Patxi Otaño colgó el casco de piloto y se convirtió en un gran orfebre de las motos

El rosarino es uno de los pocos restauradores de motos clásicas japonesas que hay en el país. “Los dueños sueñan y esperan que su máquina salga del taller como si fuera recién salida de la línea de montaje. En eso siempre nos basamos, y cumplimos”, le aseguró a Motores.

Domingo 31 de Marzo de 2024

Se percibe a simple vista que tiene una pasión innata por las motos. También un gran talento para reconstruirlas. Su trabajo es altamente valorado en el mundo de los tuercas. Francisco Otaño es uno de los pocos restauradores de las potentes máquinas clásicas japonesas de la década del 70 que hay en el país. Patxi le abrió las puertas de su taller en Funes a Motores para exteriorizar cómo es su particular rol profesional. Ingresar al atelier es entrar en un túnel del tiempo. Por afuera no hay letreros. Las paredes están gastadas. Pero una vez adentro de ese maravilloso mundo se respira y destila pasión por los fierros. “Toda mi vida gira alrededor de las dos ruedas”, dijo este rosarino de 63 años y ex piloto de diversas disciplinas del deporte motor a modo de prólogo. “Los dueños sueñan y esperan que su producto salga de nuestro lugar como si fuera recién salida de la línea de montaje de la fábrica. En eso siempre nos basamos, y cumplimos”, acotó con cierto orgullo interno, mientras mira a su alrededor las decenas de máquinas que esperan ser atendidas por este artista.

Patxi expresó de entrada que su camino en este artesanal oficio empezó de lleno en 2007. Su instinto pasional lo llevó a encontrarse casi de casualidad con lo que considera su mayor frenesí. Años tras año viene demostrado ser un referente en el mundo de la restauración, y su legado perdurará en el tiempo gracias a su dedicación y habilidad en este campo.

Cómo empezaste a incursionar en este especial mundo de la restauración?

Todo comenzó como un hobby. Pero en 2006 fue el quiebre. Hubo una exposición en el Patio de la Madera y decidí llevar 9 motos que había restaurado de las 12 que tenía en casa. En ese momento me dije que si alguno me quería comprar una, la vendía. Mirá cómo habrá sido que me llevaron siete. Entonces ahí mismo empecé a analizar que podía ser un negocio de tiempo completo. De hecho, arranqué al año siguiente y desde entonces es mi actividad principal.

¿Qué buscan los dueños cuando traen una moto?

Quieren una moto perfecta. Sueñan y esperan que salga del taller como si fuera recién salida de la línea de montaje de la fábrica. Y eso siempre nos basamos y cumplimos.

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La Honda CBX (1047cc) y la Kawasaki 900 son las más buscadas por los coleccionistas.

¿Hay marcas que trabajan con mayor frecuencia?

Sí, las que más hacemos son Honda y Kawasaki. De hecho, la CBX y la Kawa 900cc son las que más restauramos o nos piden.

¿Solo restaurás?

No, también compro y vendo motos. Depende de la circunstancia, pero acá hacemos de todo en realidad.

¿Sos el orfebre de las motos?

Nunca me lo habían dicho, pero debo admitir que es una muy buena identificación, ja.

¿Cuál es tu fuerte en materia de modelos?

La de restaurar motos japonesas, esencialmente de la década del 70. Esas mismas que venían de Oriente embaladas en cajas con dos amortiguadores atrás, y no uno solo. En ese sentido, en los 80 hubo un cambio. Las motos perdieron el alma, pero pasaron a ser más eficientes. No obstante, hoy por hoy, esas dos ruedas “modernas” valen mucho menos que las de los 70.

¿Te dedicás a restaurar sólo motos de gran cilindrada? No se ven en el taller modelos chicos.

Básicamente trabajamos motos grandes por la sencilla razón de que restaurarlas cuesta mucho dinero. Por ejemplo, un cromado de una moto de 200cc cuesta lo mismo que una 1000cc. La pintura igual como las muchísimas horas que le ponemos. La diferencia es que cuando el trabajo está hecho, vemos que una moto vale un peso, y la otra cuesta 10. Entonces, el precio del producto final termina definiendo en qué cilindrada podés invertir el tiempo y en qué no. Los resultados están a la vista.

¿Sos el único que hace este trabajo artesanal?

Hay muchos que han probado y dejado. Nosotros estamos desde hace muchos años. Además, tengo una particularidad. Arranqué con estas motos en el año 80 porque corría en el Superbike junto a Daniel (Marrocchi). Mirá si conozco bien estos modelos. Toda mi vida gira alrededor de las dos ruedas. Es mi pasión, mi trabajo. Mi hobby. Me dedico de lleno a esto, y creo que esto me sale bien, ja.

Además sos de viajar en las dos ruedas.

Sí, eso es otra de las cosas que me apasiona. Por ejemplo, en mayo nos vamos a la Isla de Man. Veremos la competencia y andaremos en moto. A eso le agrego que el año pasado estuve en Berlín por los festejos de los 100 años de BMW. También anduve por los Alpes y los Pirineos. Si puedo viajar en dos ruedas, no lo dudo.

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La próxima joya a restaurar será esta Kawasaki KZ 750.

¿Qué es lo primero que mirás cuando llega una moto para restaurar?

Lo primero que buscamos cuando estamos frente a una moto es que esté sana. Es decir, que esté entera porque vamos a construir algo que demandará dedicarle muchas horas de trabajo y esfuerzo. También mucho dinero. No podemos construir sobre el barro. Tenemos que tener bases sólidas. Si la moto está bien, metemos manos a la obra. De lo contrario, no.

¿Entonces elegís en qué motos vas a trabajar, ya que hay muchos modelos y también componentes que la hacen diferente en torno a la estética?

Sí, porque la gente confunde y cree que las motos clásicas son todas iguales. Y no es así. Esto es un trabajo muy fino y preciso que demanda todo tipo de inversión. Ponemos manos sobre una pieza clásica. Única.

¿Cómo sería el caso? , porque para muchos un modelo no difiere de otro.

Es verdad. Por eso daré un ejemplo de autos para que se entienda la diferencia. Hay muchas personas que desearían tener una cupé Chevy, pero hay pocos fanáticos que realmente estarían locos por tener una Chevy cuatro puertas color blanco y con techo vinílico negro. Sin embargo, las dos versiones se hicieron en la misma línea de montaje y, sin embargo, no tienen el mismo valor. Una vale un montón de plata y la otra nada. Lo mismo pasa con un Torino cuatro puertas o una ocupe. Por eso, no todas las motos tiene el mismo valor.

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Otaño hace un trabajo artesanal que trasciende las fronteras de Rosario. Es un genio en su rubro.

¿Tampoco todas las motos son importantes entonces?

Por supuesto. Hay modelos y versiones que difieren de precio, estética y búsqueda. Por eso es que nosotros tratamos de focalizarnos en las que son realmente muy buscadas. Un ejemplo es que el otro día entregamos una Honda CBX (1047 cilindradas) número 19 restaurada. Y hablamos de un modelo que salió durante 1979, 80, 81 y 82, aunque las coleccionables son 79 y 80. En tanto, la Kawasaki 900 también una pieza muy buscada por los coleccionistas o amantes de las dos ruedas. De hecho, ya hicimos 37 Kawas.

¿Los coleccionistas de autos se volcaron a las motos?

En muchísimos casos, sí. Y ese cambio tiene múltiples sentidos. Uno es el espacio físico, ya que donde entra un auto se pueden ubicar cuatro motos. Otro tema es que un fierro de estos es una custodia de valor. Hoy en días comprás una dos ruedas a 10 pesos y el año que viene valdrá 11. Y así irá creciendo el capital con el correr del tiempo.

¿Te llaman sólo del país o también del exterior?

De todos lados. De hecho, entregamos motos en Australia, Japón, Estados Unidos y algunos países de Europa.

¿Cómo hacés para restaurarlas en esos casos?

Pedimos que nos hagan afuera las piezas que consideramos necesarias y nosotros nos encargamos del resto. Y una vez que tenemos todo, vamos y la armamos. Al haber vivido en Miami tengo además muchos contactos que se dedican a este rubro y conozco gente a la que también le puedo encargar algo específico. A eso le agrego que consigo repuestos originales en Japón y en Europa. Son muchos años y en este rubro no hay tantos especialistas.

¿Cómo es la mecánica a la hora de poner manos a la obra?

Lo primero que hacemos es desarmarla íntegramente. Luego vemos cómo son y están cada uno de los tornillos que lleva la moto, es decir, si están redondeados o no. Hacemos foco en que si no son originales lo cambiamos por uno genuino. Lo analizamos uno por uno. Evaluamos cada pieza y vemos qué reemplazar. A eso le sumo que se galvaniza y cromamos lo que sea necesario como también se arena la parte que consideramos hacerla. Se reemplazan muchas partes. Incluso, en Rosario hay un fabricante que nos hace muchas piezas de primera calidad. Pero la verdad es que se lleva todo a cero y se deja todo a nuevo.

Y las calcomanías de los 70, ¿cómo las consiguen?

Conocemos muchas cuevas en el mundo que tienen este producto. Aunque en este caso puntual, tengo un proveedor directo de Japón.

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Patxi sostuvo que restaurar una moto lleva entre 300 y 400 horas sin contar el motor.

¿Qué tiempo te lleva restaurar una moto?

De 300 a 400 horas de trabajo sin contar el motor. Pasa que cada moto es diferente.

¿Qué te genera cuando ves la obra terminada?

Más que generar, lo que más me llama la atención es cuando vamos a la exposición que se hace en Buenos Aires, que es muy grosa, convoco a gente de todos lados y van felices. Tal es así que la otra vez había 25 motos restauradas en nuestro taller a nueva. Los europeos que fueron a la muestra no podían creer lo que veían. Sinceramente, lo que más me mueve es la gran cantidad de motos que hicimos. Es algo que me sorprende y me llena de orgullo a la vez. Es que cada moto tiene muchas horas de uno. Y mucho amor. Acá no las maltratamos, aprendimos a mimarlas.

Los dueños de estas dos ruedas ya que saben que recibirán un trabajo impecable y de alta calidad. Patxi ha demostrado ser un referente en el mundo de la restauración de motos clásicas japonesas. Se percibe que es un artista en su rubro y su talento es reconocido por todos aquellos que comparten y despuntan la pasión fierrera.

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Un sonriente Valentino Rossi recibió en 2016 la moto realizada por las manos mágicas de Patxi Otaño.

“Le entregué una moto a Valentino Rossi”

Otaño recordó cuando le pidieron desde la organización del MotoGP de Termas de Río Hondo una dos ruedas para el ídolo italiano. “Cuando se la dí, me dijo que le encantó”, narró Patxi.

Valentino Rossi le ganó la carrera en Termas de Río Hondo a Marc Márquez en 2015 tras la caía del español a poco de la bandera a cuadros y todo fue una locura. La gente quedó maravillada. Todo se tiñó de amarillo y encima Il Dottore subió al podio con la camiseta argentina con el 10 en la espalda en honor a su amigo, Diego Maradona.

“Al otro día me llamaron desde la organización del evento santiagueño para que hiciera una moto para el italiano. Me pidieron que sea un homenaje. Debía ser una dos ruedas que representara esa final ganada. Me decían que no sabían si volvería a correr en nuestro país. Querían ofrendarle algo especial”, dijo Patxi Otaño.    

“Automáticamente comencé a construirla. Me llevó un año hacerla y en 2016, el día viernes antes de la carrera, se la regalamos a Valentino y él la donó para el museo”, acotó el restaurador rosarino que tiene su quirófano tuerca en Funes.

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"Me pidieron que se marcara como muy musculosa, y por eso hicimos un asiento chico", dijo Patxi.

“Las exigencias fueron muchas. Querían un motor Yamaha de cuatro cilindros, que además sea modelo 1979 porque era el año del nacimiento de Rossi. A la vez me pidieron que no fuera aguatera. Tampoco querían piezas de plásticos. Fue muy difícil hacerla”, remarcó Otaño en charla con Motores.

Y agregó: “Usamos un cuadro más viejo e hicimos un rejunte de fierros porque me pidieron que se marcara como muy musculosa, y por eso hicimos un asiento chico. No fue una labor sencilla. Nos llevó un año en hacerla, mientras que en ese lapso vinieron un par de veces a supervisar el trabajo”.

Patxi comentó que “tuve el honor y la suerte de entregársela en manos. Valentino la miró y me dijo que le encantaba. Luego se la donó al Museo de Termas, que dicho sea de paso tiene muchas motos que salieron de mi taller”. El ex piloto además relató que “en ese momento lleve un numero 46 como el que hice para su moto para que me lo firmara así lo tenía de recuerdo, pero me lo pidió para llevárselo”.

“Recuerdo que meses después vi a Valentino Rossi en una carrera en Europa y hablamos del momento vivido en Termas, y se acordaba perfectamente de la moto. Fue un placer haberla hecho porque es mi ídolo junto a Senna y Robby Gordon (expiloto dakariano y exIndy)”, cerró emocionado Otaño.

Un verdadero todoterreno

Su foja se servicio es llamativa. Está cargada de vértigo y adrenalina. Patxi corrió en Superbike junto a Daniel Marrocchi. También lo hizo en enduro, cross y rally. A eso hay que sumarle que luego fue piloto, copiloto y asistente de Dakar. Sí, tiene cinco competenicas dakarianas en su currículum: dos como piloto, dos como navegante con Marrocchi y uno de asistente. A eso hay que agregarle que fue subcampeón de turismo y piloto de rally.