La Región

"Mis hijos fueron el motor que me dio fuerzas para seguir adelante"

Rodolfo Ferrero, el joven padre que recibió médula ósea de su hijo Alejo, sigue el tratamiento de su leucemia pero su evolución es muy favorable. Ya está en su casa de Puerto San Martín.

Domingo 07 de Enero de 2018

"Mis hijos fueron el motor que me dio fuerzas para seguir adelante". Rodolfo Ferrero lo dice sentado en el comedor de su casa, en Puerto General San Martín. Al lado suyo están Nahuel "el terrible", de cuatro años, y Alejo, de ocho, quien se hizo famoso al donarle a su padre médula ósea y salvarle literalmente la vida. Ahora, Rodolfo se sigue atendiendo en Rosario y sólo una vez cada mes y medio o dos meses tiene que viajar a Buenos Aires, para controlarse en la clínica del Sagrado Corazón, donde se hizo el trasplante.

Rodolfo comienza una nueva etapa de un largo derrotero. En 2015, cuando le diagnosticaron una leucemia, el primer tratamiento fue relativamente exitoso, y la enfermedad se retrajo. Tan así fue que el joven padre volvió a trabajar.

Pero en 2017 tuvo una fuerte recaída en su enfermedad, y el trasplante de médula ósea se convirtió en la única salida. El año anterior, los estudios de histocompatibilidad habían dado que su hijo mayor, entonces de apenas seis años, era el que estaba más en condiciones de donar.


El procedimiento

Cuando el año pasado el padre se vio entre la vida y la muerte, el niño ya tenía ocho años. El jueves 20 de julio, Alejo partió a Buenos Aires a cumplir con el procedimiento de extracción de células madres hematopoyéticas, a cargo de un equipo de profesionales dirigido por Miguel Sorrentino, jefe de la unidad de trasplantes de médula de la Clínica del Sagrado Corazón, dependiente de Osecac.

La intervención fue por demás de inusual, ya que lo habitual es que sean una madre o padre quienes se convierten en donantes para su hijo, o una donación entre hermanos, pero de hijo a padre o madre es realmente infrecuente, y menos de un donante tan joven.

En este caso no se requirió la autorización de un juez, ya que la ley de trasplante de órganos y tejidos establece que, cuando el menor es familiar, se puede realizar con la autorización de los padres y del propio donante, previa evaluación del equipo profesional que lo llevará adelante

El procedimiento duró tres horas, y el mismo día Alejo recibió el alta médica. No sabía que al volver, sería recibido en su ciudad como un héroe, por su familia, por sus compañeritos y hasta por las autoridades.


"Fue muy chocante"

Hoy, con 28 años, Rodolfo lo recuerda así: "Fue muy chocante saber que Alejo iba a tener que pasar por todo eso. No me gustan los pinchazos y no toleraba pensar que mi tendría que tolerarlos. En un principio me negué, no quería saber nada, hasta que en un momento supe que era eso o me iba".

Más que suya, la decisión terminó siendo de Silvana, la mamá de los niños, que dio el consentimiento para la intervención, lo que acabó convenciendo también al papá. "Tuve mucho miedo el día que se internó, miedo por él, incertidumbre por lo que podía pasar" , rememora Rodolfo. "Cuando mi madre me dijo que al chico le dolía el cuello, me desesperé, pero lo más fuerte era la impotencia, porque lo importante era que no le pasara nada", cuenta.


Regreso con gloria

A su lado, Alejo juega con recortes de papel. Se recuperó completamente y goza de las mieles de la fama local. "Todos me felicitaron, el intendente (Carlos De Grandis) me regaló unas zapatillas, y también me regalaron una caja con sosas para pintar, pero mi hermano las perdió todas. Es terrible", dice con sencillez.

El papá se levanta y trae el diploma que le otorgó al niño el Concejo Municipal de Puerto San Martín. "Declárase ciudadano destacado a Alejo Esteban Ferrero Alvarez, por su acto de valentía y generosidad al contribuir con su propio cuerpo al procedimiento médico necesario para la donación de médula ósea a su padre Rodolfo Ferrero", dice el reconocimiento oficial. "Se lo regalé a mi papá", se apura a decir el chico, y Rodolfo se hincha de orgullo.

Por la casa va y viene Elida, la abuela paterna de los chicos. "Es un sol", dice de su nieto mayor, "no sólo por lo que hizo, es un sol él mismo". Afuera, la mamá de los niños trata de sacar a Nahuel para que no haga travesuras, mientras que el joven Tomi y Delfi, una ancianita de 16 años, miran la escena desde abajo, sobre sus cuatro patas.


Futuro laboral

El 2 de febrero Alejo cumple 9 años. Quiere festejarlos en la Casona de Titín, propiedad de alguien de la familia. Y quiere hacerlo "a la noche, como la tía Agus cuando festejó los 15". También sueña con ir a Brasil. Y lo revela con inocencia, ajeno a que el salario de este mes es el último que va a cobrar el papá. "A partir de ahora me corresponde una licencia sin goce de sueldo por un año más, pero ya me dijeron que, cuando esté en condiciones de reintegrarme, ya no lo voy a hacer en la empresa", lamenta Rodolfo, que prestó servicios en una firma dedicada a la venta de materiales de construcción.

Ese es el otro problema que lo desvela. Sabe que lo primero es la salud, pero que después hay otra lucha por la subsistencia. "Necesito curarme y volver a trabajar, porque uno se las puede arreglar, pero ellos no", dice mirando de reojo a los chicos. "Tengo mucha gente que me apoyó, pero no me gusta andar pidiendo. Quiero mantenerme con mi propio esfuerzo", remata.

Es de esperar que no le falten oportunidades. Además de juventud y de un Alejo que "nunca tuvo miedo", es padre de dos hijos que fueron "el motor" que le permitió "seguir adelante".

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