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Un rosarino que busca lo más alto

Juan Pablo Sarjanovich intentará hacer pico junto en el Broad Peak, la 12ª montaña más alta de la tierra. En 20 años ya logró otras proezas.

Domingo 03 de Junio de 2018

La montaña se llama Broad Peak. Tiene 8.051 metros y es uno de los denominados "ochomiles", los 14 picos que superan esa altura en el planeta. En algún momento entre el 16 de junio y el 25 de julio dos argentinos intentarán llegar hasta su cima y uno de ellos es rosarino. Se llama Juan Pablo Sarjanovich y, aunque es un montañista amateur, está a años luz de ser un improvisado: entre muchos otros logros, ya hizo tres expediciones al Himalaya y dos ascensos al Manaslu, la octava montaña más alta de la tierra. Allí hizo pico en 2016.

Sarjanovich, el único montañista santafesino y uno de los mejores del país, intentará la proeza junto al jujeño Sebastián Aldana. En estos días parten hacia Pakistán. El Broad Peak, la duodécima montaña más alta del globo, queda en la región del Baltistan, al noreste de ese conflictivo país asiático. El rosarino tiene pasaje de regreso desde Islamabad, la capital pakistaní, para el 5 de agosto.

Sarjanovich y Aldana se conocieron hace algún tiempo y llevan dos años entrenando para esta misión. En Argentina los montañistas no abundan y ellos son dos de los mejores. Sarjanovich dice de su compañero: "Es una gran persona y además logramos construir un vínculo muy interesante, algo que es indispensable para subir a montañas".

El intento que harán juntos tiene otros condimentos: además de depender de cuestiones meteorológicas, Sajarnovich y Aldana subirán al Broad Peak sin apoyo de otras expediciones y sin oxígeno adicional, lo que le dará más valor a la proeza en caso de que la consigan.

Sajarnovich tiene 40 años y su pasión por la montaña surgió cuando era chico. Es que su familia tenía una casa en Córdoba y cada vez que iban a pasar una temporada allí, subir a las sierras con otros chicos era una aventura diaria. Luego, con el paso de los años, una cuestión algo azarosa profundizaría su vocación por escalar grandes alturas. "Iba a la Gurruchaga y en segundo año el profesor de Educación Física nos llevó a Alpa Corral". Fue una experiencia inolvidable que a él lo marcó para siempre y terminó por darle forma a su nueva búsqueda: escalar, y cuanto más alto mejor.

Hoy ya tiene más de 20 años de experiencia en montaña y más de 50 ascensiones a grandes picos. Tomó varios cursos de montañismo, incluso en Europa, y él mismo está a punto de obtener el título de guía de montaña, lo que marcará otro hito en su carrera. Su formación, y sobre todo su experiencia, lo califican para escalar en roca, hielo y glaciares, entre otros terrenos difíciles. Además corre y hace senderismo y ya participó en competencias de esta disciplina en distintos lugares.

Entre sus muchos logros se destacan ascensiones al Aconcagua, el Ojos del Salado (el volcán más alto del mundo y el segundo pico más alto de América) Plata y el maciso de Ansilta. También hizo expediciones por los Andes chilenos (Atacama), la Cordillera Real de Bolivia, los volcanes de Arequipa y la Cordillera Blanca de Perú, volcanes de Ecuador y la sierra nevada del Cocuy, en Colombia. Y ascendió al Huayna Potosi, Cotopaxi, el Toclaraju, el Urus, el Ishinca, el Pisco y el Alpamayo, entre otros.

En Europa hizo ascensiones en Italia, Francia y España. Y en Asia, además de las tres expediciones que encaró al Himalaya, subió dos veces al Manaslu (8163 metros). La última, en 2016, hizo pico. Fue la segunda expedición argentina en la historia en llegar hasta ese sitio. Cuenta además con otro antecedente atípico: hizo el primer intento en la historia de llegar al pico virgen Sharpu IV (6433 metros) en Nepal, en abril 2017. No habría que descartar que vuelva a intentarlo.

"Hacer esto es para mí como una religión", dice Sarjanovich cuando se le pregunta por sus motivaciones y su búsqueda. "Algunos van a la iglesia, yo prefiero caminar por las montañas", añade. Y remata: "Estar en la montaña me sirve para encontrarme. Ahí estoy solo, sin teléfono, sin redes sociales, sin nada que me conecte con el mundo. Y entonces lo que hago es conectarme conmigo".

Una vez, cuando escaló el Manaslu, estuvo 37 días sin hablar con ningún otro ser humano. En otra ocasión, el único contacto que tuvo con Rosario fue una conversación telefónica de unos pocos minutos con su hermana porque otro montañista le prestó el teléfono. Cuando está escalando, a Sajarnich solo le interesa mirar para adentro y descubrirse. No compite con nada ni con nadie. Tiene objetivos y lo que busca es alcanzarlos.

"A mí la montaña siempre me devuelve algo", dice.

—¿Alguna vez se siente miedo, cuando se está a miles de metros de altura, rodeado de soledad y de peligros?

—Sí, se siente mucho miedo, pero cuando eso me pasa es como si la montaña me avisara que tengo que prestar más atención, estar más concentrado y cuidarme más. Mentiría si dijera que no siento miedo, pero no es algo que me paralice.

Algo que lo ayuda a enfrentarse a esos peligros es su dedicación y perseverancia, su apego a los entrenamientos, la concentración y la constancia. "Me perfecciono todo el tiempo, entreno, lo doy todo", cuenta. Aunque es amateur, lo hace todo como si fuera un auténtico profesional, alguien que vive del montañismo. De hecho, además de su trabajo (es productor y administrador agropecuario) le dedica mucho tiempo a la montaña y a prepararse para ella, a estudiar cada expedición, a planear nuevos ascensos. "Diría que un 60 por ciento de mi tiempo", grafica.

En unos días, cuando él y su compañero lleguen a Islamabad, empezará la verdadera aventura. Viajarán dos días en auto hacia el noreste de Pakistán, luego caminarán otros siete por el glaciar Baltoro (unos 100 kilómetros, calcula él) y finalmente llegarán a la base del Broad Peak. Entonces comenzarán a subir por tramos, sin guía y sin oxígeno, hasta los 5.000 metros, para ir adaptándose a la montaña.

Luego será tiempo de esperar. "Necesitamos una ventana de buen tiempo y todo dependerá de que la consigamos. Sabemos que hay probabilidades, pero las condiciones meteorológicas tranquilamente pueden hacer fracasar el objetivo". Por eso, dice, cuando estén a esa altura estarán mirando para arriba, esperando a que el cielo se abra y calculando el tiempo que necesitarán para hacer pico y volver a bajar hasta los 5.000 metros.

Sarjanovich vuelve sobre los motivos que lo empujan hacia las montañas. Habla de colegas míticos y cita una frase que sintetiza ese impulso: "Las montañas no son estadios donde satisfago mi ambición de logros, son las catedrales donde practico mi religión". Si se googlea, la frase sigue: "Yo voy a las montañas como las personas van a la oración. Desde sus majestuosas cimas veo mi pasado, sueño el futuro y con una inusual agudeza, experimento el momento presente. Mi visión se aclara, mis fuerzas se renuevan. En las montañas yo celebro la creación. En cada viaje nazco de nuevo". Está escrita en la lápida del kazajo Anatoli Bukreev, considerado uno de los mejores montañistas de la historia y fallecido mientras escalaba el macizo de Annapurna, en el Himalaya, en 1997. El rosarino se siente identificado con esa filosofía. En pocos días estará otra vez en su catedral, practicando su religión.

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