OPINION

Morir en tiempos de coronavirus

Jueves 13 de Agosto de 2020

Anoche murió un vecino. Me lo contó recién otra persona que vive en el barrio. Eran amigos desde siempre. La última vez que se vieron fue hace tres días, antes de que Ricardo entrara al quirófano para una cirugía del corazón.

Ricardo se descompuso a mediados de junio. Lo internaron y le diagnosticaron problemas coronarios. Debían intervenirlo dos veces. La primera fue bien. Unas horas después de salir de la sala de operaciones en la segunda su corazón dejó de latir.

Antes de la cirugía sus familiares directos fueron a donar sangre. No saben dónde, pero se contagiaron con el virus Covid-19. Todos están aislados.

Ricardo había sido imprentero. Desde que se jubiló era habitual verlo sentado en la vereda de la casa. Era un tipo serio y adusto. Hablaba siempre en voz baja. Antes de que lo operaran anticipó el pago de algunos servicios, como el garage donde guardaba el auto. "Por si me pasa algo", dijo cuando lo hizo. No quería dejar deudas ni problemas a los hijos.

La segunda cirugía estaba programada para la semana pasada. Le hicieron el hisopado para saber si tenía coronavirus, pero el resultado no estuvo a tiempo y la reprogramaron para este martes. "Tengo un cagazo bárbaro y la espera me carcome la cabeza", me dijo el fin de semana cuando paseaba a mis perros y pasé por el frente de su casa. No hacía falta que lo dijera: el susto se le veía en la mirada.

El cuerpo de Ricardo sigue en el sanatorio. Los familiares no pueden ocuparse de los trámites para su sepultura. Sus amigos y vecinos nos preguntamos quién lo hará. No sabemos. En el barrio la tristeza se percibe en el aire.

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