Miradas

La bicicleta de Johnny

La usaba para ir desde su casa hasta su trabajo. Ya no la tiene: se la robó un ladrón disfrazado de víctima.

Viernes 21 de Agosto de 2020

Johnny corre detrás de una bicicleta. Cien metros, doscientos, un poco más. El ciclista dobla en una esquina y ve a un hombre que pasea al perro. Grita: “Es un choro, me quiere afanar”. El hombre del perro mira a Johnny, también grita (“Choro hijo de puta, andá a laburar”) y se desentiende, entretenido con su labrador con pedigree.

Pasa una mujer y al contemplar la escena camina con paso más acelerado y la mirada apuntando al suelo. Se nota que no quiere ver lo que pasa. Su lenguaje corporal es claro: tiene miedo.

Más adelante hay otro hombre que descarga algo de una camioneta. “Es un choro, llamá al 911”, le dice el que va montado en la bicicleta. El hombre le repite a Johnny el reproche casi calcado del anterior: “Andá a laburar, choro de mierda”.

La bicicleta comienza a alejarse y Johnny ya no puede correr: le falta el aire y sus piernas sucumben. Llevaba horas trabajando cuando tuvo que empezar a correr después de que le apoyaran un cuchillo en la garganta. El tipo al que intenta alcanzar vuelve a doblar en la siguiente esquina y desaparece de su vista.

Ahora solo ve la mirada de desprecio del hombre que descarga cajas y las mete en un garage. Sus pulmones buscan oxígeno de donde sea. Se detiene, se agacha y apoya las manos sobre las rodillas: “¿No ves que el choro es él?”, le dice casi con el último aliento. El hombre de las cajas lo mira con indiferencia y baja la última antes de meterse en una casa y dar un portazo.

* * *

Johnny vive en una casa humilde de Villa Moreno. Tiene pareja y una nena pequeña. Trabaja limpiando colectivos en la punta de línea de una empresa del transporte urbano. En los últimos meses no siempre le pagan en fecha, secuela de la crisis por la pandemia y de las huelgas de los choferes. En julio, con el paro de un mes, hubo días en los que comió una sola vez. “¿Sabés cuántas veces me fui a dormir con una tasa de matecocido?”, dice. La poca plata que ingresaba tenía otra prioridad: comprar la leche para la nena.

La bicicleta la usaba para ir desde su casa hasta el lugar donde trabaja. Ya no la tiene: se la robó un ladrón disfrazado de víctima.

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