Luego del conflicto por el Alfa Romeo Milano y el Fiat Topolino, el gobierno de Italia centra nuevamente de lleno su ira contra el grupo Stellantis: ahora le hará cambiar un pequeño detalle en el nuevo FIAT 600e.
Domingo 09 de Junio de 2024
Salió a la luz una nueva saga de lo que promete ser la película del año. Italia no anda con vueltas en la industria automovilística. Hace poco tiempo, Alfa Romeo había bautizado Milano al SUV del segmento B, que además se erigió en el primer eléctrico de la terminal. Pero debió cambiarlo a Junior por ir, supuestamente, contra una ley italiana. Luego pasó algo similiar con Fiat Topolino. Y ahora llegó a las pantallas de todo el mundo un nuevo round entre el gobierno de la pensínula y el grupo Stelllantis, quien deberá ver cómo resuelve un leve detalle en el nuevo FIAT 600e. ¿Cuál es el problema? El flamante auto eléctrico tiene sobre el paragolpe trasero la bandera tricolor sobre el número. Y como las autoridades gubernamentales ya dejaron sentado que lo que no se fabrique en casa no será reconocido como una marca propia. Por lo tanto, la empresa internacional deberá retirar ese estético diseño a la inmediatez “para no intentar engañar a los clientes”.
De no creer que realmente sea un tema que puede generar un gran caos en corto plazo. El grupo Stellantis tendrá que cambiar un pequeño detalle de su último eléctrico para cumplir las normas italianas. Lo cierto es que la escala de tensión entre la cúpula gubernamental y el sector privado sigue en ascenso.
La última disputa tiene como foco principal un minúsculo detalle de diseño del FIAT 600e, que se fabrica en Polonia. La realidad marca que la automotriz deberá borrar la bandera italiana del paragolpe trasero si no quiere tener problemas con la ley.
¿Por qué tanto problema con este tema? Es el FIAT 600e no puede ser considerado como un coche italiano porque se hace afuera, a pesar de que la inversión, el trabajo de desarrollo y el diseño procedan de Turín. Fiat tomó la decisión de forma particular para así «mantener una completa transparencia y con el fin de evitar más malentendidos». A pesar de ello, el capo de Stellantis, Carlos Tavares, no ceja en su empeño de enfrentarse al Gobierno de Meloni.
Pasado reciente
Cabe recordar que hace unos meses el Gobierno italiano, presidido por Georgia Meloni, inició una etapa de gran tensión contra el conglomerado dirigido por el portugués Tavares, uno de los directivos más severos de toda la industria mundial.
El grupo holandés tiene muchos intereses comerciales en el país transalpino. Marcas como Fiat, Lancia o Alfa Romeo son parte de la historia de Italia, y los italianos las defienden a capa y espada. Sin embargo, es imposible obviar los intereses económicos que separan a ambos contendientes.
El cuadro de situación es el siguiente. Italia quiere que Stellantis aumente su inversión en el país. Mientras que la automotriz busca que el el gobierno de Meloni aumente las ayudas y las subvenciones a la industria. Es una puja de intereses, donde en el medio quedan mal parados los obreros.
Pero esta no es la primera vez que estos protagonistas generan un cortocircuito. Motores certificó hace unas semanas que estos dos peso pesados no se llevan bien. Ahora hay un nuevo round. Stellantis avisó que puede cerrar fábricas italianas si el Gobierno no depone sus políticas. Cada cual tiene sus argumentos para plantarse en el ring con manos firmes. Lejos de llegar a un entendimiento, la empresa privada e Italia siguen ascendiendo una peligrosa escalera de confrontaciones.
La primera de ellas tuvo lugar hace unos meses con el lanzamiento del Alfa Romeo Milano. Ni bien salió a la luz el auto, el Gobierno de Meloni obligó a la terminal a cambiar el nombre porque “no cumplía con una vieja ley nacional. La normativa exige que todo aquel producto que no se fabrique en el país no puede incluir ni emblemas nacionales ni nombres locales para así no intentar engañar a los clientes. Es decir, no se pueden hacer referencias a Italia en un producto que no sea italiano”, expresaron desde la esfera política. Por eso pasó a llamarse Milano a Junior. Fue una locura porque el vehículo había sido presentado oficialmente con un nombre, y salió a la calle con otro.
Otro caso similar data con el vivido con el Fiat Topolino, que se fabrica en Marruecos. El pequeño eléctrico tuvo que borrar de su pequeña y plasticosa carrocería toda referencia existente al país italiano. Cabe destacar que a modo de tributo, el hermano más divertido y diferente del Citroën AMI, contaba con la bandera nacional en su chasis. Es más, la postura agresiva del Gobierno provocó la incautación de 134 vehículos procedentes de Africa. La Policía financiera del país italiano los confiscó la semana pasada y aún no los liberó.
Luego llegó otro golpe. Stellantis había anunciado que el Fiat Panda, uno de los autos más queridos por los italianos, ya no se fabricará en la planta de Pomigliano D’arco, Nápoles. Su nuevo origen estará fijado en Serbia y por lo tanto cambiará su nombre a Pandina. Fue un duro golpe para la soberanía industrial italiana.
Ahora surge este conflicto con el flamante Fiat 600e, que tiene un detalle estético en su paragolpe trasero: lleva una delgada línea tricolor sobre el número. El Gobierno de Meloni lo vio, tomó nota y determinó que ese detalle no será permitido porque se fabrica en Polonia. Y ya avisó que “todo aquel producto que no se realice en el país no puede incluir ni emblemas nacionales ni nombres locales para así no intentar engañar a los clientes”.
Está claro que ninguna de las dos partes del conflicto parece hacer lo mínimo necesario para corregir el rumbo. Es más, no sería extraño que Italia vea comprometida su producción. Eso debería en que plantas como las de Mirafiori pueden perder mucho trabajo, lo que a su vez podría suponer el despido de miles de trabajadores por aferrarse a una vieja ley. Mientras que Stellantis mira este nuevo conflicto con resignación y cierto deseo de dar el portazo final en la península.