Aborto Legal

Una agenda que vino para quedarse

La ampliación de derechos para las mujeres no es un fenómeno pasajero. Los senadores definen si se avanza o se retrocede a nivel legislativo, pero la sociedad ya decidió.

Domingo 05 de Agosto de 2018

Hace un año la suba del dólar y la inflación copaban la agenda pública argentina. Y aunque siguen siendo un tema importante, en este contexto nadie pensaba que había lugar para discutir el aborto legal en el país. El tema no estaba en la agenda política de casi ningún partido y apenas se colaba de manera marginal en los grandes medios de comunicación. En el interín, pasó de todo. Y un tema que muchos calificaron de superficial o no urgente para las eternas necesidades de los argentinos, creció y se multiplicó hasta meterse en los horarios pico de la TV, en los almuerzos de Mirtha Legrand, en cada aula universitaria, en los medios, en los teatros, en los bolsos y las mochilas adornados con el pañuelo verde y, por supuesto, en cada familia.

Más cerca en el tiempo, hace apenas 6 semanas, la Cámara de Diputados le dio media sanción al proyecto de ley que le otorga derecho a las mujeres de Argentina de acceder a un aborto seguro y gratuito cuando esa es su decisión. El viernes 15 de junio a media mañana, después de una deliberación que duró casi un día entero y que puso en escena lo mejor y lo peor de la política argentina, una mayoría muy ajustada de diputados (129 votos a 125) aprobó el proyecto con apoyos que vinieron de todas las bancadas políticas. Ahora, le toca la responsabilidad de ratificar esa ampliación de derechos al Senado. En tres días decidirá si convierte en ley la iniciativa o la rechaza.

Ya sin chances de un proyecto modificado —al no haber podido reunir la mayoría necesaria en el momento de consensuar los dictámenes el miércoles pasado— la sesión en la Cámara Alta será a todo o nada.

La decisión del presidente Mauricio Macri de habilitar el debate (¿fue querida o no? ¿Fue pergeñada como una bomba de humo para no hablar de la crisis económica, o fue fruto de una decisión pensada?) destapó una olla que venía cocinándose desde hacía años y que ya había mostrado la amplitud de su fuerza con las movilizaciones #NiUnaMenos. Con ese antecedente cercano la movilización social a favor del aborto legal fue contundente y masiva, y terminó llevándose puestas a las instituciones, en el mejor sentido.

En pocas semanas todo se aceleró: uno de los reclamos históricos del movimiento de mujeres encontró asidero y respaldo en franjas cada vez más importantes de la sociedad con los jóvenes a la cabeza y un argumento inapelable que se repitió hasta el cansancio pero que resume de manera perfecta lo que se debate: el aborto existe y seguirá existiendo, y las opciones son que sea legal o siga siendo una práctica clandestina.

La enorme movilización verde que acompañó la media sanción (un millón de personas sólo en Capital Federal) fue la expresión cabal de algo que se venía gestando y que creció desde abajo hacia arriba. Muchos políticos lo entendieron y revisaron sus posturas, otros no.

¿Cómo pudo un tema que parecía borrado convertirse en el gran debate nacional? Porque no estaba borrado, estaba escondido. Y porque el debate sobre el aborto (como pasa con el lenguaje inclusivo) no es ni una moda, ni es superficial, ni es poco urgente: refleja un cambio social en curso que tiene que ver, en Argentina y en todo el mundo, con el reclamo de las mujeres por sus derechos, entre los cuales el derecho a decidir sobre su propio cuerpo es tal vez el más elemental y primario.

Aún así, el espaldarazo fenomenal que significó la aprobación en Diputados del proyecto que la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito que desde hace 8 años se presentaba sin ni siquiera llegar a comisiones (la primera instancia del debate parlamentario) no alcanza para garantizar que los senadores harán lo propio.

Como pasó en la Cámara baja, el escenario previo a la votación es de fuerte paridad. Aunque con una leve ventaja a favor de los "pañuelos celestes" por el momento (contrarios a la ampliación de derechos).

Del lado de los "verdes" se intentó hasta último momento aumentar las alianzas y llegar a un proyecto con modificaciones que sumara voluntades de algunos políticos que se mostraban indecisos. Eso incluía darle aire a lo que se denominó la "opción Córdoba" ya que fue una iniciativa surgida desde esa provincia: se trataba de "suavizar" el proyecto original aceptando la objeción de conciencia institucional y recortando de 14 a 12 semanas el plazo en la que una mujer puede abortar legalmente. Pero ese intento murió en las comisiones, que no lograron avalar con las firmas que eran necesarias la posibilidad de tratar ese proyecto el próximo 8 de agosto. A pesar de que el escenario al día de hoy es más cercano a un no que a un sí, en los días que vienen la política desplegará su núcleo duro de estrategias ejerciendo al máximo el arte de la negociación y el lobby para lograr un objetivo común, algo que existe desde la polis de la Grecia antigua.

¿El presidente Macri o alguno de los superministros moverá alguna ficha para poder avanzar en un terreno que, por voluntad o necesidad, el propio gobierno abonó?

Pocos actores institucionales pensaron que el debate iba a llegar tan lejos y que el derecho al aborto iba a estar tan cerca de ser aprobado en un país donde siempre se repitió como una muletilla que "la sociedad no estaba preparada para eso" y que, como si fuera poco, proveyó al primer Papa latinoamericano de la historia.

Si la sanción en Diputados fue una sorpresa para los sectores más conservadores, con la Iglesia Católica a la cabeza, las semanas que separaron esa votación de la que tendrá lugar en la Cámara alta mostraron un escenario diferente al que antecedió a la primera votación: la Iglesia movilizó, presionó, solicitó y convocó al voto "por las dos vidas" con una virulencia que no se había manifestado de igual manera cuando la legalización del aborto todavía era percibido como no representativo de una mayoría social.

La votación en Senadores tiene algunas similitudes con la de Diputados, y algunas diferencias también. Como pasó hace un mes y medio los porotos se cuentan de a uno y el escenario es de fuerte paridad, aunque con un leve ventaja a favor de los pañuelos celestes. Igual que antes de la primera votación.

También se repite (como en Diputados) una característica que parecía eliminada en la Argentina de la grieta: el voto transversal. En este caso la filiación partidaria no es la única que sirve para explicar el voto, que parece mucho más teñido por el origen territorial o las remanidas creencias personales de los legisladores, que por su pertenencia a un determinado grupo político.

De todas formas, en la previa existen algunos rasgos preponderantes del voto pro o anti aborto legal en la Cámara alta que repiten el patrón de lo visto y registrado en Diputados. Primero: la iniciativa encuentra más adherentes entre los senadores surgidos del peronismo en sus mil variantes que en Cambiemos. Segundo: la gran mayoría de las provincias del sur (Tierra del Fuego, Río Negro, Chubut) del país votan a favor, mientras que la mayoría de los legisladores del norte (Santiago del Estero, San Juan, Salta) lo hacen en contra.

Otra particularidad es que la mayoría de los representantes del distrito más rico y posmoderno del país, Capital Federal, votarán contra un derecho que ya existe desde hace décadas en los países socialmente más avanzados del mundo.

El voto santafesino tiene hasta el cierre de esta edición dos certezas y una incógnita: la senadora justicialista María de los Angeles Sacnun dijo desde un primer momento que estaba a favor del derecho a decidir, y así lo validará con su voto. Carlos Reutemann, dos veces gobernador de la provincia también por el justicialismo, mantuvo silencio durante el debate en Diputados hasta que hace pocos días atrás adelantó que votará en contra de la iniciativa. La llave del voto santafesino queda entonces en manos del rafaelino Omar Perotti, quien hace equilibrio entre su origen territorial, sus convicciones personales y sus aspiraciones políticas de candidatearse como gobernador el año que viene. Está previsto que presente un proyecto que tiene más retrocesos que otra cosa respecto del que salió de Diputados.

En este escenario votar en contra de la ampliación de derechos puede significar una pérdida de votos importante sobre todo entre el electorado más joven de cara a las próximas elecciones.

Acá se juega un movimiento social vigoroso a favor de la ampliación de derechos, a tono con el siglo XXI, y un Senado que tiene la oportunidad de sacarse las telarañas y dejar atrás definitivamente el siglo XIX.

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