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"Actualmente estar en pareja no es más una obligación y casarse aún menos"

La psicoanalista Patricia Cuestas reflexiona sobre la vida conyugal y el amor.  "El adulterio y la infidelidad se le plantea a todas las parejas, se trate de fantasías consumadas o no", señaló. 

Domingo 02 de Diciembre de 2012

Fidelidad o adulterio; monogamia o relaciones extraconyugales; divorcio o experiencias poliamorosas. ¿Es posible encontrar una solución al decaimiento del deseo en la vida conyugal?; ¿cómo hacer para preservar una vida erótica intensa en el marco de la vida en pareja? La psicoanalista rosarina Patricia Cuestas se interroga sobre las condiciones de la vida en pareja y explicita las "dificultades" de la conyugalidad, aclarando que lejos de ser un problema actual el tema ocupó a poetas, filósofos y pensadores de todos los tiempos.

"El adulterio y la infidelidad se plantea a todas las parejas, ya sea que pasen al acto o no, es decir que se trate de fantasías consumadas o no", asegura Cuestas, autora del libro "Clínica de la vida conyugal. Malestar, síntomas e invención" publicado por la editorial Letra Viva. En diálogo con La Capital la psicoanalista admite que cualquiera sea el modelo de pareja elegido sigue siendo un "desafío" para la mayoría de las personas construir una historia duradera sobre el amor-pasión en tiempos donde vivir de a dos no es más una obligación y casarse aún menos.

En 1929 el filósofo Bertrand Russell propuso una "solución" racional al problema de la pareja en un ensayo titulado "El matrimonio y la moral" en el que propone que la razón de ser de la pareja reside únicamente en el hecho de educar a los hijos: "El matrimonio es una asociación destinada a durar el tiempo de la juventud de los hijos", decía. Y proponía el divorcio sin faltar a los deberes parentales, haciendo una vigorosa defensa de las relaciones extraconyugales. Dos siglos antes, Rousseau hacía la apuesta inversa: la de un amor único.

"La pareja moderna se encuentra ante una antinomia que como vemos existió de antaño pero que no se ponía en cuestión porque los matrimonios eran en su mayoría arreglados por la familia. Hoy hay otro tipo de exigencias al formar una pareja; la de que se constituya no sobre valores religiosos o políticos tradicionales sino en base a un amor más humano", asegura Cuestas.

— ¿Coincidís con la afirmación que sostiene que hoy la pareja está en crisis?
— En esta afirmación se esconde una gran paradoja ya que los que están solos buscan un "alma gemela" con quien compartir la existencia, incluso los homosexuales reclamaron y consiguieron su derecho al matrimonio, entonces vemos que hay una insistencia a vivir en pareja a la vez que se habla de crisis. La posibilidad del divorcio así como el derecho al placer o al goce agitaron las aguas en torno a la pareja, pero algo no ha cambiado, el apego a la misma. Hoy una pareja puede ser la unión de dos hombres, de dos mujeres, ya sea que estén casados o en unión libre. La plasticidad de estas conformaciones hablan de la vitalidad de este tema y del valor aún vigente de tener un compañero/a, en una época donde lo que no está asegurado es el futuro.

— ¿En el contexto actual la monogamia es posible. Una solución sería la poligamia?
— Para responder seriamente sobre el tema de la monogamia o la poligamia hay que hacer intervenir otros factores tales como los demográficos, económicos y políticos, además de los que intento poner en juego al tratar estos temas de la vida conyugal desde el psicoanálisis. Sin embargo, el modelo monógamo de un partenaire único para toda la vida es algo que tiende a reemplazarse por otro tipo de uniones más abiertas a la polisexualidad haciendo la salvedad que esto tampoco es nuevo ya que la humanidad, antes del paréntesis monógamo cristiano, probó varios modelos al mismo tiempo sin encontrar la "solución" que todavía parece seguir buscando.

— ¿Qué características definen a las parejas actuales?
— Tal vez la característica más remarcable sea la pluralidad. Hay quienes buscan la completud esencial del amor de a dos, basados en el mito de Aristófanes, según el cual cada uno busca a la otra mitad de sí mismo. Ellos tienden a formar parejas que se comprometen y apuestan a la fidelidad a ese amor, profundizando el placer de ser dos sobre el gusto por la diversidad. También están quienes no creen más en una bella historia escrita por los dioses y afirman que toda unión es el fruto del azar o de una atracción momentánea o aun de un determinismo cultural. Y quienes sostienen que si magnificamos tanto la vida en pareja es porque tratamos de evitar nuestra soledad esencial y desde este punto de vista para qué buscar esta muleta provisoria que sería la pareja y apuestan a la soltería e incluso se comprometen en fuertes luchas contra el deseo de unión o casamiento, con el riesgo de caer en una rutina de seducción-separación que puede tornarse tan molesta y deprimente como la vida en pareja de la que intentan escapar. Antes uno era casado o soltero, no había más que esas posibilidades, lo que posiblemente no tornaba ni al matrimonio ni a la soltería tan atractivos en sí mismo. Mientras que, actualmente, vivir en pareja no es más una obligación y casarse aún menos.

— Los hombres dicen que no entienden a las mujeres y las mujeres dicen que no hay hombres. ¿Qué motiva ese desencuentro?
— Desde el Génesis hasta ahora, se trata de algo estructural que habita la sexualidad humana, marcada por una falla instalada por el hecho mismo de que hay lenguaje, que es por otra parte lo que nos diferencia de los otros seres sexuados. Respecto de la sexualidad o del deseo, que es lo mismo, los seres humanos debemos arreglárnosla a partir de lo que nos será transmitido por medio del discurso de quienes estuvieron a nuestro cuidado y será ese "material" inconsciente el que se transformará en la guía que nos hará interesarnos o rechazar a alguien.

— ¿Qué debe hacer una pareja para mantener su vida erótica y no caer en la rutina?
— La pareja moderna como la de antaño se encuentra ante la misma antinomia que es la de cómo construir una historia duradera, sobre el amor y el deseo que como todo lo humano son forzosamente efímeros. Las salidas o soluciones hasta ahora planteadas son frágiles y renovables al ritmo del mercado. Sólo dando lugar a la falla que anida en cada vínculo podremos diferenciar el psicoanálisis de las propuestas de la psicoterapia, obstinada en hacernos creer que la disparidad puede arreglarse. No tenemos posibilidad de abolir o resguardar a quienes nos consultan de lo que puede aparecer como una desigualdad, incluso como una injusticia, pero sí podemos escuchar el lugar desde donde habla cada uno.

— A partir de los cambios con la ley de matrimonio igualitario ¿notás un sinceramiento en las relaciones amorosas?
— El atravesamiento en lo cotidiano de estas experiencias que antes se mantenían en secreto nos ha llevado como sociedad a cultivar nuevas formas de sensibilidad que se plasmaron en una ampliación de derechos. Consecuencia de esto es, por ejemplo, que cuando una familia descubre que su hijo es homosexual, la respuesta más común no es hacer de eso un escándalo, sino abrirse a la cuestión de la homosexualidad e informarse. Los homosexuales se muestran como cualquier pareja heterosexual, cosa que no pasaba años atrás. Eso no quiere decir que como analistas no debamos preguntarnos por estos cambios ni dejemos de escuchar los ruidos que esto produce ya que nuestro objetivo no es ofrecer recetas ni soluciones sino tratar desde la fragilidad de lo efímero de elaborar nuestras respuestas.

 

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