El Toretto rosarino que colecciona autos de Rápidos y Furiosos

Juan Pablo Stura es un gran admirador de la saga Rápidos y Furiosos. “Tengo casi 180 autitos a escala y dos Honda Civic, uno igualito al de la serie”, le dijo a La Capital.

Jueves 05 de Septiembre de 2024

Transita por el especial universo del coleccionismo con cierta pasión y emoción. Juan Pablo Stura forjó con el paso del tiempo un maravilloso tesoro. Le abrió las puertas de su hogar a Motores para exhibir con orgullo su obra, que brilla en el living. No son vehículos tradicionales. Destilan adrenalina y velocidad en la saga cinematográfica tan emblemática de Rápidos y Furiosos.

“Sí, soy un fanático de estos autitos de la película”, relata este comerciante de 46 años, que además convirtió su fervor por la franquicia en un impresionante legado: 180 vehículos a escala que rinden homenaje a algunas de las escenas más icónicas del cine de acción. Pero hay más. “También tengo para uso personal dos Honda Civic, de los cuales a uno lo hice igualito al de la serie”, destaca con una sonrisa antes de dialogar a fondo sobre su fanatismo.

Juan Pablo arrancó su aventura como coleccionista hace varios años. También es verdad que habla con palabras claras mientras parece ser que cada auto cuenta una historia detrás del cristal que lo separa de sus manos.

Claro que este comerciante de autopartes, que además tiene en las exposiciones de autos un stand específico con productos de Rápidos y Furiosos que denominó “papogarage”, tiene una devoción por los Honda Civic, quizás uno de los autos más representativos de la saga.

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"Tengo una colección de casi 180 autitos a escala", afirmó Juan Pablo.

Incluso, Juan Pablo personalizó su auto negro japonés de manera que refleja los detalles del vehículo de la primera película, incluyendo una baja altura, luces verdes y el característico casco tipo motocross. Demás está remarcar que llama la atención con esta belleza de cuatro ruedas cuando transita por la ciudad.

La historia de este comerciante, y padre de Benjamín, es como una especie de homenaje al legado que ya dejó Rápidos y Furiosos en muchas personas. Eligió a Motores para contar cómo fue su inicio y qué objetivos tiene a futuro.

—¿Cómo nació este fanatismo tan radical por Rápidos y Furiosos?

—En el año 2001, con la primera película que se estrenó. También debo reconocer que ya había modificado mi primer auto, que fue un Ford Sierra, pero cuando salió esta saga lo pinté de naranja. De ahí en adelante empecé a reformar todo, incluso después me compré la primer coupé Civic y no paré más.

—¿Lo hacías para rendirle una especie de tributo?

—En realidad siempre me gustó el tema de la modificación de autos. Y cuando salió la película, que era una época donde no todos tenían acceso tan simple a la internet como en la actualidad, fue como un boom...un mirá qué loco todo. Me gustó siempre este tema, de hecho siempre compraba en el centro las revistas importadas que venían de autos. Aunque esta película fue como que le dio un impulso grande a toda esa movida, por lo cual también se potenció mi pasión.

—¿Desde esa fecha es que no paraste más de comprar autos de colección?

—No, aflojé cuando me casé y nació mi nene. Ahí dejé de gastar un poco de plata en la modificación de los autos (risas). Es como en esa época tenía vehículos más normales. Incluso en 2010 vendí la Honda coupé y me compré un cuatro puertas. Después de que me separé reinicié todo esto y no paré más. Lo que se lleva adentro no se puede dejar por siempre.

—¿Y cómo surgió arrancar con la colección, ya que un tema es restaurar autos y otra comprar vehículos a escala en el exterior porque en nuestro país nunca se consigue todo?

—Es verdad, son cosas diferentes. Lo de la colección comenzó cuando ni nene era chiquito porque ya tenía algunos autitos. Es más, cuando me fui de Luna de Miel a Estados Unidos me traje un par de vehículos, pero luego se los di a mi hijo, y los desarmó, por lo cual opté por restaurarlos a todos y venderlos sin dudar. Así y todo, siempre me quedó la espina de volver a tener autos de colección, como la coupé Civic. Recuerdo que en 2015 volví a Estados Unidos y no dudé en comprarme varios autitos. Sobre todo por el precio. Y bueno, después me fanaticé con la película y con querer tener todos los de la saga. Ahí ya se desmadró todo, ja.

—¿Cuántos tenés ahora en distintas escalas?

—Cerca de 180 autitos. No los tengo todos exhibidos, pero la colección es importante.

—Se ve que tenés todos los autos ordenados a medida que fueron saliendo las diferentes películas.

 —Es verdad. Sólo los que vieron las películas o son fanáticos se dan cuenta de eso. Esto es para entendidos, o locos (risas).

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"Soy fanático de la Civic coupé, por eso la reformé como en la película", afirmó Stura.

—¿Tenés algún auto favorito, ya que Toretto (Vin Diesel) arrancó con la banda de los Honda manejando un Civic negro, pero terminó identificado con un Challenger RT?

—Mi favorita, porque soy fanático de Honda, es la Civic coupé. Pero obviamente los más icónicos y que me gustan son los de la primera película como la Supra, la Eclipse, las S2000 y la chata roja de Brian (Ford 150), que también tengo como proyecto, entre otros vehículos destacados.

—¿Querés armar una F150? ¿Hay en Rosario?

—Ya la compré. La busqué y conseguí en Córdoba. Era blanca, pero la hice pintar de rojo por la película. La usé dos meses y me explotó el motor, aunque la estoy reparando. La idea es tenerla y llevar la mercadería a las exposiciones ahí para no cargar todo dentro del auto.

—¿Y qué vendés además de autos a escala de Rápidos y Furiosos?

—Remeras, licencias de conducir de Toretto y Brian. Es más, el otro día fui a una exposición y las vendí a todas. También cadenita con la cruz, patentes, tengo de todo.

—¿Al haber tantas películas debés volverte loco buscando autos porque en cada entrega aparece un nuevo vehículo?

—Claro, es más, a veces digo «paren de sacar películas así terminan de salir auto porque no termino más de comprar»

¿Sos fanático de las películas además?

—No tanto. Sí de los autos que están las sagas. Igual no soy desbocado porque colecciono ciertos vehículos, no soy de tener todos los modelos. Por ejemplo, no tengo los camiones ni buggys. Ni el Chevrolet Fleetline (se usó en el inicio de la octava entrega, cuyo film inicia en Cuba y el auto se termina prendiendo fuego y cayendo al mar tras una carrera) porque no me gusta.

—¿Pudiste ir a Universal, que en 2018 armó un juego específico?

—Sí, y está muy bueno. Fuimos en 2021 con mi hijo y subimos como seis veces.

—También tenés productos de Transformer, ¿visitaste el parque temático?

—Así es. Pasa que mi nene es fanático de Transformer y el Hombre Araña, por lo cual habremos subido como ocho veces a cada uno de los juegos en Orlando.

—¿Y qué auto te costó encontrar más de todos los modelos que tenés?

—En realidad, hay uno que todavía no lo consigo en la escala 1.18. Es un Honda S2000 (es el auto que maneja Jonny contra Jesse). Tampoco voy a pagar una fortuna si lo veo o me lo ofrecen.

—¿Hay muchos coleccionistas como vos en la ciudad?

—Hay, no sé cuántos, pero hay. Lo que sí, no sé si otros coleccionan los autos de Rápidos y Furiosos. Pero sé de gente que tienen todo tipo de Hot Wheels, o diferentes modelos de Fórmula 1 o Ferrari.

—¿Qué sentís cuando hablás de estos temas con otras personas, ya que es un idioma especial, es para fanáticos?

—Me emociona. O se me empieza a trabar la voz como ahora. Se me vienen cosas a la cabeza y sólo quienes comprenden de este tema puede entenderlo. Es como que un heavy se cruce con otro heavy.

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Los autitos están ordenados según fueron saliendo las películas de Rápidos y Furiosos.

—Tenés un tesoro más que una colección. ¿Qué sentís o en quién pensás cuando ves un autito exhibido o hablás de estos tema?

—Me emociono, como ahora, porque pienso en mi papá, Enrique. Pasa que con mi viejo compartimos muchas cosas. Y no es que me inculcó y por eso me hice fanático de estas cosas. Todo lo contrario. Él me acompañó y luego lo disfrutó. Gracias a Dios, a mi hijo le gusta esta movida pese a que es chico, pero es hermoso porque sé que vamos a disfrutar juntos durante muchos años. En cambio, con mi padre nos reencontramos en este palo cuando él era mayor...así y todo hicimos cosas juntos hermosas que están y estarán siempre presente en mi corazón y memoria. Lo perdí en pandemia, pero lo tengo siempre presente en mi mente.

—¿Coincidís que cada película de Rápidos y Furiosos tienen un mensaje y partes especiales. De hecho, cuando falleció el actor Paul Walker (Brian en la saga), su hermano hizo su doble en el final de una entrega?

—Totalmente. Incluso ese año que Walker murió fuimos con mi papá a California y visitamos la esquina donde perdió la vida tras el accidente automovilístico, además de las veces que lloré con esa película.

—¿Te miran mucho cuando salís con la coupé Civic, que encima está ploteada con la inscripción de Rápidos y Furiosos?

—Uf, sí. Esa coupé la armé tal cual está en la película. Hasta las luces verdes tiene por debajo. Incluso tengo un casco como el que usaban en las películas. Realmente disfruto de esto y me gusta que la gente veo el auto. Me pasa cuando voy a las exposiciones y por la calle. Disfrutamos todos.

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Esre es el embleático Challenger RT que tanto indentifica a Toretto en Rápidos y Furiosos.

—¿Tenés otros proyectos?

—Sí, con autos de verdad. Pero por ahora quiero disfrutar de esta colección de autitos, que ya me lleva bastante tiempo. Aunque más adelante seguramente volveré a tener una Ford Sierra XR4. Mi nene también mira a futuro y me pide de armar un auto. Son proyectos que solamente Dios sabe si lo vamos a poder hacer.

—¿Cómo te definís?

—Como un tipo sencillo que trata de cumplir sus sueños.