algo que se siente, que se sufre con cierto nivel de certeza. Cotidiano, no excepcional. Solemos decir que estamos angustiados cuando ha pasado cierta medida, cuando comienzan a borrarse los límites que necesariamente la deben enmarcar para que sea operativa.
Este tema ha sido y sigue siendo estudiado por la psicología y el psicoanálisis entre otras disciplinas. Sigmund Freud a lo largo de su obra ha variado su conceptualizacion. En uno de sus textos la define como algo sentido, un "estado afectivo" que conlleva un carácter displacentero: "la mayoría de los neuróticos se quejan de ella, la señalan como su padecimiento más horrible y realmente puede alcanzar una intensidad enorme y hacerles adoptar las más locas medidas", dice.
Jaques Lacan, afamado psicoanalista, ubica la angustia como lo más real en el ser humano. Nos moviliza, nos hace interrogar sobre nuestro sufrimiento.
¿Dónde ubicar el primer momento en que un sujeto vivencia angustia; dónde ubicar su génesis? Freud propone al acto del nacimiento como el arquetipo de toda angustia traumática. El nacer es traumatico, se pasa de un estado óptimo, ideal, placentero, a otro donde comienza a padecerse el déficit de vivir hambre, frío, calor, dolores. Casi se puede decir que nacemos llorando. Luego de estas experiencias, ante situaciones de peligro se repite esta vivencia de angustia que permaneció inscripta en nuestra psiquis, entrampada en los rincones del inconsciente.
¿Qué encontramos en la clínica a la hora de abordar un caso; cómo se manifiesta la angustia? Diferentes son las formas en que se presenta. Están quienes llegan con un síntoma claramente definido; quienes dicen sentirse angustiados sin saber el motivo; quienes se encuentran inmovilizados para la acción; quienes presentan una angustia desbordada, entre otros ejemplos. En resumen, vemos cómo la angustia puede tener desde un motivo concreto, con una acción muy intensa hasta la aparición de la misma, sin tener la menor idea de qué es lo que la motiva.
Tanto en la neurosis obsesiva como en la neurosis histérica es muy común que aparezca un síntoma, que intenta evitar el encuentro con esa angustia. Es decir, la tapa, la esconde. Se entiende que el síntoma va a seguir apareciendo una vez tras otra. ¿Cuál podria ser un síntoma? Dolores corporales, rituales, ceremoniales, parálisis, trastornos sexuales, desmayos.
La brújula en la dirección de la cura es la angustia, es a partir de este tema que nos afecta, que nos duele, que podemos indagar para encontrarnos con la raíz del malestar. Ahora bien, ¿qué hacer con esto? Desde el psicoanálisis, el elemento más importante con el que se trabaja es la palabra del paciente, sus dichos. Todo aquello que pueda decir de su malestar, tratar de producir cierto movimiento de ese "no sé, no tengo idea", y de ese miedo a sentir que sus palabras no digan nada, o digan mucho. El analista esta ahí para la escucha, la indagación sobre su discurso. En definitiva, todo lo que dice más allá, de lo que quiso decir.
Soledad Cimadoni
Psicóloga
soledadcimadoni@hotmail.com